Todos los George Saunders en un George Saunders

Diez de diciembre, de George Saunders

Diez de diciembre, de George Saunders

Este último fin de semana lo he pasado verdaderamente bien. Hemos hecho un montón de cosas. Podría contarlo, pero da igual. Eso sí, con tanto ajetreo no he leído ni una sola página. Salir y vivir no le hace bien a mis lecturas. Por suerte, vivo poco y sin grandes novedades. Mi fin de semana lo ha compensado George Saunders, con su libro de relatos Diez de diciembre, diez relatos que me han ocupado vida a cambio de ensanchármela. Gran alivio.

Se trata de mi primer George Saunders, y mi primera experiencia con él ha sido la de estar leyéndolo y querer adquirir su siguiente libro para tenerlo ya en casa, para que no me lo quite nadie. Ha sido un gran oh, sí, si me está gustando ahora imagínate cuando vuelva a leerlo más adelante. Habrá más momentos en mi vida como este, pero con el plus de que podré saborear previamente lo que me espera.

Pero en realidad no ha sido del todo así. Nunca puede ser así con un tipo como George Saunders, porque, si lo pienso un poco mejor, es uno de esos escritores del y con qué me vas a sorprender ahora, es que todavía no te has quedado contento. De hecho, voy a esforzarme por no usar el apelativo de camaleónico (quedaría estúpido, ¿no creen?). Voy a darle vueltas al asunto.

He mirado por ahí y parece que Saunders no ha publicado ninguna novela. Solo cuentos. Yo quiero pensar que con la ficción solo ha hecho cuentos, porque eso encaja con el Saunders de Diez de diciembre. Solo cuentos porque en cada uno se propone usar un registro distinto para alcanzar un resultado diferente, porque la forma de narrar está unida mediante cordón umbilical con lo narrado. El cuento -en Saunders- no es tanto una historia que contar sino el modo de acercarse a ella, así que no soy capaz de imaginarlo estirando la misma voz durante páginas y páginas. En cada uno de sus relatos me da la misma y constante impresión de que George Saunders no quiere llegar muy lejos, sino que prefiere las canciones, las buenas canciones, en donde la melodía y la letra han de encajar desde el principio y el conjunto tiene que estar resuelto y cerrado antes de que suene repetitivo.

¿De qué modo si no se pueden perfilar los bordes de nuestras locuras diarias? Sus cuentos son la forma en la que trato de imaginar a mis vecinos, siempre al Otro. He intentado por todos los medios no verme reflejado en sus textos, por eso prefiero creer que lo que cuenta es la vida de los demás, de los que quizá estén demasiado cerca y puedan llegar a influirme con su fuerza gravitatoria, pero siempre de los demás, para darme un respiro a mí mismo.

Se me ocurren comparaciones con tal y con cual en esto y en lo otro, pero me las ahorro, porque en Diez de diciembre cada cuento deja obsoleta la referencia del cuento anterior. Y así termino, sin haber dicho camaleónico, ¿verdad?