El profesor Ricardo Piglia

Respiración artificial, de Ricardo Piglia

Respiración artificial, de Ricardo Piglia

Estoy escuchando un disco de rap en el Spotify. Lo que más me interesa del rap es su capacidad para la manía referencial y su predisposición a la metaliteratura. El rap, ante todo, está construido con más rap, y lo que no es rap es algo que ya existe antes del rap pero que dentro del rap se transforma en algo nuevo y (a veces) valioso. El rap es un claro ejemplo de una visión del arte que se encuentra en multitud de ocasiones en la literatura actual. En el rap todo es, más primario, más rudimentario, por supuesto, pero el mecanismo es tremendamente parecido. No es tan distinto escuchar un disco de Tote King que leer una novela de Ricardo Piglia o de Vila-Matas. Yo los prefiero en el siguiente orden: Vila-Matas, Tote King y Ricardo Piglia. Los dos primeros construyen buena parte de su obra con referencias y personajes ajenos para delimitar un corpus metaliterario. Es el caso de Historia abreviada de la literatura portátil, del primero o la canción sobre zapatillas deportivas del segundo (ver aquí).

El caso de Ricardo Piglia es notablemente distinto. Piglia, ante todo, es un estudioso de la literatura, un profesor de literatura. Por eso, Respiración artificial está construida con ideas, los verdaderos personajes de la novela son sus ideas. Vila-Matas no es un estudioso, es un gran lector, Tote King no es un estudioso, es un consumidor de “botines” de basket (en el caso de esta canción). Así que Marcel Duchamp y unas Nike Air Jordan pueden ser personajes de ficción en cada uno de estos dos autores. Pero en Piglia sus novelas pueden estar movidas por cosas como una defensa del estilo de Roberto Arlt, y lo que más daño hace a su novela es que eso ni siquiera es ficción, sino teoría literaria. Si hay algo parecido a una novela sin personajes, es una novela donde las ideas pretendan funcionar como tales.

En la primera parte de la novela, Piglia recorre el siglo XIX de Argentina a través de la reconstrucción de un personaje ficticio. Pero este personaje no es el personaje de la novela, sino la propia Historia argentina del XIX y, en especial, la visión de Piglia. Su erudición es apabullante. Eso está muy bien. Pero mi reproche estriba en que en Respiración artificial los demás niveles de la novela están tejidos con una escritura que no me interesa como propuesta literaria. Lo mismo ocurre en la segunda parte de la novela, por mucho alterego de Gombrowicz que hable sobre Kafka y Hitler.

Todo esto me hace recordar otra novela que habla de la historia argentina. Me refiero a Historia argentina de Rodrigo Fresán. En este caso, no puedo evitar hacer comparaciones y saltar de alegría pensando en Fresán y en su primera novela. Cómo reorganiza la historia de su país de origen creando una serie de capas superpuestas que invitan a que uno se quede donde más cómodo se sienta. Fresán consigue con Historia argentina un mecanismo perfecto desde lejos y desde cerca, un mecanismo que funciona unido y que funciona separando sus piezas. En cambio, Piglia utiliza Respiración artificial para hablar sobre literatura en un lugar donde todos salimos perdiendo.

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