Cristian Crusat y mi vida haciendo origami

Breve teoría del viaje y el desierto, de Cristian Crusat

Breve teoría del viaje y el desierto, de Cristian Crusat

Hay quien dice que la vida es un pañuelo y yo prefiero ver un extraño origami cuando la vida se pliega sobre sí misma para que ciertas épocas inalcanzables y distantes se solapen entre sí y formen una nueva figura. Breve teoría del viaje y el desierto, de Cristian Crusat, podría ser, precisamente, esa figura papirofléxica formada por la conjunción de varios vértices de mis últimos años. Para contar la historia de este libro en mis manos no solo habría que mencionar a su autor, sino que aparecerían en escena otros compañeros de la universidad, alguna reseña leída en el periódico y, por supuesto y ante todo, la participación de Paul Viejo. La torsión de los hechos que me ha traído este conjunto de cuentos merece ser pregonada, pero no me veo capaz de explicarla con la justicia poética que merece. Así que he optado por la solución más esquemática y, a la vez, más críptica; la más reveladora y, además, la más chapucera: he hecho un dibujo:

No sé si ustedes entienden algo, pero yo me he divertido mucho garabateando este folio. ¿Me creerían si les dijera que no me ha llevado más de cinco minutos realizar estos trazos tan precisos? Y lo mejor es que no pienso rehacerlo. No pienso decir más al respecto. Pasemos ahora al texto, a mi reencuentro con Cristian, pese a que no lo he vuelto a ver desde la época de la carrera.

En los relatos de Crusat me ha parecido encontrar algo de Kjell Askildsen, no en el estilo, sino en la manera de configurar las relaciones entre los personajes. Crusat, como Askildsen, nos plantea conflictos entre personas -quizá diminutos, pero incómodos- que el lector percibe y en los que se ve irremediablemente obligado a poner de su parte para completar el significado de la historia, porque con el relato no basta del todo. Uno se asoma a estos cuentos sabiendo que pasa algo más de lo que ve, creyendo que ha llegado tarde, pero que todavía puede intuir lo que nadie le ha contado respirando la atmósfera del texto.

Pero este parentesco que le atribuyo con Askildsen acaba ahí, en el mero juego de tensiones entre los actantes. Por lo demás, nos encontramos con un uso del lenguaje tan pulido y ejercitado que dan ganas de sentarse en los hombros del enunciado y dejarse llevar a cuestas. Por ejemplo, muestra cierta exuberancia en la atención por los colores, en el apego hacia las posibilidades de la luz en el espacio narrativo. De algún modo, parece que a Crusat le interesa que el lector esté allí mismo, junto a los personajes, para descifrar de primera mano lo que no se va a decir nunca.

De hecho, he de reconocer que el primer relato del libro, Parcelas, me causó tal sensación que tardé un par de días en volver a retomar su lectura porque me estaba a gusto sintiéndome en aquel ambiente de rulot desvencijada en medio de ninguna parte. A la vez, me veo obligado por poderosos motivos emocionales a destacar el cierre, que da título al libro, por tratarse del desierto de Almería. ¿Han estado ustedes en Tabernas? Cojan el coche y adéntrese en el desierto, y luego lean este libro.

Lo que media entre Breve teoría del viaje y el desierto y aquel joven y tímido Cristian Crusat que conocí en la carrera para mí es un absoluto misterio, pero me siento feliz de que estos dos extremos del cordel se hayan atado gracias a la mano de Paul Viejo (al que espero haber retratado bien pese a no haberlo visto nunca en persona).

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