Deleuze y Guattari harán de mí el modernete definitivo

Rizoma. Introducción, de Gilles Deleuze y Félix Guattari

Una de las cosas que más molan de mi trabajo es estar rodeado de compañeros que saben muchísimo más que yo de otras materias distintas a la mía (aunque, por cierto, los compañeros con los que comparto materia también saben muchísimo más que yo). Esto me trae multitud de ocasiones en las que puedo aprender algo. El otro día, por ejemplo, un compañero me recordó qué era aquello de la jaula de Faraday, y me fui a casa muy contento. En otras ocasiones, vampirizo a mis compañeros de filosofía, los hago hablar cada vez que puedo, no los dejo tranquilos ni en la hora del café. Supongo que por eso uno de ellos decidió vengarse invitándome a leer a Deleuze y a Guattari. Él dijo: “Rizoma. Introducción” y yo le contesté: “Te devuelvo el libro lo antes posible”. Si no me siento capaz de enfrentarme a Mil mesetas, al menos podría intentar subir esta primera cuesta.

Leer sobre la idea de rizoma plantea varios inconvenientes: 1) Ahora entiendo mejor esta idea, pero la entiendo menos; 2) un tipo sedentario y de hábitos inmutables (como lo soy yo) puede acabar atemorizado ante semejante idea y 3) la palabra rizoma suena muy bien y ahora no voy a poder quitármela de la boca, por lo que mi condición de “modernete” va a intensificarse sensiblemente. He caído en desgracia. No sé qué va a ser de mí a partir de ahora.

Tener hijos no es rizomático

Hasta hoy creía que el cuento de las abejas y las flores servía para explicarle a los niños cómo funciona eso de la procreación. He descubierto, gracias a Deleuze y a Guattari, que el símil da mucho más de sí y se inserta perfectamente dentro del pensamiento posmoderno. Ya que, para explicar la idea de hacer rizoma, se usan los términos de desterritorialización y reterritorialización siguiendo el proceso de polinización de la orquídea a través la abeja. El mismo cuento con un uso radicalmente distinto, dado que en este caso se nos plantea una estructura rizomática, y el cuento de toda la vida habla de la descendencia, es decir, de una estructura arbórea. “El rizoma es una antigeneaología”, dicen los amigos Deleuze y Guattari.

Curiosamente, este modo de desmarcarse de la genealogía por ser una estructura arbórea me recuerda a una cosa que aprendí de Lévi-Strauss. Creo recordar que este señor, en sus investigaciones etnográficas, llegó a la conclusión de que el tabú del incesto (incesto, pienso yo, como ruptura de la descendencia en una sola dirección) existía en todas las culturas, aunque, en cada una, el incesto seguía una dirección diferente. Por ejemplo: madre-hijo, o hermano-hermana, o padre-hija, etc. Esto me hace pensar (sencillamente porque se me vino esta idea a la cabeza) que el incesto es otro buen ejemplo de rizoma dentro de la cultura. No sé, estaría bien que alguien me aclarara lo que acabo de apuntar.

Mi mala orientación y el uso rizomático del mapa

Desde que mi móvil tiene GPS he ganado seguridad en mí mismo. Ahora soy yo quien decide adónde va y no mi falta de norte. Cuando utilizo un mapa, me aprovecho del trabajo de otro, sigo los pasos que él me dicta. Intuyo que los amigos Deleuze y Guattari me darían dos tortas por hacer las cosas así, porque estoy trabajando con un calco, estoy siguiendo un modelo. En cambio, si me muevo por las calles de una ciudad a través de mi desorientación, estoy seguro de que ellos me dirían que produzco una cartografía, estoy haciendo rizoma, y yo que creía que la ausencia de mi sentido de la orientación me llevaba a hacer otras cosas, como, por ejemplo, desesperarme ante una absoluta falta de puntos de referencia.

La Pantera Rosa en contraposición al Coyote y el Correcaminos

Me encantan los dibujos animados. Lo que más me gustaba cuando veía al Coyote intentando cazar al Correcaminos era cómo se me ofrecían innumerables variables de un mismo modelo. Cualquier método de caza que utilizase el Coyote siempre partía de la misma motivación. Así se lograban variaciones sobre un mismo tema. Claro, el problema del Coyote era que su única motivación repetía una y otra vez un fracaso inminente, el desierto rocoso acababa frustrando siempre su tarea. Al Correcaminos le venía muy bien eso de poder correr en campo abierto, esto hacía que el Coyote se encontrara en clara desventaja. Pero ¿qué pasaría si el Coyote pudiera haber elegido las reglas del juego?, ¿qué pasaría si el Coyote no eligiera solamente los instrumentos ACME, sino que pudiera modificar todas las condiciones produciendo así un mundo a su antojo? O, voy más allá, ¿qué pasaría si el Coyote decidiera que el Correcaminos ya no es su centro de atención? Si todo esto ocurriera, supongo que el Coyote se habría transformado en la Pantera Rosa, capaz de pintar el mundo según sus deseos. “La Pantera Rosa no imita nada, no reproduce nada, pinta el mundo de su color, rosa sobre rosa, ese es su devenir-mundo, para devenir imperceptible, asignificante, trazar su ruputura, su propia línea de fuga […]”, dicen los amigos Deleuze y Guattari. Por cierto, ¿a ustedes les gustan los dibujos animados?

¿Todo vale?

Creo que sí y creo que no. Creo, además, que ambas respuestas se tienen que dar a la vez para referirse a las multiplicidades de la estructura rizomática. Esto de defender ambos opuestos es una contradicción si entendiéramos el rizoma como modelo, pero el rizoma -creo haber entendido- es más bien una herramienta. Que cada uno haga con él lo que considere oportuno.