Vonnegut es el campeón del mundo

El desayuno de los campeones, Kurt Vonnegut

El otro día conseguí arreglar la patilla rota de unas gafas con Nural 21. Bajé a la calle movido por la urgencia de encontrar un adhesivo eficaz para metales. Por suerte, supieron ayudarme en la tienda de bicicletas que hay debajo de mi casa. Nural 21, me dijo el mecánico de bicicletas mientras untaba dos pegotes de dos ungüentos diferentes sobre un almanaque de papel plastificado. Las instrucciones de uso del Nural 21 son las siguientes: 1) Medir partes iguales de los componentes A y B sobre una superficie plana; 2) Mezclar los componentes A y B con una espátula hasta conseguir un color uniforme y 3) Aplicar el compuesto resultante sobre una de las superficies que se desean soldar y unir ambas partes. Una mañana descubrí el Nural 21 y ahora me siento mejor preparado para la vida. Aunque he de reconocer abiertamente que Kurt Vonnegut me parece un hombre mucho mejor preparado que yo. Me pregunto si él ha usado en alguna ocasión el Nural 21 para reparar sus gafas o cualquier otra cosa. En El desayuno de los campeones, Kurt Vonnegut demuestra saber muchas cosas prácticas para la vida, cosas que debería saber un hombre adulto. Kurt Vonnegut las sabe y yo no. No crean que me siento un tipo especial por ello. Intento cubrir mis lagunas leyendo a Kurt Vonnegut como si se tratase de la Wikipedia.

Hablo del Nural 21 porque El desayuno de los campeones podría ser la reacción inversa a un soldador para metales compuesto por dos sustancias que han de mezclarse. Esto puede explicarse: Kilgore Trout y Dwayne Hoover no son metálicos, nada, en absoluto. Menos aún podrían solidificarse juntos. Pero Vonnegut se empeña en intentar el experimento. ¿Por qué lo hace? ¿A Vonnegut le gustan las cosas que hacen boom (o, por extensión, cualquier otra onomatopeya que remita a la destrucción)? Supongo que sí. Supongo que su teoría sobre el escritor podría resumirse con un comentario del prólogo: Vonnegut nos aclara al principio que se va a comportar como un niño malcriado y como Dios. Lo dice así, poniendo todas sus cartas sobre la mesa desde un principio, porque Vonnegut quizá sea el único escritor al que le funcione la honestidad como mecanismo literario.

Otros lo intentaron, pero les salió una patata. Vonnegut también diría “patata”. Patata es una buena forma de referirse al ejemplo que les voy a dar: El narrador de El desayuno de los campeones se mueve como si se tratase de un dios extraterrestre que registra y aclara todo lo que ocurre en la narración. De esta definición breve e incompleta, quédense con la idea de extraterrestre a la hora de mirar la historia. Esta mirada me trajo a la cabeza la patata a la que me quería referir, Sin noticias de Gurb. Es importante señalar esta novela de Eduardo Mendoza, porque si uno intenta hacer en su casa lo que hace Kurt Vonnegut puede acabar haciendo el ridículo. Nadie puede imitar a Kurt Vonnegut con verdadero éxito del mismo modo que nadie puede imitar con verdadero éxito, por ejemplo, a Borges (aunque me atrevería a decir que Fresán se mueve con cierta soltura entre estos dos autores).

Imitar a Vonnegut implicaría construir una prenovela, implicaría hacer un uso nuevo del work in progress, teniendo siempre en la cabeza que todo objetivo narrativo tiene que dar un resultado apriorístico. Del mismo modo que Borges escribe cuentos en donde hay novelas, Vonnegut escribe prenovelas en donde podemos ver novelas. Se me ocurre una imagen: en La vida instrucciones de uso, Perec nos cuenta una historia en donde un personaje conserva la pata de una mesa comida por polillas. De la pata de la mesa se sacó una estructura esquelética que ya no era la pata de una mesa, porque había sido devorada y reducida a su forma más ínfima, pero, incluso así, remitía a toda la historia de la pata de aquella mesa. Quizá eso haga Vonnegut en El desayuno de los campeones. Es una imagen bonita y le queda bien. También hay otras cosas en la novela, un montón de cosas que darían para contar más ideas estrafalarias. Ante todo, tendríamos que hablar de “metaliteratura”, tendríamos que pasarnos la noche hablando de metaliteratura, y quizá parte del día siguiente. Tendríamos que crear un seminario que se llamara: Vonnegut, la metaliteratura y los escritores de ahora. Pero lo vamos a dejar aquí por hoy.

 

 

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