A falta de Park bueno es Tsuchiya

Old boy, de Garon Tsuchiya

Old boy, de Garon Tsuchiya

La primera película que vi de Chan-Wook Park fue Old boy, hace ya bastantes años. Me causó una gran impresión, tanto por la fuerza de la historia como por el estilo y los recursos cinematográficos de este director. Fue un amor a primera vista, que, más adelante, se ha ido consolidando con las otras dos cintas de su Trilogía de la Venganza (Simpathy for Lady Vengance y Simpathy for Mr. Vengance), con Soy un cyborg, con Thirst y con Stoker. Sigo la trayectoria de Chan-Wook Park con entusiasmo y admiración, pero todavía tengo la espinita clavada de no haber sido capaz de regresar a Old boy. Aquella película dejó una extraña huella en mi memoria emocional, por lo que he intentado reavivar aquellas sensaciones viéndola de nuevo. Pero me ha sido del todo imposible, no la encuentro por ninguna parte. No hay manera de localizarla (por cierto, si alguien me la envía en un formato compatible con Mac se lo agradeceré muchísimo).

(Esta es siempre la primera escena que se me viene en la cabeza cuando pienso en el Old boy de Chan-Wook Park)

Todo este rollo es para justificar la lectura de Old boy, el cómic, el texto original, la obra de Garon Tsuchiya y para reconocer que no he sido capaz de leer este texto sin borrar la huella emocional de aquel otro texto cinematográfico. Buscar en Tsuchiya lo que hizo Park es un esfuerzo inútil, porque cada uno se mueve de forma distinta (Park lo hace de un modo extremo y desmesurado, pero infalibe; Tsuchiya con templanza y elegancia, como si el protagonista de su cómic estuviese inspirado en Humphrey Bogart), cada cual plantea su propia atmósfera con la que llenarse los pulmones de deseos de venganza. Tsuchiya no es Park y, en realidad, eso no es tan grave. 

Old boy es un juego sobre la construcción de la identidad, la venganza es solo el motor que ayuda a los personajes a autodeterminarse. La venganza, de hecho, es un lazo tan fuerte entre el protagonista y el antagonista que podría tratarse de un cordón umbilical, de un tránsito en doble sentido que nos lleva hasta un doppelgänger forzado por los acontecimientos y las decisiones vitales. El protagonista solo puede construir unas expectativas de futuro en relación con aquel del que desea vengarse y el antagonista ha construido su pasado reciente a partir de una prolongada venganza. Esta historia, pese a los giros de guion y a las vueltas de tuerca un tanto chirriantes, es un callejón sin salida en donde, poco a poco, vamos comprendiendo que no existe otra opción posible, para ambos ya no hay otra forma de ser uno mismo. Cuando uno acepta este destino, las páginas del cómic avanzan raudamente hacia el desenlace.

Y las páginas ayudan a que la lectura transcurra con velocidad. Este ha sido mi primer manga y, pese a mi desconocimiento técnico, me atrevo a asegurar que funciona de un modo distinto al manga europeo y al americano. Es como si el manga fuera un dialecto particular del código del cómic. Me ha parecido mucho más visual, con menos necesidad de diálogos y con mayor número de viñetas por página, muchas de ellas primero planos o planos detalle que sirven para darle amplitud visual a la escena y que, sin embargo, son puntos de apoyo sobre los que saltar rápidamente a la viñeta siguiente. El manga (recordemos que mi generalización se basa en un solo manga leído) se acerca más al lenguaje cinematográfico, tiene más afinidad con el frame que con la página escrita; quizá por eso las casi mil setecientas páginas (distribuidas en tres volúmenes) de Old boy hayan volado delante de mis ojos y me haya zampado semejante tocho en un plis plas.  Ahora bien, me sería de gran ayuda que algún entendido en manga apareciera para hacerme ver que estoy teorizando sin tener ni idea de lo que hablo.

Si me preguntan si, después de haber leído el texto original de Old boy, sigo echando de menos la mano de Chan-Wook Park les confesaré que sí. Park hizo algunos cambios de guion que funcionan verdaderamente bien y que le dan más fuerza y dureza a la historia. Pero eso no le resta valor a la obra de Garon Tsuchiya. Al fin y al cabo, como dicen en mi pueblo, a falta de pan buenas son tortas.

PD1: Acabo de encontrar una especie de making off sin entrevistas ni comentarios del director, una cámara voyeur que nos permite presenciar el rodaje durante tres horas y media.

PD2: Sobre la versión de Spike Lee solo tengo que decir que ni la he visto ni tengo interés en verla.

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