Peter Handke sin sal

La mujer zurda, de Peter Handke

La mujer zurda, de Peter Handke

 

Cada día soy más lento leyendo. Ya era lento caminando, comiendo, duchándome y, ahora que lo pienso, haciendo casi cualquier tarea. Y ahora mi lentitud está colonizando mis lecturas. ¿Han visto alguna vez en las librerías el tamaño de La mujer zurda, de Peter Handke? Es una obra minúscula y, sin embargo, me parece haberle dedicado a esta novela muchas más horas de las necesarias. Yo quería leer un novelón de muchas páginas este verano, pero no creo que me sienta en forma. Por el contrario, últimamente se me da muy bien dormir.

Peter Handke es uno de esos autores que no conozco de nada pese a haber oído su nombre cientos de veces. O, a lo mejor, sé algo sobre él sin saber que se trata del mismo Handke. Y La mujer zurda es un título del que alguien me ha hablado (vagamente) y se me ha pegado a la oreja, porque es sugestivo y misterioso.

Una mujer abandona a su marido y pasa toda la novela haciendo cosas sola: cosas en la casa, en el supermercado, en la calle. Solo la acompaña su hijo de ocho años, pero el niño es de cascarilla, no sirve como compañía. Ante una novela sobre la soledad, uno espera poder adentrarse en el solitario, conocer sus motivaciones, etc., pero Handke no nos da nada. Handke es frío y estoico y convierte la novela en un zoo donde pasas las horas contemplando cómo el oso panda duerme, bebe agua o come bambú.

Tras leer La mujer zurda me siento un poco confuso. En las primeras páginas pensé en cómo Kjell Askildsen consigue sugerir estados de ánimo, historias pasadas, relaciones, economizando las acciones de sus personajes. Pensé que Handke también iría por ahí, porque no se estaba mojando mucho con sus personajes. Pero no. Al lado de Handke, Askildsen es Realismo psicológico. Solamente se nos muestra el día a día y no se admiten preguntas.

El texto de La mujer zurda sirve para ver y no para leer. Si fuera vídeo y pudiéramos proyectarlo sería mucho más sencillo comulgar con él. Parece un guion de cine, porque todo lo que se relata podría ser observado por el ojo. Estoy bastante convencido de que, en una pantalla, llegaría a sentir esa idea de la soledad sobre la que trabaja Handke, pero en la novela soy incapaz, no empatizo con el oso panda.

Si hablo de ver y de que todo es afuera y de cámaras de cine, podría parecer que esta novela suena a nouveau roman; en cambio, queda muy lejos de esa otra estética. Quizá busque algo parecido, pero por caminos narrativos que nada tienen que ver. Handke es mucho más parco, más discreto, más frío, en fin, más soso.

En casa me quedan libros pendientes por leer como para un año. Así que me voy a buscar algo que me emocione, que buena falta me hace. Todavía queda verano.

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