Subirse al carro de Aarón Rodríguez

Apocalipsis pop! El cine de las sociedades del malestar, de Aarón Rodríguez

Apocalipsis pop! El cine de las sociedades del malestar, de Aarón Rodríguez

TOMA 1. PLANO SECUENCIA. INTERIOR/DÍA. 

Una pareja sube en ascensor desde un aparcamiento subterráneo hasta el exterior de Plaza España. Conversan, cuchichean, ríen. En el mismo ascensor sube otro chico, de la misma edad que la pareja. Alto, delgado, apuesto, con gafas de pasta. La pareja apenas repara en él, pero este los observa mientras el ascensor sube.

ELISA: ¿Lo ves? ¡Es que tengo mente de ingeniero!, ¡mente de ingeniero!

DANIEL: Por supuesto, Elisa. No me cabe la menor duda.

AARÓN (con prudencia): Disculpa, eh… ¿te puedo hacer una pregunta? ¿Tú eres Daniel, Daniel… Espinar?

Se hace un silencio. La pareja sonríe sorprendida.

DANIEL (escrutando el rostro de su interlocutor): Sí, soy yo. Sí. Eh…

AARÓN (con más decisión): Entonces, tú debes ser Elisa Calatrava, su amadísima Elisa Calatrava, ¿no?

Nuevo gesto de sorpresa.

ELISA: Sí, sí, sí, sí, soy yo. Pero, ¿tú quién eres?

AARÓN (a Daniel): Soy Aarón Rodríguez, el del blog “El séptimo sello”. Tú escribes “Miedo a la literatura”, ¿verdad? Te he reconocido por la foto, y, bueno, porque antes la has llamado Elisa y, entonces, he hilado y…

Después de un breve estupor, la pareja comienza a celebrar semejante coincidencia en el tiempo y en el espacio con todo tipo de aspavientos.

FIN

Para que conste de antemano -y porque creo que la anécdota es lindísima- que conozco a Aarón Rodríguez. No me siento con el privilegio de poder llamarlo “amigo”, pero me encantaría poder hacerlo. Cuento todo esto porque suelo evitar a toda costa leer los libros de la gente a la que conozco. Por suerte, con Apocalipsis pop!, Aarón me acaba de dar una buena lección moral; en realidad, me ha dado una lección sobre cine y, por extensión, sobre tantos y tantos ámbitos de la vida.

Apocalipsis pop! El cine de las culturas del malestar es un libro de análisis fílmico, leído por alguien que consume poco ensayo y que, para ser honestos, entiende muy poco de cine; leído por alguien que creía que los libros sobre cine se hacían muy pesados y que sus únicos pinitos en esta materia los ha hecho con Román Gubern; leído, para colmo, por alguien que no venía coincidiendo en gustos con algunas de las reseñas publicadas en “El séptimo sello“. Esta lectura estaba destinada a ser un tremendo fracaso.

Pero todo aquello que, a priori, yo no era capaz de aportar como lector, Aarón Rodríguez lo ha paliado con una inmensa destreza analítica, narrativa, lírica y vital. Y, sobre todo, con una empatía envidiable, tanto hacia el lector como hacia la pantalla. Además, resulta que Aarón Rodríguez escribe jodidamente bien. Da igual que esté hablando del sujeto posmoderno o de lo buenos que están los churros con chocolate. Apocalipsis pop! merece ser leído por el gusto de dejarse llevar por su fraseo.

Apocalipsis pop!, de hecho, no es un libro sobre cine, pese a que analiza cuidadosamente un buen número de cintas, sino que es un libro sobre la visión del mundo que puede aportar nuestra generación. El autor nació en 1983 y yo solamente un año antes. Hay un sinfín de parámetros éticos y estéticos que ambos hemos tenido que atravesar, él desde la capital y yo desde un pueblecito de Málaga. Por eso, el Ian Curtis de Control, la saga de James Bond, los yonkis de Trainspotting o las propuestas de Lars von Trier no son meros productos audiovisuales, sino un juego de espejos en donde poder identificarnos y comprender cómo hemos llegado hasta aquí y por qué nos duelen las cosas de un determinado modo.

Por lo demás, también es un libro sobre cine. Es un libro para ver más y mejor el cine. Hace tiempo que le doy vueltas a las siguiente idea: los libros están hechos para ser leídos en solitario, pero las películas -quizá por la naturaleza de su código o qué se yo por qué- requieren de una contemplación en grupo. El cine, al menos para mí, se asume mejor cuando se comparte su visionado. Como esto no resulta siempre posible, he descubierto el placer de ver una película a solas y leer, a continuación, lo que Aarón tiene que decir al respecto. Ni siquiera tengo por qué compartirlo. Pero él -o, por supuesto, cualquier otro analista en el que confiemos-, ducho en este campo, va a lograr que me detenga en elementos que me han pasado desapercibidos por mi falta de entrenamiento. En resumidas cuentas, lo que yo necesito a partir de ahora es un Aarón Rodríguez liliputizado para llevar en el bolsillo cada vez que vaya al cine.

Estaba persuadido de que Aarón Rodríguez era capaz de hacer un libro interesante, pero he encontrado mucho más de lo que esperaba: un texto estimulante, sobrecogedor y, ante todo, un lugar donde cobijarme.

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