Hugo Abbati nos abre la ventana indiscreta

Correspondencias, de Hugo Abbati

Un blog sirve para convencerse a uno mismo de que no se está solo. Pero uno está solo. Organizando sus propios widgets en el background de todo esto. Solo, y hablando de libros como coartada. Así, si me preguntan, diré: “Tengo un blog”. Pero en realidad estoy solo.

Pero también hay ventajas. Hay otros blogs (no sé si esa gente está sola, pero me da igual) y uno traba relaciones felices o se pelea con otros escondiendo la cara. Hace un tiempo conocí -virtualmente- al dueño y señor de La Medicina de Tongoy. Aunque uno esté solo, joder, mola encontrarse a tipos así en el ciberespacio. Son muchas las razones. Una de ellas (la más frívola si cabe) es iniciar una suerte de bookcrossing bloguero y recibir libros que pasan por mis manos y acabarán en otras.

Siempre me ha hecho gracia la sentencia de “eso solo pasa en los libros (o en las películas)”. ¿Cosas que solo pueden ocurrir en la ficción? ¡Menuda mierda de vida! Esa sentencia, en realidad, es inofensiva. Me gusta, incluso, la idea de que la ficción sea una especie de superhéroe. De hecho, me preocupa lo contrario, cuando la ficción no parece tener superpoderes.

Correspondencias narra con acento bernhardiano el derrumbamiento progresivo de dos conciencias”, se lee en la contraportada del libro. ¡Tururú! El acento bernhardiano es como los rayos de energía solar que lanza Cíclpe, el de los X-Men. El acento bernhardiano necesita de unas gafas protectoras como las de Cíclope, porque sin ellas arrasaría con todo. Thomas Bernhard tiene superpoderes, Hugo Abbati creo que no.

La relación espistolar de Correspondencias es solo un juego de perspectivas. Nos permite un voyeurismo desde el que solo se ve una parte de toda la escena. Dos señores que comienzan a hablar de sí mismos, siguen hablando de sí mismos; por supuesto, cuando llevan un tiempo hablando de sí mismos, empiezan a quejarse de sus respectivas situaciones, comienzan con el sutil juego del ¡y-yo-más!, y acaban revelando aquellos conflictos que revelaríamos todos si se nos permitiera hablar más de la cuenta.

A mí me dejan hablar en este blog todo lo que me da la gana, y al final siempre sale a flote alguna miseria. A saber: “Un blog sirve para convencerse a uno mismo de que no está solo. Pero uno está solo. Organizando sus propios widgets en el background de todo esto. Solo, y hablando de libros como coartada. Así, si me preguntan, diré: “Tengo un blog”. Pero en realidad estoy solo”. Y es que a los personajes a veces se les va la lengua.

En fin, Correspondencias, de Hugo Abbati, tiene que pasar ahora a mejores manos. Le prometí al maquiavélico maquinista de La Medicina de Tongoy que le enviaría este libro a quien lo quisiera. Así lo haré. ¿Quién lo quiere? Tan solo tienen que ponerse en contacto conmigo y se lo haré llegar en el plazo más breve.

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