Agustín Gómez Arcos entra en mi vida

El cordero carnívoro, de Agustín Gómez Arcos

El cordero carnívoro, de Agustín Gómez Arcos

En un arrebato de estúpida coherencia, pensé en leer El libro negro de Orhan Pamuk durante mi viaje a Estambul. Por suerte, días antes de mi partida, llegó a mi buzón El cordero carnívoro, de Agustín Gómez Arcos, gracias a la premura de Diego Zaitegui, creador de Book Cake, una librería deslocalizada y omnipresente de la que un día de estos hablaré en un post, porque todavía no sé si Zaitegui es un librero o un personaje de ficción dentro de una novela metaliteraria. Llegó El cordero carnívoro, sin conocer absolutamente nada de Gómez Arcos, solo algunas palabras de Zaitegui, y ojeé las primeras páginas. Eso fue suficiente para convertirme instantáneamente en parte de su cadena trófica, aunque no sé muy bien si se es predador o presa de un libro.

Agustín Gómez Arcos es de Almería, como mi amadísima Elisa Calatrava, como Diego Zaitegui. Poco importa, pero me apetecía mencionarlo. De hecho, las palabras de Zaitegui sobre Gómez Arcos fueron estas: “Este tío era de Enix. Aunque se fue de allí pronto. En su pueblo le pusieron  su nombre a una calle por ser un escritor reconocido en Francia. Pero cuando se enteraron de lo que escribía hubo un movimiento popular con la intención de quitarle su nombre a esa calle”. Gómez Arcos era conocido en Francia porque se cansó de tanto franquismo y se exilió, no solo físicamente, sino que, además, cambio de lengua y escribió sus obras en francés. Cambió de idioma para escribir, como también hizo Samuel Beckett, por cierto.

¿Por qué se cabrearon los habitantes de Enix? ¿Por la crítica abierta a la religión y al fascismo o porque el libro tratara -entre otras muchas cosas-  de un incesto homosexual entre hermanos? El cordero carnívoro es una obra sobre la posguerra escrita por alguien que puede hablar de ella con honestidad; la dictadura se presenta como un marco literario y no como el mediocre género narrativo de hoy día.

Gómez Arcos era homosexual y, quizá porque soy horriblemente reduccionista y simplón, me recordó ya en las primeras páginas a otros dos escritores homosexuales. Por un lado, la madre del narrador protagonista podría haber sido escrita por Lorca, como si se tratase de una suerte de Bernarda Alba hiperconsciente. Claro, Zaitegui no va a estar de acuerdo en esto, y quizá tendremos que discutirlo largo y tendido. Podría desarrollar ahora esta idea, pero prefiero reservar mis fuerzas para pelearme con Zaitegui. Por otro lado, hay algo en la novela -y esto no sabía definirlo con precisión- que me trajo a la cabeza La ciudad de los cazadores tímidos, de Tom Spanbauer. No sé si es el lirismo, o la posición de mentor y protector del hermano mayor. No lo sé. Pero Spanbauer también está ahí, y que conste que La ciudad de los cazadores tímidos es una de mis novelas favoritas, tanto que la incluiría en un top five personalísimo.

Los habitantes de Enix podrán enfadarse todo lo que quieran, pero en esta novela la relación sexual entre los dos hermanos varones es lo que llena de luz y de esperanza esta historia. Es una historia de amor maravillosa. Como yo no soy de los que saben hacerse el duro, puedo reconocer abiertamente que me ha tocado la fibra sensible en un montón de ocasiones. En ciertos momentos se me ponía cara de bobalicón mientras leía y se me escapaban risotadas incontenibles.

Agustín Gómez Arcos empezó sus andanzas literarias escribiendo teatro. Luego se pasó a la narración, pero le quedaron ciertos tics que se notan bastante en El cordero carnívoro, su primera novela. Por ejemplo, abusa de los comentarios entre paréntesis, como si se tratase de acotaciones teatrales. También me pareció bastante extraña su tendencia a cambiar la narración de pasado a presente de un párrafo a otro. No sé si valorar esto como una torpeza o es un recurso consciente para introducirnos en la escena con más fuerza. De todos modos, Gómez Arcos consigue sacar oro de sus capacidades narrativas. Leyéndolo se respira la sensación de que se trata de un escritor al límite de sus posibilidades, y eso me parece admirable. Me quedo con las ganas de leer Escena de caza (furtiva). He visto algo por ahí y tiene muy buena pinta. Se la tendré que comprar a Zaitegui, al fin y al cabo él tiene la culpa de este insospechado descubrimiento.

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