La obra de Borchert es un gesto de desesperación

Obras Completas

Obras Completas

Si yo fuera Wolfgang Borchert ya estaría muerto. Acabo de cumplir los 27, al menos lo he superado en edad. Aunque mis razones tenía para creer que yo no llegaría tan lejos. Eso da igual ahora. He terminado de leer dos libros de cuentos: El diente de león y Aquel martes. Su obra completa es poco más extensa, algunos relatos más, una obra de teatro y varios poemas. Todo escrito en cuestión de dos años, supongo que a sabiendas de que no había tiempo para nada más. Por eso en sus cuentos Borchert parece estar huyendo de todos nosotros. A Borchert lo único que le importaba era correr rápido y dejarnos a todos atrás, pero corría girando la cabeza de vez en cuando para ver todo lo que se le venía encima. La más absoluta falta de esperanza o, como decía Cristof Polo, “una soledad animal”. Por suerte, también solía mirar hacia adelante, buscaba un estilo brutal que se veía cada vez más cerca y que lo tuvo en sus manos en más de una ocasión. A veces Borchert me recuerda a un Thomas Benhard queriendo ser Thomas Benhard, pero Borchert murió demasiado pronto para ser Thomas Benhard o para ser Wolfgang Borchert. Borchert, al menos, sabía cuál era la dirección adecuada a sus 26 años. Y eso ya es media vida. En la otra media hubiera sido quizá el mejor autor alemán del siglo XX. Por eso sus Obras completas son el ejemplo perfecto de obra inconclusa.