Lecciones de antimaniqueísmo de Jim Thompson

1280 almas, de Jim Thompson

1280 almas, de Jim Thompson

 

Parecer tonto a veces te da una considerable ventaja sobre los demás. Pero es muy difícil parecer tonto, porque 1º) para eso tienes estar seguro de que no lo eres realmente y 2º) has de estar dispuesto a rebajarte continuamente, sea cual sea la situación que se presente. El alivio de parecer tonto es que tan solo se trata de una estrategia circunstancial. Uno se hace el tonto para tomar una posición privilegiada ante los demás, que bajan la guardia, y poder actuar desde ahí con inteligencia y con el beneficio del factor sorpresa. Cuando uno deja de parecer tonto, ya es demasiado tarde para el contrincante.

El protagonista de 1.280 almas  me ha cogido absolutamente desprevenido. A mí y a todos los demás personajes de la novela.

Un compañero de trabajo había traído para mí esta obra de Jim Thompson. Me abalancé sobre ella excitado ante una nueva y desconocida incursión en el género negro. Enseguida tuve una opinión. Y, por supuesto, enseguida quise trasladarle mi opinión a mi compañero para que viera lo rápido que había calado al protagonista. Puse a parir a Nick Corey -el protagonista- por zoquete, vago, irresponsable, etc. Es decir, un personaje construido con una habilidad genial desde la primera línea.

En 1.280 almas, título que responde al número de habitantes del poblado del que Nick Corey es comisario, no aparece una sola persona en la que confiar. No hay buenos en esta historia. Sí hay gente más espabilada que otra, y su protagonista parece desenvolverse entre todos con orgullosa estupidez, en un mundo que traspasa el género negro y adquiere un fuerte tufo a western, a barbarie, a sálvese quien pueda, a solo uno de los dos saldrá de esta, a sobrevivir a toda costa. Ante este panorama, nuestro protagonista se va elevando poco a poco como un globo aerostático que vuela sin hacer ruido. Nick Corey parecía tonto, y yo fui el primero en tragármelo.

No puedo dejar de pensar, por pura coincidencia, en que hace unos días vi Django desencadenado, la última cinta de Quentin Tarantino. Y quise reconocer esa estética descarnada, cómica y atroz de sus pelis en las páginas de Jim Thompson. Me pregunto ahora si Tarantino es un buen lector, me pregunto si habrá devorado las novelas de Thompson y si se habrá producido alguna suerte de ósmosis entre ambos. A fin de cuentas, Jim Thompson fue un importante guionista en Hollywood.