Sueño americano / Sueño kafkiano

El desaparecido, de Franz Kafka

El desaparecido, de Franz Kafka

Una infección apriorísticamente secreta de la uña del pie derecho puede llevarnos hacia la más absoluta aniquilación. Solo es necesario que la uña consiga encarnarse y vaya desarrollando su proyecto paulatinamente hasta mostrarnos su “demasiado tarde”. De esta forma acabó mi pie derecho infectado hasta la altura del tobillo.  La infección alcanzó un estado de conciencia en forma de cojera. Después de cojear durante toda la noche en el hotel mientras preparaba el salón de los desayunos, me atreví a suponer que aquel pie deformado por una hinchazón roja y púrpura no sufría varices, sino cualquier otro destino del hombre.

Mi pie derecho dejó de ser un pie para convertirse en un espectro. De forma similar, El desaparecido, de Franz Kafka, propone un desarrollo paralelo al de mi pie al otro lado del océano. Hay que explicar esto: Todos sabemos que Kafka es el padre del siglo XX. Nos lo enseñaron desde pequeños o lo aprendimos a través de la experiencia. Él lo parió una tarde después de firmar unos documentos acreditativos y luego lo dejó olvidado en su mesa de despacho hasta nuestros días. El siglo XX por fin ha pasado y Kafka ya no lo encontrará en su escritorio cuando regrese mañana. Pero he de confesar una cosa, jamás había advertido que Kafka también inventó el sueño americano. Ahora comprendo el placer gracias a tantas horas de televisión. Cada vez que disfruto de una película de Hollywood basada en este esquema estoy releyendo El desaparecido antes de haber leído sus páginas.

También es sabido por todos que solo se puede triunfar en América previa desaparición formal. Mi pie derecho, por ejemplo, hubiera triunfado en América con suma facilidad. El desaparecido es una novela sobre el triunfo, del mismo modo que lo son El proceso y El castillo. Sus protagonistas alcanzan un éxito que no sospechaban al principio y que no querían. Pero nosotros sí queríamos gozar de su éxito. Nosotros hemos alimentado el siglo XX y su sueño americano a partir de las implacables tesis kafkianas. ¿Cuáles son estas tesis? No tengo ni idea. Pero los tres protagonistas de las tres novelas de Kafka viven el mismo destino, un destino muy parecido al de mi pie derecho. Del mismo modo, los tres protagonistas llegan a un fin dentro de tres novelas igualmente “inacabadas”. ¿Por qué no acabó Kafka sus tres novelas? No tengo ni idea. Pero me temo que si mi pie derecho consiguiera destruirme el mundo quedaría igualmente inacabado para mi desconsuelo.

De los tres personajes, el protagonista de El desaparecido parece tener mejor suerte que los demás. Ya sabemos cómo terminan El proceso y El castillo. Pero el caso que nos ocupa trata de un adolescente que parece cumplir su proyecto: vivir, después detodo, el sueño americano. Si su final aparenta ser más suave es porque el protagonista solo tiene 16 años. Es un adolescente, y Kafka no quiere exigirle un final drástico. Puede ser engañado. Puede engañarnos a todos con él y hacerlo vivir en el mundo de los hombres. Los protagonistas de las otras dos novelas ya eran adultos, por fin habían llegado al mundo y ya solo les quedaba sufrirlo.

En la contraportada de la novela se dice que Kafka reconoció la influencia de Dickens; supongo que por ser El desaparecido una suerte de novela de iniciación. Yo también creo ver a Dickens detrás de la cortina de Kafka, pese a que jamás he leído a Dickens y solo puedo vislumbrarlo si imagino cómo habría de escribir Dickens. De todos modos, El desaparecido es una bisagra que mantiene unido el siglo XIX al siglo XX inventado por Kafka. Después del gran siglo XIX donde la novela alcanza su madurez, era necesaria esta bisagra para que otra cosa fuera posible. Esta novela de iniciación que, al fin y al cabo, es precursora de una literatura que en Kafka siempre es una novela de iniciación al mundo. Podríamos decir que la literatura de Kafka siempre es una manera de estar en el mundo, por eso es tan útil y tan práctica, porque nos ayuda a tomar conciencia. Uno siempre debería salir a la calle con una novela de Kaka en una mano y con un palo en la otra para partírselo en las espaldas al primero que se tercie. Así quizá sobrevivamos a este proyecto.

A todo esto me pregunto: ¿cómo hubiera sido esta reseña enfocada desde mi pie izquierdo? No olvidemos que yo soy zurdo. Mi pie izquierdo está sano, y no sé si debería empezar a preocuparme.

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