Kjell Askildsen y el mal rollo como escenario literario

Cuentos, de Kjell Askildsen

Es muy fácil perderse entre los cuentos de Kjell Askildsen. Igual que en el desierto, solo hay arena. No hay puntos de referencias fácilmente localizables y, por tanto, nunca tenemos muy claro hacia dónde vamos. Claro, también hay gente a la que le gusta vagar, ir a la deriva. Askildsen me resulta así de complicado. Cuando me excedo consumiendo la sobriedad de Askildsen siempre acabo mareado y completamente desorientado.

He ido espaciando la lectura de sus cuentos para poder sobrevivir a su estilo. Sus cuentos son inmejorables si los enmarcamos dentro de los propósitos del autor, no he leído a nadie que haga mejor que Askildsen lo que Askildsen hace. Supongo que antes de leerlo hubiera dicho algo así como “no he leído a nadie que haga mejor que Carver lo que hace Carver”. Ahora puedo decir que Raymond Carver parece barroco al lado de muchos de los cuentos de Kjiell Askildsen.

Membranas. Creo que esa es la idea. Me acabo de convencer de que los cuentos de Askildsen son membranas. Entonces, supongo que saber llevar a cabo el ejercicio de la ósmosis es imprescindible para acceder al sentido de su obra. En los cuentos de este señor prácticamente todo ha de suponerse, con suerte se nos sugieren cosas y lo demás se presenta de forma tácita. A partir de ahí, nosotros tenemos que sacar agua del pozo. ¿Habéis llegado alguna vez a casa de vuestros padres y habéis notado una tensión disimulada entre los dos -porque conocéis a vuestros padres y sabéis identificar esa tensión- posterior a una hipotética pelea? Ambos pretenden actuar con naturalidad, pero los gestos, las miradas y alguna que otra palabra traicionan la pantomima. Eso es un cuento de Kjeld Askildsen.

Por otro lado, hay algo verdaderamente fácil de disfrutar en estos cuentos. Nadie se quiere en ellos, al menos nadie se quiere demasiado. Supongo que los personajes de Askildsen -o el único e iterativo personaje- tienen demasiados problemas consigo mismos para poder sentir amor por los demás. Quizá al lector no le caigan mal estos personajes, pero, por regla general, estos personajes se caen muy mal los unos a los otros.

Supongo que leer a Askildsen es como llegar a un nuevo lugar de trabajo donde impera el mal rollo. Al principio todo muy bien, pero empiezas a notar algo en el ambiente y terminas dándote cuenta de montones de rencillas. ¿Quién respira a gusto en un lugar así? Estos cuentos me han dejado esa sensación y por eso, solo en parte, me alegro de haber cerrado por fin este libro. ¡Uf, qué descanso!

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