Alan Moore en Bola de Dragón

La liga de los hombres extraordinarios (volumen II)

 

El verano ha hecho de mí el peor de los lectores, y solo he sacado algo en claro: solo soy capaz de funcionar si adopto rutinas; de lo contrario, dilapido mi tiempo como si no fuera a acabarse nunca. En esta entrada, si el verano no lo hubiera mandado todo a la mierda, yo estaría hablando de La broma infinta, pero eso tendrá que esperar. Así de triste es la vida. Sigo en ello, pero perdí la velocidad de crucero. Opté por algunos planes alternativos, rápidos y efectivos. Pero todo era un barrizal. De todos modos, creo que ya tengo un pie fuera. Traigo a una panda de superhéroes conmigo.

Deberíamos hacer un Club de Lectura de las Segundas Partes. Un club cuya única misión fuera la de registrar todo tipo de secuelas, toda intención de desarrollar una saga. Un club que no se preocupara por la idea original, sino por la dilatación de una idea. Yo propondría, si me invitaran a formar parte de este club (cosa que dudo mucho) que habláramos del segundo volumen de La liga de los hombres extraordinarios, de Alan Moore.

Ya hablé aquí del primer volumen y de la panda de superhéroes formada por personajes de la literatura fantástica del s. XIX. A estos superhéroes les hacían falta nuevas aventuras para mantenerse en forma. Pero, ¿cómo encontrar rivales dignos para los hombres más extraordinarios de la Inglaterra victoriana? Yo creo que en estos casos el recurso más efectivo es el de Bola de Dragón, la teleserie que me enseñó que cuando derrotas a un difícil rival, te haces más fuerte y esperas la llegada de un rival más poderoso que el anterior. El nuevo enemigo siempre espera pacientemente su turno, llega en el momento apropiado, cuando has terminado tu misión y te encuentras en condiciones de enfrentarte a una nueva amenaza.

Otra regla fundamental de Bola de Dragón es la aparición de personajes que, de un modo u otro, se adhieren a la causa de Son Goku si la cosa se pone demasiado fea. Algunos, con mucho por redimir, como Piccolo o Vegeta, otros aparecidos deus ex machina, como es el caso de Trunks. Parece ser que aquí Alan Moore también ha seguido los resortes de Akira Toriyama, pero jamás se me ocurriría desvelar quién es el nuevo portento que presta su ayuda a nuestra superbanda literaria.

Supongo que huelga decir que Alan Moore dista mucho de Bola de Dragón en uno de los mecanismos más cutres de la teleserie. Algo que no se ve tan claro en la juventud de Son Goku, pero que se convierte en una evidencia macabra cuando se llega a la serie Z. Me refiero a que todos y cada uno de los capítulos forman parte de un loop hipnótico e invariable en el que se repiten incansablemente las fases de la pelea y la naturaleza de los escenarios.

No sé, de hecho, con qué ojos verá Alan Moore la narrativa de Bola de Dragón. Pero yo soy un completo damnificado desde la infancia. Todavía insisto en ver el mundo a través de los ojos de Son Goku.

El siglo XIX de Alan Moore

La liga de los caballeros extraordinarios, de Alan Moore

Hace ya varias semanas fui por primera vez al Círculo de Bellas Artes de Madrid. Mola mucho ir a sitios así. En estos sitios uno se siente -todavía más si cabe- amante de las cosas del conocimiento. Mi amadísima Elisa Calatrava dijo un día en casa: “¡Expresionismo alemán, por favor!” Y yo busqué en Internet, y ese fin de semana estábamos viendo una película de F. W. Murnau en el cine del CBA. Así de gratificante es la vida.

Amanecer, de Murnau, ordenó un poco los muebles de mi cabeza. Ustedes saben que yo soy un modernete despreciable. Tendrían que ver el mohín que ponía, en ocasiones, al toparme con el s. XIX. Solía refunfuñar y resoplar. Pero llega un día en el que a los niños empiezan a gustarles las verduras. Mi día llegó cuando vi Amanecer y presencié cómo Murnau se apoderaba de la literatura del siglo XIX para hacer cine. De algún modo lo vi claro: solo se puede ser un modernete tolerable si el juguete favorito es el siglo XIX.

Eso también lo sabe Alan Moore. Debería quedarnos claro porque este señor ha hecho Watchmen, pero también ha hecho From Hell. Y si no somos capaces de trazar la línea entre ambas obras, el propio Moore se encargó de acercarlas con La liga de los caballeros extraordinarios. ¿A que así se ve todo más claro?

Ya teníamos a los superhéroes. Solo había que formar con ellos una pandilla de macarras y mandarlos a partir caras por esas calles del Londres victoriano. ¿Cómo no lo habíamos advertido antes? Todos estos personajes literarios, sutilmente diseminados en distintas obras literarias de distintos autores, solo pretendían ocultar su identidad, porque -ya queda claro- eran, en realidad, los X-Men luchando contra Magneto. Edward Hyde/Lobezno o Srta. Murray/Jean Grey, por poner algún ejemplo.

Superhéroes en el mundo de Baudelaire. Al menos, yo imagino la idea de ciudad de Baudelaire tal y como París y Londres aparecen retratadas en este cómic. ¿Por qué no introdujeron a un tipo con el pelo pintado de verde en busca de absenta? Supongo que porque en 1898 ese tipo ya había muerto. Estoy seguro de que algunos de estos superhéroes habrían hecho buenas migas con él, habrían hablado en los bares sobre esa conciencia de cambio de siglo que, por cierto, se hace tan evidente en las obras victorianas de Moore.

Imagino ahora, de hecho, a Alan Moore guionizando un biopic sobre Baudelaire. ¡Por favor, si hay algún dios de las casualidades absurdas, que escuche mis plegarias! Imagino que Moore utilizaría, entre otras cosas, ese biopic para continuar construyendo esa divertidísima apología del anarquismo que aparece hasta en la sopa. Conspiraciones desde el poder por todas partes, en La liga de los caballeros extraordinarios, en V de Vendetta, en From Hell, en Watchmen. Y la verdad es que le doy toda la razón. Solo nos falta el biopic de Baudelaire para representar al individuo libre.

Eso no lo tendremos. Pero acabo de darme cuenta de que solo he leído el primer volumen de lo que parece una saga de tres partes. Mi felicidad es incalculable. Más aventuras. Más siglo XIX. ¡Oh yeah!

La gran boca de Alan Moore

V de Vendetta

Para que ustedes lo sepan, se me da verdaderamente bien hablar y hablar sin tener ni idea de lo que estoy hablando. Me gusta pensar que no lo hago porque quiera fingir ser un entendido en las materias que me son extrañas, sino porque solo lo que me resulta extraño despierta mi interés y me hace hablar.

Por lo tanto, soy un bocazas. Pero Alan Moore es otro bocazas. Alan Moore tiene una boca más grande que la mía, y un aliento que nos hace levitar con un cómic de kilo y medio en los brazos. Por suerte, él tiene algo que decirnos. Y en lugar de escritor de cómics podría haber sido director de márketing de una gran empresa de gel de baño y seguiría teniendo cosas importantes que decirnos. Alan Moore también podría haber sido Leonardo da Vinci, con esa barba podría haber sido cualquier cosa.

Me gusta hablar de lo que me resulta extraño y por eso debería comenzar a hablar sobre el cómic, pero me gusta mucho más hablar de Alan Moore e imaginarlo en situaciones graciosas. No es para menos, V de Vendetta no es para menos. Voy a decirlo ahora, antes de que me arrepienta:

Alan Moore es Dostoyevski.

¿Nadie se había dado cuenta? Con esa barba podría haber sido cualquier cosa. Quiero que quede claro: Alan Moore tan solo podría haber sido Leonardo da Vinci, pero sin embargo es Fiodor Dostoyevski. No me cabe duda. Siempre he defendido que Dostoyevski es un alienígena, y que el Realismo psicológico solo se puede escribir desde una posición extraterrestre. Pero dejemos esto para cuando hablemos del antiguo Dostoyevski, del que decidió esconderse bajo una máscara rusa a lo Men in Black. Ahora hablamos del recién llegado, del advenimiento. Por su procedencia humilde, al advenimiento se produjo en el mundo del cómic. Quizá si hubiera pertenecido a una familia inglesa adinerada, se hubiera convertido en ingeniero de Fórmula Uno, así habría confirmado su tendencia da Vinci.

V de Vendetta no hace más que confirmar lo que ya pensé leyendo From Hell y Watchmen.  Ante todo, Alan Moore es un ideólogo y un estratega. Alan Moore no puede mantener la boca cerrada, porque él tiene un discurso en forma de pez rémora. En sus obras, los dibujos de cualquiera de sus colaboradores se convierten en un ensayo. No son un mero método de representación, sino que adquieren un carácter de exposición, del mismo modo que ocurre en un museo cuando un determinado número de objetos se organiza de una forma concreta formando un posible recorrido. Los dibujos que diseñan los colaboradores de Alan Moore siempre aparecen vampirizados por la ideología Moore y, por tanto, organizados por el discurso Moore. ¿Esto es siempre así en el cómic? No tengo ni idea.

Esta organización de la imagen, provocada por  el discurso ideológico que siempre imprime Alan Moore, es lo que nos lleva a su caracterización como estratega. Alan Moore siempre acaba teniendo un plan, por eso me lo imagino proclamando a sus dibujantes la frase que el Coronel John “Hannibal” Smith siempre repetía al resto del Equipo A: “Me encanta que los planes salgan bien”.

Porque, afortunadamente para todos los lectores posibles, a Alan Moore los planes siempre le salen bien. Siempre da con la estrategia para que sus guiones y las viñetas hagan ¡click!. En la lectura de las obras de Moore siempre he tenido la misma sensación: todo se desarrolla con un ritmo perfecto que hace que ambas partes encajen. Para mí está claro que sus estrategias siempre se basan en el ritmo, en esa pulsión que te desliza de un punto a otro de la página sin que te des cuenta, hasta que en la esquina inferior derecha tomas conciencia del balanceo.

Por esto, Alan Moore es tremendamente conmovedor. No importa que nos hable del apocalipsis, que nos plantee una distopía, que nos dé la vara con el anarquismo, o que nos revele una conpiración masónica en el Londres victoriano. A mí siempre me dan ganas de abrazar a este señor. Por ejemplo, en V de Vendetta (que se supone que es la obra que hoy me traigo entre manos) el personaje de V, un terrorista/anarcohéroe, es un tipo que no deja de sonreír gracias a su máscara y que ya lo quisiera yo como hermano mayor con el que quedarme charlando en dos camas litera hasta altas horas de la noche.

Si no lo han visto nunca, ¿cómo se imaginan a Alan Moore? Aquí les dejo un vídeo en el que una entrevista le sirve para tejer un largo monólogo (esta vez sin viñetas, esta vez él mismo da la cara y nos muestra su gran boca).

 

 

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