La revolución de Peter Weiss

Marat-Sade, de Peter Weiss

Marat-Sade, de Peter Weiss

De vez en cuando, hablo de política con la gente, en distintos ámbitos de mi vida, y, si me pongo a comparar todas estas conversaciones entre sí, es fácil darse cuenta de que siempre decimos lo mismo, siempre acabamos repitiendo las mismas ideas, hasta que acaban convirtiéndose en un mantra que calma nuestras desasosegadas conciencias. Nos falta originalidad, nos falta perspectiva, nos falta rigor, nos faltan proyectos y, ante todo, nos falta valor. Está claro que, de esta forma, ninguna revolución es posible.

A partir de ahora, voy a introducir en mis conversaciones sobre política a Peter Weiss y voy a aderezarlas con comentarios sobre su obra teatral Persecución y asesinato de Jean Paul Marat, representados por el grupo de actores del Hospicio de Charenton bajo la dirección del señor de Sade, más conocida como Marat-Sade (así es como me referiré a ella de aquí en adelante). No creo que con esto mi pensamiento político se vuelva trascendental ni nada parecido, pero estoy seguro de que Weiss servirá para ilustrar la encrucijada en la que hoy nos encontramos: pese a que consiguiéramos darle la vuelta a la tortilla, la tortilla seguiría quemándose por la parte de la sartén.

Hace unos días vi una de las numerosas conferencias de Slavoj Zizek que circulan por Youtube, titulada ¿Qué significa ser un verdadero revolucionario hoy día?, en la que, entre otras cosas, el filósofo recordaba que antes del Capitalismo existía una sociedad estamental. Este recordatorio plantea la posibilidad de que si lográramos destruir el Capitalismo podríamos volver a tropezarnos con esa misma situación. Dentro o fuera de este sistema, estamos volviendo a ese mismo estado de servidumbre, ya que si a finales del siglo XV las primeras sociedades burguesas empezaron a darle forma a lo que hoy conocemos por Capitalismo, tres siglos más tarde, tras la Revolución francesa, la burguesía alcanzó la misma posición privilegiada que tiempo atrás había ostentado la nobleza. Supongo que Jean Paul Marat, a finales del siglo XVIII, se dio cuenta de que las estructuras de poder apenas iban a cambiar tras la Revolución francesa, que todo quedaría en una simple transferencia de poderes, donde antes estaban unos privilegiados ahora podrían verse a otros. Quizá por eso apostó por una actitud mucho más radical y sangrienta, porque para que las estructuras de poder se vinieran abajo se hacía necesaria una acción brutal y devastadora.

Peter Weiss se sirve del discurso ideológico de Jean Paul Marat, truncado por su asesinato, a manos de la girondina Charlotte Corday, para contraponerlo al pensamiento nihilista del Marqués de Sade y así hacerse la pregunta de si es posible que la revolución erradique las jerarquías aplicando la violencia necesaria o si, por el contrario, cualquier derramamiento de sangre será insuficiente, porque siempre habrá alguien que logre hacerse con el poder y, por tanto, se convierta en un privilegiado.

MARAT

No os dejéis engañar, / cuando esté sofocada la revolución / y os digan que la situación ha mejorado. / Y aunque no veáis la miseria / porque la pinten de blanco; / y aunque ganéis dinero; / y aunque podáis comprar / aquellas cosas que a los industriales / les convenga venderos; / y aunque os parezca que la prosperidad / está al alcance de la mano. / No creáis en los que os palmean el hombro / asegurando que no hay diferencias, / ni motivos para seguir luchando. / Porque cuando os digan eso, / os lo dirán refugiados en sus castillos / de mármol y acero, / controlando todo y saqueando al mundo, / bajo el pretexto de defender el bien común. / Y cuidado si os mandan a la guerra / a defender sus vidas y sus bienes / con las armas que ha inventado el progreso / y la ciencia comprada a su servicio, / para destruir higiénicamente / a miles en minutos.

SADE

Aun viviendo enterrado en un baño, / ¿crees que la justicia es posible / y que la riqueza puede repartirse / entre todos igualitariamente? / Hoy condenan a uno / y le quitan su propiedad / distribuyendo entre otros sus bienes, / pero esos otros quieren enseguida / aumentarlos y especular con ellos, / exactamente como lo hicieron los anteriores. / ¿Crees que todos necesitan y producen lo mismo?

 

Que estos diálogos puedan producirse en Marat-Sade es, por cierto, una hazaña metaficcional que no había visto hasta ahora en la literatura. No solo se trata de “teatro dentro del teatro” ya que, como su título completo indica, la obra de teatro se ubica en el manicomio de Charenton, donde internaron al Marqués de Sade tras su encierro en la Bastilla, y es allí dentro donde el señor de Sade monta una obra teatral utilizando a los locos como actores para representar el asesinato de Jean Paul Marat. Los personajes de la obra de teatro que estamos leyendo entablan conversación con los personajes del teatro que se está representando dentro de la obra que tenemos entre manos. Sade discute con Marat pese a que este es un personaje de aquel, lo que me lleva a pensar que Peter Weiss quiere que yo, como lector instalado en la realidad, discuta con la ficción de Sade y la metaficción de Marat y, de todo esto, saque algunas de sus ideas en claro. Al fin y al cabo, leer no es más que dialogar en tiempo diferido.

Presenciar la representación de Marat-Sade ha de suponer un buen golpe en el estómago, un pellizco ahí dentro en donde reside el amor por la literatura. Algo así me expresó mi compañero Rodrigo cuando me habló por primera vez de Peter Weiss y de lo que experimentó cuando asistió a la representación de esta obra en los años setenta en Madrid. Cuarenta años después seguía emocionándose al recordarlo. En mi caso, hasta el momento, solo he podido disfrutar del texto, pero estoy seguro de que la impresión me acompañará durante mucho tiempo.

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