Mijaíl Bulgákov y la importancia del M.I.R.

Diario de un joven médico, de Mijaíl Bulgákov

Diario de un joven médico, de Mijaíl Bulgákov

Hoy, en la estación de tren de Atocha, una chica muy guapa me ha sonreído y me ha ofrecido una tarjeta gratuita de Citibank llena de ventajas. Por un momento, he querido explicarle mi opinión política acerca de los bancos, he querido convencerla de que ambos sabemos que su regalo no es más que un truco artero de captación de clientes que, a posteriori, me supondrá un gasto indeseado, he querido preguntarle si estaba estudiando una carrera para animarla a que amueblara bien su cabeza y así, con suerte, podría dejar algún día este trabajo frustrante en donde sus potenciales clientes caminan con mucha prisa y le dicen que no sin detenerse a contemplar su candor y sus buenos modales. Pero a la hora de ensayar los enunciados apropiados me ha faltado el valor, o el entusiasmo, o la desfachatez. Yo también he sonreído y, tras un instante plantado delante de ella, no he sido capaz de entablar una conversación que podría haber amenizado un trecho de mis tres horas de espera en Atocha.

En una mano he tenido agarrada la maleta y en la otra Diario de un joven médico, de Mijaíl Bulgákov. Podría haber probado a romper el hielo hablándole del libro del que me quedaban por leer veinte páginas.

Le diría: “Mijaíl Bulgákov te ofrece, más o menos, las mismas ventajas que tu tarjeta de Citibank.”

Le diría: “De Bulgákov te puedes fiar, porque está muerto; no como tu banco, lleno de ejecutivos audaces y vigorosos dispuestos a hacer números con mi paciencia en una estación de tren.”

Estoy seguro de que ella habría sacado papel y bolígrafo y hubiera anotado autor, título y editorial y, además, habría apuntado la dirección de mi blog tras prometerme que me leería asiduamente y que me dejaría comentarios de vez en cuando.

Me diría: “Me engañaste en la estación de Atocha. Diario de un joven médico sí pide algo a cambio. La literatura también se vale de trucos arteros.”

Me diría: “Bulgákov pide tu miedo a ir al médico, pide el miedo a ponerte en las manos de otra persona, pide tu inseguridad y tu desconfianza, pide reconocer que los médicos son humanos y que pueden equivocarse.”

Diario de un joven médico es un conjunto de nueve cuentos encadenados, en donde un joven médico es enviado, recién salido de la Facultad de Medicina, a un recóndito e incomunicado pueblecito ruso. El médico jamás ha puesto una mano sobre un paciente y, de repente, toda la responsabilidad sanitaria de los alrededores recae sobre él. El médico tiene mucho miedo a equivocarse, el médico cree que lo van a despedir en cuanto mate a alguien por error, el médico no quiere que nadie descubra sus inseguridades, el médico le dice a los lectores lo que no puede decirle a los pacientes.

He gritado en el sofá de mi casa, he reído a carcajadas y me he puesto tenso, me he tapado los ojos, en ocasiones he abandonado la lectura con un extraño nudo en el estómago. Diario de un joven médico es una obra fundamental para hipocondriacos y para los pacientes que creen que buscando en Google se aprende Medicina. Debería ser una lectura obligatoria en los hospitales, como un protocolo que incluyera el libro en la medicación diaria junto al gotero o junto a los analgésicos. Los médicos, a su vez, también deberían leerlo sin excusas. Deberían leer cada uno de los nueve cuentos antes de hacer sus visitas de planta. Deberían mirar a los ojos a su pacientes, después de haber leído a Bulgákov y a sabiendas de que ellos han hecho lo mismo, así se produciría un brillo en los ojos o un entendimiento instantáneo o un gesto consolador que hiciera más fácil una relación tan íntima.

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