Werner Herzog me ha conquistado

Conquista de lo inútil, de Werner Herzog

Conquista de lo inútil, de Werner Herzog

El otro día volví a ver Fitzcarraldo con Lucas y con mi amadísima Elisa Calatrava. Ambos querían verla de nuevo después de haber hablado sobre Conquista de lo inútil, esa suerte de diario que Werner Herzog escribió durante el proyecto de esta película. Nos sentamos ante la pantalla del proyector y volvimos a contemplar cómo el barco cruzaba el trecho de selva que unía un río con otro. Klaus Kinski vestido con un traje de lino blanco e interpretando a un héroe enloquecido, a un personaje de ópera con voz estridente, a un conquistador de lo inútil. En fin, nos metimos a Herzog por vena para tener un subidón de los guapos.

Si Fitzcarraldo es una obra como una catedral, resulta estremecedor comprobar cuánto ha pesado colocar cada piedra. Conquista de lo inútil es, en cierto modo, eso, asistir a una visión que solo está en la cabeza de Werner Herzog y que la selva trata de borrar furiosamente, una visión para la que su equipo se muestra, en ocasiones, miope y tiene que recurrir a la fe, una visión que se tambalea en las manos histéricas de Klaus Kinski. En la Amazonia, Herzog se convierte en un mesías y trata de disimularlo a través de su templanza, trata de parecer cuerdo y actuar como un jefe responsable, pero no cuela. Después de leer su diario, yo lo he abandonado todo y me he marchado tras él para seguirlo como un apostol fanático y mitomaniaco. Además, Werner Herzog es un escritor brutal, posee un lirismo de esos que te retuercen el sistema digestivo cuando paladeas sus textos, luego te sientes hipervitaminado y con ganas de enrolarte en cualquier aventura descabellada. Es tan buen escritor como cineasta, sin duda.

Estoy cautivado por Herzog, pese a que en Conquista de lo inútil la sombra de Klaus Kinski es muy amplia. Klaus Kinski es ese tipo divertidísimo con el que nunca nos iríamos de vacaciones, con un ego hipertrofiado y una actitud apocalíptica, capaz de joderle la vida a cualquiera que se acerque a su radio de acción. Sin embargo, Herzog logra mantenerse impasible en todo momento ante el caos y la entropía que provocan sus constantes rabietas, mueve los hilos suavemente y logra que Kinski baile según sus propósitos. Forman una de las parejas más perturbadoras que jamás haya visto en el mundo del cine. Por si acaso alguien pudiera pensar que no es para tanto, aquí dejo uno de sus cabreos durante el rodaje de Fitzcarraldo, retratado en el documental Mi íntimo enemigo, también de Werner Herzog.

 

 

Conquista de lo inútil se trata del primer libro que leo de la editorial Blackie Books. Esta gente hace unos libros preciosos, de esos que ya se disfrutan simplemente teniéndolos en las manos. Pero me ha sorprendido la cantidad de erratas que tiene esta primera edición. No las he contado, pero son las suficientes como para que me atreva a mencionarlo aquí. Ojalá contraten a un buen corrector para la segunda edición. Mientras tanto, disfruten de Kinski en todo su esplendor: