Las visitas nocturnas de Ádám Bodor

La visita del arzobispo, de Ádám Bodor

La visita del arzobispo, de Ádám Bodor

El mejor momento del día en el hospital es después de la medicación de medianoche. Todo está tranquilo. Los ancianos que colman la planta llevan varias horas durmiendo. Los enfermeros están relajados, en la sala de descanso o en el puesto de control, y preparan las medicación de los pacientes para la ronda de la mañana siguiente, justo antes del cambio de turno. Nadie me molesta. Me ha tocado una habitación para mí solo, así que puedo disfrutar de un sillón con reposapiés, una cama con capacidad de reclinarse, luz a mi gusto, y silencio. Solo consigo leer con provecho durante ese rato antes de dormir. Así no avanzo mucho en la lectura, pero me hace sentir que el día no ha sido perdido.

Procuro elegir libros cortos. Anoche acabé La visita del arzobispo, de Ádám Bodor, siempre tan escueto y tan envolvente. Lo tenía en casa esperando una ocasión como esta. Descubrí a Bodor con El distrito de Sinistra en uno de esos encuentros felices que uno hace en las librerías cuando se deja guiar por la intuición. Ádám Bodor es húngaro y -verán ustedes- resulta intolerable que tuviera que descubrirlo yo solito, porque tuve una novia húngara (y filóloga) durante varios años. A lo sumo, ella me habló del pelmazo de Péter Esterházy, del que leí el anodino Los verbos auxiliares del corazón, y del gran poeta nacional József Attila, que no logró pellizcarme. No recuerdo que jamás me hablara de Ádam Bódor, ni tampoco de mi admiradísimo Bèla Tarr. Me hizo daño por muchas cosas, ¡pero esto ya es imperdonable!, así no hay forma de mantener una relación hispanohúngara.

La visita del arzobispo, tal y como apostaría que ocurre con toda la literatura de Bodor, trata sobre un lugar fronterizo, de difícil acceso y de difícil huida, una suerte de cárcel identitaria, una condenación. Recuerda a algunas sensaciones que he vivido con Angelopoulos y, por muy tópico que pueda resultar esto, huele a literatura de Europa del Este, pese a que no tengo nada claro qué diantres supone ese rango. Sobre esta obra de Bodor no sería capaz de expresar muchas ideas, quizá porque se trata de una literatura muy vaporosa o porque no me encuentro en condiciones de procesarla del mejor modo posible. En cambio, sí podría describir alguna sensaciones, pero todas se basan en emparentar la ciudad en la que se desarrolla la novela con este hospital, y no me apetecen las comparaciones odiosas.

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