Chris Ware durante mi estancia hospitalaria

Jimmy Corrigan, el chico más listo del mundo de Chris Ware

Jimmy Corrigan, el chico más listo del mundo de Chris Ware

Me va a ser bastante difícil comentar esta obra. Es lo que ocurre cuando eliges libros que meten dedos en llagas en un momento de especial sensibilidad. Aunque yo no tenga esas mismas llagas, la empatía hace que duela cualquier cosa.

Ayer se me acercó una enfermera a tomarme la tensión mientras yo leía Jimmy Corrigan, el niño más listo del mundo, de Chris Ware.

ENFERMERA: ¡Pero qué cómic más bonito!

YO: Sí, la verdad es que es una maravilla.

(Paso páginas y le enseño, superficialmente, varias escenas)

ENFERMERA: Parecen dibujos antiguos, como si fueran los años cincuenta.

YO: Pues no sé, pero supongo que una ciudad americana debería de ser así, más o menos, hoy día.

(Señalo una viñeta)

ENFERMERA: Pero esos colores…

YO: Ahora que lo dices, a mí me recuerda un poquito a Hopper, y quizá por eso da esa sensación. No sé.

ENFERMERA: 12 – 7. Muy bien.

YO: Al menos puedo presumir de tener una buena tensión.

Transcribo –aproximadamente– nuestra conversación tratando de dar a entender la impresión que causa este objeto entre las manos. Desgraciadamente, no entiendo de técnicas y estilos de dibujo en el cómic, por eso solo puedo transmitir mi fascinación.

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Padres e hijos. Yo solamente soy hijo, pero conmigo uno tiene hijo como para pillar un empacho. Jimmy Corrigan, el niño más listo del mundo trata sobre padres e hijos. Trata, entre otras cosas, sobre cómo sobrevivir y no ser un pobre desgraciado cuando tu padre es un auténtico gilipollas y te ha tratado como el culo durante toda tu infancia, o sobre haber crecido sin padre y que por eso, en parte, no sepas ni dónde tienes la cara, o sobre lo difícil que puede llegar a ser sentarte con tu padre y hablar con él, por fin, de lo que te importa. He leído por ahí que esta obra es bastante autobiográfica; pobre Chris Ware si esto es así.

Como ven, estoy especialmente sensiblón, me emociono con nimiedades y cualquier conflicto me da pena; y eso que la familia –en todas sus variantes– es mi tema literario favorito y que siempre me lo he pasado pipa leyendo las putadas que unos familiares se hacen a otros. Será porque tantos días de hospital me tienen de capa caída. Por suerte, mi padre está pasando todos los días conmigo, semana tras semana, ayudándome en todo lo que le es humanamente posible. Mi padre es la antítesis de los personajes de Chris Ware. Eso hace este cómic más disfrutable y la estancia hospitalaria más llevadera.

Todo esto suena a consuelo. Esta reseña suena a consuelo. Por supuesto, esta obra es mucho más profunda, más compleja y más sólida de lo que soy capaz de mostrar con tanto balbuceo consolador. Les dije que me iba a resultar difícil. Al menos, lean el cómic, disfrútenlo y no presten demasiada atención a mis devaneos, por favor.

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