Marguerite Duras se parece a mucha gente

El vicecónsul, de Margarite Duras

El vicecónsul, de Margarite Duras

No hay nada peor que escribir algo que funcione en tu cabeza y que no funcione del mismo modo en el papel. Bueno, sí que lo hay. Lo peor es comprobar que a otros les ha salido mucho mejor que a ti lo que te habías propuesto escribir. Además, mucho antes que tú. Al fin y al cabo, tú no vas a inventar nada, ¿no? No sé. Eso no me preocupa. De todas formas, todo esto nos trae algo bueno, y es poder leer aquello que es mejor que uno. Siempre es mejor leer en otros lo que uno ha intentado escribir que no encontrarlo en ninguna parte. En este caso, me refiero a la novela El vicecónsul, de Margarite Duras. Unas ciento cincuenta páginas que nunca llegan al fondo de la cuestión, porque llegar al fondo de la cuestión puede ser muy aburrido y, sobre todo, muy prosaico. ¿Qué le pasó realmente al vicecónsul en Lahore? ¿Qué ocurre dentro de Anne-Marie? ¿Cómo fue la vida de la chica embarazada más allá de lo que escribe Peter Morgan? En realidad, intentar comprender sus tragedias importa un carajo. Duras nos invita a asomarnos, pero se interponen otros personajes que no nos dejan ver nada. Duras nos dice: dentro del armario vive el hombre del saco, pero no te voy a dejar que te levantes de la cama para comprobarlo.

Esta novela es una manera genial de contradecir a Dostoyevski sin la necesidad de recurrir a la nouveau roman. Quedarse fuera de los personajes siempre es una decisión muy higiénica. Lo verdaderamente desconcertante es entrar en ellos sin llegar a resolver nada. Es como si Margarite Duras nos ofreciera una película de suspense dentro del fuero interno de cada personaje.

Ahora que lo pienso, esta novela de Margarite Duras sí que me recuerda a otras novelas que he leído. Me recuerda a la de otra mujer, Nathalie Sarraute, titulada Retrato de un desconocido. El problema es que no recuerdo mucho de la novela de Sarraute y, por lo tanto, no sé muy bien porqué me recuerda una a la otra. Pero sí puedo decir que había un ambiente similar en el que era imposible penetrar del todo en los personajes. En el caso de Sarraute, se trata precisamente de una autora enmarcada dentro de la nouveau roman, pero esta obra en particular también carece de la higiene de la que hablaba hace un momento.

En resumen, podría decir que El vicecónsul parece una obra escrita por un Samuel Beckett apasionado por las personas. Aunque, afortunadamente, Beckett no escribió El vicecónsul. Ya lo hizo Margarite Duras, y con eso ya está el trabajo hecho.