Jean-Luc Nancy habla y yo muevo los labios

El intruso, de Jean-Luc Nancy

El intruso, de Jean-Luc Nancy

No sé muy bien cómo afrontar el comentario o la reseña de un texto que dice aquello que yo hubiera querido decir, o que yo tendría que haber dicho ya a los que me rodean. Si Jean-Luc Nancy expresa con lucidez, precisión e incluso lirismo en El intruso parte de mi actual experiencia vital con la Medicina y, por supuesto, lo que habré de afrontar el día que logre un trasplante de riñón, mi discurso se convierte en un balbuceo sobrante. Comenté aquí hace ya unos meses que iba a hacer una serie de lecturas que conformaran una pequeña bibliografía de la enfermedad; mi intención era incluirla en una ponencia que habría de dar en un congreso de Nefrología (esa ponencia tuvo lugar y subiré aquí el vídeo en cuanto me lo envíen). Ahora sé que ante aquel público de médicos y enfermeros debí haber abierto este minúsculo ensayo de Jean-Luc Nancy y haberlo leído de cabo a rabo. Eso sí que hubiera sido de ayuda para que todo aquel que se mueve en el ámbito de la Medicina tome una perspectiva distinta de lo que supone su trabajo.

A Jean-Luc Nancy le trasplantaron nada más y nada menos que un corazón. Esto ocurrió, según he podido calcular, a finales de los ochenta o principios de los noventa, hace ya veinticinco años. La Medicina ha evolucionado mucho desde entonces. Si ahora un trasplante es algo extremadamente traumático, en aquel entonces habría que sumarle unos medios técnicos mucho menos desarrollados. Lo que se mantiene vigente es la percepción que Nancy tiene sobre tal experiencia. En parte, puedo dar fe de ello. A mí todavía no me han trasplantado nada, aunque en algún momento pasaré por ese trance. De momento puedo hablar de la intrusión en otros términos bastante similares. He llevado alojado durante años un desfibrilador (por lo cual, por cierto, me sentía un cyborg). He sido abierto en canal -tal y como nos relata Nancy- en diversas ocasiones. Hoy en día he de asumir que hay un catéter bajo mi clavícula -del cual Nancy también habla- para afrontar periódicamente una diálisis. También llegué a conocer cómo el cuerpo te rechaza por culpa de los inmunodepresores con la aparición de pequeños ataques internos -y esto también lo explica Nancy magistralmente-. En resumen, todo este aparataje técnico y todo este rollo de enfermito solamente tienen dos consecuencias nefastas: 1) la disfunción de la identidad y 2) la conciencia permanente de la muerte. Y es aquí donde Jean-Luc Nancy da en el clavo en cada palabra que escribe, es en estos términos en donde a los médicos les queda tanto por aprender. Y es que Jean-Luc Nancy no se limita a hablar de su propia experiencia, como podría hacer yo o cualquier otro enfermo, sino que hace filosofía a partir de su experiencia. O, dicho de otro modo, no viene a brindar respuestas sino a incluir interrogantes que quizá hayan pasado inadvertidos en este ámbito.

En este blog siempre hablo de mí a través de los libros o de los libros a través de mí. Ahora no sé muy bien qué estoy haciendo. No sé cuál es el orden, la dirección de mis palabras. El texto de Nancy está hablando a través de mí. Para él, el intruso es un corazón; para mí, Nancy se ha convertido en mi propio intruso. Siento contar sobre mí mismo más de lo que podría parecer necesario, reconozco que tanta información personal puede llegar a resultar abrumadora, pero es Jean-Luc Nancy quien toma la palabra y quien me hace hablar en su lugar, quien me hace hablar hasta el momento de que ustedes lean su texto, El intruso, que se ha colado aquí y que no deja de predicar una idea demoledora tras otra.

Por cierto, este texto ha llegado a mis manos gracias al comentario de un lector de este blog. Se llama Jose (hasta donde yo sé) y pueden encontrarlo en http://elarcoflechero.blogspot.com.es/ (según el enlace en su comentario). Cabe añadir que Jean-Luc Nancy ya estaba en mi órbita, acercándose a mí lentamente, gracias a mi queridísimo amigo Fran, del que aprendo toneladas cada vez que comparto mi tiempo con él. Fran ya me había hablado de Nancy y con ello había colocado una placa de Petri dentro de mí, en la cual ha ido creciendo mi curiosidad. Les doy las gracias a ambos, porque este texto es una gozada autoexaminadora.

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