Lucas Martín escribiendo sobre mi padre y otras cabriolas

Lucas Martín escribiendo sobre mi padre y otras cabriolas: Vértigo

Música como proceso mnemotécnico: “Same Girl”, de Youn Sun Nah

Same Girl, Youn Sun Nah, 2010

Same Girl, Youn Sun Nah, 2010

Esto me recuerda a las cenas de los viernes en la cocina. En lugar de salir y ver gente, mi amadísima Elisa Calatrava y yo preparamos algo que podamos ir comiendo al tiempo que lo vamos cocinando. Nos sentamos en dos sillas plegables junto a una pequeña mesita que tuvimos que montar con una llave allen. Mientras montaba la mesita, la llave se me cayó de las manos diez o doce veces. Elisa las contaba rigurosamente mientras aguantaba una carcajada.

La comida, en esta ocasión, constó de una suerte de rollos vietnamitas a lo Calatrava. Asimismo, en la cena de los viernes en la cocina hay otros dos elementos indispensables: una botella de vino y música. No recuerdo qué vino bebimos aquella noche, pero la música era la de Youn Sun Nah, un descubrimiento que Elisa había hecho un par de días antes.

En Spotify: Same Girl, de Youn Sun Nah

Reseña de “Niño hipotético” en La Medicina de Tongoy

Esta mañana ha aparecido en La Medicina de Tongoy un post dedicado a Niño hipotético. Esa novela que publiqué hace tiempo y que seguro que todos ustedes todavía no han leído. ¿A qué esperan? No encuentro ninguna razón de peso para que ustedes no la hayan leído todavía.

La Medicina de Tongoy es uno de los blogs que sigo con mayor asiduidad, uno de los que más disfruto, y aparecer reseñado en él me produce una sensación difícil de describir. No sé, es como si me llevaran a aquel programa de Isabel Gemio, Sorpresa, sorpresa, y me sacaran de entre el público para que mi estrella del rock favorita cenara conmigo y me dijera cuánto le importo.

Aquí les dejo el enlace a la reseña. No la he copiado en este post porque es bastante larga. Yo, al leerla, he pensado en aquello que decía Marilyn Monroe:

http://lamedicinadetongoy.blogspot.com/2011/04/nino-hipotetico-de-daniel-espinar.html

2º Aniversario de Miedo a la literatura: ¡larga vida a mi demagogia literaria!

Me lo paso muy bien aquí. Cada vez tiene más gracia escribir sobre literatura sin hacer crítica literaria. En este caso, solo quiero dejar unas líneas para celebrar los dos años de Miedo a la literatura. Gracias a los hipotéticos lectores de este blog por no tomarme demasiado en serio; y gracias a aquellos visitantes ocasionales que suelen llamarme arrogante, idiota, desmedido, etc. Al fin y al cabo, ¿quién puede quitarles la razón?  Yo, desde luego, no.

Quiero que Miedo a la literatura siga creciendo. Quizá dentro de un tiempo introduzca mejoras. Pero, hasta el momento, mi ignorancia sobre diseño web me impide que cuaje cualquier idea sobre lo que me gustaría presentar. Uno sabe leer y poco más. ¿Hay algún diseñador solidario en la sala?

Precisamente ayer, en el día del cumpleaños bloguero, estuve en Madrid, en Casa de América, asistiendo a una mesa redonda sobre Roberto Bolaño, en la que participaban A. G. Porta, Dunia Gras, Patricio Pron y Rordigo Fresán. De esta tarde he sacado varias cosas en claro: pese a que algunos amigos y mi novia insisten en mi parecido físico con Fresán, he de reconocer que él, además de ser mucho más alto, es mucho más guapo que yo (y su bufanda también era más bonita que la mía); Elisa y yo estábamos un tanto nerviosos por acercarnos a él, ella está estudiando su obra en el doctorado y yo… yo hubiera querido darle un abrazo, por lo que tuvo que notar que no habíamos ensayado lo suficiente este primer encuentro, pero nos dedicó unos minutos y fue amable y educado con nosotros. Yo llevaba un ejemplar de mi novela en el bolsillo. Querría haberme comportado como un joven-escritor-que-se-abre-paso-en-el-panorama-literario. Pero no se la di a Fresán. No se la di a Ignacio Echevarría, que dirigía la semana sobre Bolaño. No se la di a ningún otro tertuliano. No se la di a nadie del público (me pareció ver, al otro lado de la sala, a alguien que coincide con la descripción de Ibrahim Berlín/Antonio J. Rodríguez, pero después de la conferencia desapareció como un espejismo). Me la he traído de vuelta a casa, porque me daba vergüenza pedirles su tiempo de lectura. Uno publica su primera novela y debería afrontar todas las consecuencias, pero uno tiene sus días tontos.

Ayer, en este cumpleaños blog, también me fui con la curiosidad de leer a dos de los ponentes de la conferencia. Hasta ahora no les había seguido la pista a A. G. Porta y a Patricio Pron. Me llamaron mucho la atención. Aquí les dejo una foto de esas que atestiguan que yo-estuve-allí:

 

 

Mesa redonda sobre Roberto Bolaño. Participantes: Dunia Gras, Rodrigo Fresán, A. G. Porta y Patricio Pron

Reportaje del diario “El Mundo” o cómo convertirse en un novísimo de la poesía malagueña

El viernes pasado aparecí en un suplemento cultural malagueño del diario El Mundo. Fue a propósito de un reportaje en el que se quiere conmemorar el 40 aniversario de la famosa antología de los Nueve Novísimos. Dado el carácter local de la publicación, han escogido a otros nuevos nueve novísimos dentro del ámbito malagueño. Y ahí estoy yo, sí señor. ¿Quién lo diría?

Lo verdaderamente desternillante es que, desde que soy lector de poesía, siempre he estado despotricando en contra de la generación de los nueve novísimos por la absoluta falta de interés literario que me suscita la mayoría de ellos. De entre todos, me quedo exclusivamente con Leopoldo María Panero (¡oh, Flash Gordon, en qué galaxia tu nave ha encallado!). Ahora, como un chiste contado así a bocajarro, aparezco haciendo de novísimo para la prensa.

Esto me parece de un sentido del humor exquisito, quien me conozca y lo vea se tiene que estar riendo. De hecho, mi amadísima Elisa Calatrava ya se ha reído mucho. Y Lucas Martín, que también aparece en el reportaje, se tiene que estar riendo más que nadie de mí mismo y de sí mismo. Lucas, eres un novísimo, jajajajaja. Y sales en la foto con cara de maldito, jajajajaja. A ver si me llamas un día por teléfono y te dejas de mutismo universal, jajajaja. Por cierto Lucas, el fragmento de Cuaderno intervenido que  te han publicado en el reportaje ha sido muy celebrado en esta casa. Elisa y yo estamos muy contentos contigo. Perdón, matizo, Elisa y yo estamos muy contentos con tu obra poética. El poema que me han publicado tampoco está mal, ¿no? Y por ahí hay dos o tres más que me han dejado muy buena impresión. Son tan novísimos como tú y yo, jajaja. Lucas, que sepas que tú eres el gran gurú de esta generación improvisada de novísimos malagueños, jajajajaja. Eres el John Ashbery de la poesía malagueña. Yo, ni siquiera soy el Charles Simic. Pero eso sí, si hay que establecer correspondencias con los nueve novísimos de Castellet, me pido ser Leopoldo María Panero. Me lo pido prime. Tú cógete el que quieras, Luis Alberto de Cuenca, por ejemplo, jajajaja. Bueno, vale, ahí me he pasado. Ya está, dejo las bromas.

Bien, para quien tenga interés en ver el reportaje, lo adjunto en pdf: Reportaje diario El Mundo.

P. D. Gracias a Cristóbal González Montilla por haberme incluido

 

 

Entrevista en el diario “El Mundo” (y apuntes para una representación de mí mismo)

El otro día, me hicieron una entrevista para la sección malagueña de el diario El Mundo.

El periodista fue muy amable conmigo y accedió a hacerme al menos media entrevista vía mail. Además, se esforzó en trasladar mis respuestas con la máxima literalidad posible. Aunque he de reconocer que el titular -así, descontextualizado- es como para que a uno le entren ganas de partirle la cara al tío de la foto, es decir, a mí.

De hecho, con representaciones así de mí mismo, creo estar ganándome con creces todas las papeletas para que me tilden de modernete. Y, ya saben, esto es como el tema de las brujas en la época de la Inquisición. Al primer comentario que huela a posmodernidad, alguien puede señalarme con el dedo y gritar: “¡modernete, modernete, modernete!”, y así despertar a las masas y planear mi destrucción.

A uno le gustaría parecer un reaccionario gruñón, compungido y, además, un soso. Eso resultaría infinitamente más divertido que cualquier otra pose. Pero ni siquiera la boina de esta foto me ayuda a conseguir ese aire. ¡Qué maravilla sería parecer tan despreciable como Michel Houellebecq en sus mejores momentos! Estoy deseando que alguien empiece a hablar mal de mí en algún sitio para ver qué impresión suscito. Hasta el momento, solo puedo citar a Tristan Tzara: “me parezco muy simpático”.

Por cierto, al entrevistador se le ocurrió decir en su introducción que mis primeras líneas conocidas tenían “rima y ritmo”, como no esté hablando de mi reconocida afición adolescente al hip hop (que sigo manteniendo) no entiendo a qué se refiere.

(La entrevista en pdf está colgada en la sección DANIEL ESPINAR)

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Reseña de “Niño hipotético” en Koult.es

Hoy ha aparecido una reseña de Niño hipotético en la revista digital Koult.es. El reseñista, Sebastián de Cheshire, ha conseguido alegrarme tremendamente el día. Una de las razones por las que uno publica un texto es para tomar puntos de referencia que sirvan para enfrentarse a la escritura de un nuevo texto. Es decir, para aprender sobre las posibilidades de uno mismo a través de las lecturas de los demás. Pues este señor me ha enseñado un par de cosas sobre mi novela. Ojalá esta fuera la dinámica con cada lector.

Les dejo el enlace a la reseña y, además, la copio aquí:

Daniel Espinar (Málaga, 1982)  ha reabierto la elasticidad de los sistemas fragmentarios con la narración de su primera novela. Un corpus secuencial diseminado en torno a las aspiraciones de sus protagonistas, que se encargan de abordar la temática del deseo por medio de una estructura casi tricéfala: Simón Levy declara, Alicia Fábregas matiza, y Henry Lukács salpimenta la trama. Un tratado higiénico sobre las relaciones personales donde se intuyen el rédito epidémico entre  personajes conectados ocultamente y la metodología multidimensional que acota límites a la percepción, porque Daniel Espinar agota un pulso en la escritura con el que consigue una semántica insinuada, es decir, dejando al lector casi a la intemperie de la palabra no dicha en un campo de preguntas vinculantes.

Huida: ¿La renuncia al pasado es producida por la angustia de los hombres que se buscan entres significaciones?

Simón Levy comprende lo que antes no entendió; lo que sobraba antaño, ahora lo necesita; lo que fue caliente sensación, hoy es frío análisis. Así podría estar enumerando, caóticamente, sin llegar al final. Por ejemplo, a la inversa, imagino que Galileo Galilei, al recibir la noticia de su perdón a los 368 años de su muerte, estaría soñando con demostrar a sus represores lo razonable de su teoría del heliocentrismo, pero ante tanta estulticia reclamaría a voces su vuelta a la eternidad. La constante renuncia a uno mismo, por mucho que hayamos perdonado a María Magdalena y consentido la ingenuidad de Pedro, dicen que conduce a una realización desinteresada, aunque esto es servil y puede que nunca haya forma de ser como realmente se es.

Búsqueda: ¿Implica toda búsqueda un comportamiento político?

Niño hipotético insiste en la idea de la progresión de la identidad, y para ello alude a un esquema psicosocial basado en tres conceptos: reflejo, sombra y huella (empatía, desamparo y derivación). El primer acercamiento puramente relacional entronca de manera firme con una autocontemplación aristotélica tendente, por cansancio, a la conciencia de alteridad o asunción del otro como concordia explotable. Es decir, el estadio diseñado para la gestación de un altruísmo que, con la biología evolucionista en la mano, es siempre recíproco o, dicho de otra forma: las relaciones de interés son las que mejor funcionan y conducen,  por último, a través de arquetipos basados en disonancias cognitivas, a la inminente degeneración resultante del ser humano, a la carestía de la ética y al simulacro de la conducta.

Dentro de este dispositivo por resolver actúa como interludio el garbo en los escenarios, ya que Niño hipotético es un compendio de proyecciones marginales pergeñado bajo el gusto desopilante de la seriedad ensoñada: Margaret Thatcher y Helena de Troya compiten en la cima de una pirámide por un hombre, la incompatibilidad de ser un gato y llamarse Baudelaire, policías que leen a Schopenhauer, estudios sobre las tendencias literarias en cada línea de metro, antenistas que buscan un punto en el cielo donde  es posible encontrar todas las ondas del mundo, células de alta concentración salina que abogan por el terrorismo, e.t.c. Ejemplos, en definitiva, de un constructivismo matizado, de una gran avenida Nevsky llena de contrastes capaz de arruinar a Robbe-Grillet, que afirma que si la teoría es válida, ya no hay necesidad de obra.

Amigos, Daniel Espinar ha escrito una novela similar a uno de esos naipes eróticos en los que desnudar a la pin up que figura en el dorso depende de la maestría de un interlocutor con la yema del dedo impregnada en saliva, en ganas. Pequeñas variaciones sobre el binomio latente exhibición/exposición.

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Reseña de “Niño hipotético” en La Opinión de Málaga

Hoy ha aparecido la primera reseña de Niño hipotético en un medio de comunicación. Parece que al señor que escribe esta reseña le parezco un bloguero muy molón y un escritor muy modernete. Ya ven ustedes, así somos los jóvenes escritores de hoy en día. Como en esta imagen apenas se puede leer el texto, he colgado el pdf en el apartado de DANIEL ESPINAR y, además,  lo copio aquí:

Daniel Espinar, debut de culto y eficacia

La editorial Alfama publica la primera novela del poeta y agitador cibernético; prosa imaginativa, hilarante, adictiva y sutil

En los últimos años, Daniel Espinar ha dado muestras de un talento extraordinario en el uso de la Red. De un modo deliciosamente cínico, a ratos circense y siempre laborioso, ha sabido urdir una campaña de proyección de sí mismo proporcionalmente equivalente a la de las estrellas del rock que arman su gloria a través de myspace. Reseñas de libros, comentarios variopintos en la prensa y alianzas estratégicas forman parte de su acervo paisajístico en internet, donde ha despertado la simpatía de autores como Vila-Matas. Si eso es suficiente para convencer a un mercado tan celoso y gruñón como el literario resulta todavía una incógnita, pero lo que está claro es que Espinar cuenta con un salvoconducto distinto y exultante: su libro.
La apuesta de la editorial Alfama, que le ha abierto las puertas a su primera novela, Niño hipotético, amerita audacia y vivacidad, dos elementos poco frecuentes en un sistema tradicionalmente autocompasivo y poco dado al experimento. Especialmente, si se tiene en cuenta que Daniel Espinar no lo pone fácil. A simple vista, sus atributos podrían espantar al lector impaciente y despechado con las fórmulas de la posmodernidad. Una novela que se inicia con epígrafes de guión cinematográfico y que alude a Bill Murray y al situacionismo parece concebida para levantar sospechas, aunque nada más lejos de la realidad. La lectura del libro es la terapia perfecta para combatir los prejuicios e, incluso, la fisonomía del escritor, condenado irremediablemente a ingresar en la lista, ya amplia, de sosias de Rodrigo Fresán. El libro deja las argucias internautas de Espinar, que ya había destacado en la poesía, en un mero complemento para iniciados. Su prosa está destinada a convencer, aunque eso sí, de un modo extraño y, por tanto, más valioso. El autor utiliza recursos y tramas de escritor multirreferencial e imaginativo, refuerza su candidatura a autor de culto y comercialmente marginal, pero lo hace de una manera que lo habilita para todo tipo de audiencias. Un acierto de equilibrio y sutileza en el que asoman ecos de Blanchot, de Bolaño, de Vila-Matas y, por supuesto, también de Rodrigo Fresán.

Juzguen ustedes mismos: ¿qué impresión les causaría esta reseña de un autor joven y desconocido?

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Un año de miedo a la literatura

 

Me acabo de dar cuenta de que hace ya algo más de un par de semanas que este blog cumplió un año. En realidad, sería un tanto redículo que me pusiera a  recapitular lo que ha ido ocurriendo aquí, porque ni siquiera llegan a 40 los posts publicados durante este periodo.  Pero ya que en la actualidad me veo abocado a ser terriblemente bipolar (por las noches llevo traje y corbata en la recepción de un hotel y por las mañanas visto pijama y pantuflas frente a un temario de oposiciones), aprovecho cualquier oportunidad para teclear algunas líneas, al menos hasta que acabe mi lenta y pausada lectura y les pueda contar algo sobre ella.

La cuestión es teclear. Que parezca que uno está escribiendo. La idea es usar el blog como placebo ante el miedo a la literatura. Este blog comenzó algún tiempo después de acabar Niño hipotético (que saldrá en febrero en la editorial Alfama) y, en ese momento, volver a escribir resultaba imposible. Que yo sepa, solo existen dos estados anímicos en un escritor: 1) estar escribiendo la mejor obra de tu vida y 2) dejar de escribir. Estos dos estadios se van alternando en perídos variables e imprevisibles.  

 Este blog también apareció por culpa de mi manía referencial. Mi historia de la lectura personal se estaba convirtiendo en una hermana siamesa de mi historia de la escritura y, para colmo,  se estaba llevando la mejor parte de los pulmones. Tan solo era necesaria una pequeña intervención quirúrgica sobre ambas para hacerlas independientes. Por eso, este blog me ayuda a exportar un gran cupo de objetos culturales que la narrativa no merece soportar.

Y también apareció coincidiendo con la publicación de las obras de Lucas Martín y Cristof Polo. Dos autores fundamentales para la literatura mundial (o al menos fundamentales para lo que yo entiendo por literatura mundial). La idea es que ellos se unieran y postearan aquí de vez en cuando, pero, más allá de alguna intervención del señor Polo, ese proyecto no ha tenido demasiado éxito. Por lo tanto, esto ha vuelto a convertirse en una historia de la lectura personal.

Veamos cómo prosigue este proyecto. A estas alturas ya saben que no se trata de un blog de crítica literaria. ¡Uf, menos mal! Otro no.

 

¿Quiénes son Lucas Martín y Cristof Polo?

Hay algunas sillas al fondo de la librería Laie poco antes del comienzo. Y una mesa con sus nombres impresos en carteles y agua y los libros de Lucas Martín y Cristof Polo. Yo estoy más nervioso que una madre ultrauterina. Lucas y Cristof beben en la cafetería de arriba y aparecemos Elisa y yo y allí están los demás y todos tenemos una sonrisa enfermiza y nos miramos bizqueando de impaciencia y nadie quiere abandonar la familia. En la cafetería de la librería Laie se suceden las microhistorias. Pero nosotros nos hemos situado en una esquina. Aquí esperamos a que comience la presentación. Le dicen a Cristof que ya no hay marcha atrás. Bajamos. Ellos se sientan frente a un público superior a las mejores previsiones. Anotaciones a la gran ópera del pequeño Alprazolan 0.5, dice Lucas Martín. Cuentos premonitorios, dice Cristof Polo. Luego dicen otras cosas, algunas ya las dijimos en la Colonia de Santa Inés, o en Toulouse, o en el apartamento de Lucas, o en Hospitalet, y todas desembocan en ambos libros. Anotaciones a la gran ópera del pequeño Alprazolan 0.5, Cuentos premonitorios. Y así en bucles o espasmos o lecturas o pulsaciones o aspavientos hasta que los lectores esbocen la misma sonrisa enfermiza que tuvimos cuando esto no había comenzado aún.