Sherwood Anderson es de mi pueblo

Winesburg, Ohio, de Sherwood Anderson

Winesburg, Ohio, de Sherwood Anderson

Abro Miedo a la literatura y WordPress me avisa de que hoy es el aniversario del blog. Siete años alimentando este egotismo maquillado de reseñística literaria. Siete años mirándome al ombligo cada vez que leo un libro. En mi caso, es falso eso que dicen de que la literatura te invita a ser otras personas, porque la verdad es que todos los libros hablan de mí. No hay otro tema, no existe otro personaje.

Se me había ocurrido, por ejemplo, para hablar sobre Winesburg, Ohio, de Sherwood Anderson, contar que yo soy de pueblo, que yo he tenido mi propio Winesburg, Ohio, titulado Vva. de Algaidas, Málaga. Que, al fin y al cabo, yo también he tenido -como George Willard- mi propio bildungsroman desplegado más en el espacio que en el tiempo, que el pueblo también ha sido un personaje narrativo determinante en mi vida y que la forma de narrar de Anderson, tan natural y desgarbada, es la de la gente reunida en las puertas de las casas en las noches de verano.

Quizá, por todo esto, estaba deseando salir del libro para recordarlo con cariño inmediatamente después de leído. No sé por qué, se me ocurre decir que Winesburg, Ohio, como mi pueblo, es un lugar para no estar; para haber crecido en él, pero para no estar allí nunca más. Y he de reconocer que la mayoría de sus cuentos han hecho clic en mi cabeza, que sus sutiles parábolas han iluminado algo, pero he reconocido demasiados paisajes cada vez que se encendían sus luces.

Da igual que Winesburg sea un pueblo norteamericano ambientado en los años veinte, yo también estoy allí. Más que un lector, me siento un vampiro literario, cuya imagen solo se refleja en sus lecturas. Feliz séptimo aniversario.