Yuri Herrera Cartoon Show

La transmigración de los cuerpos, de Yuri Herrera

La transmigración de los cuerpos, de Yuri Herrera

Cuando me pongan un riñón que me dé independencia quiero hacer un viaje a México. También a otros sitios, pero, sobre todo, me queda pendiente ese México que Roberto Bolaño se inventó para mí y que yo me sigo creyendo a pies juntillas. Ahora también quiero ir a México por Yuri Herrera. Quiero coincidir allí con mi amigo Gabo y con mi amiga Adri y preguntarles por Yuri Herrera, y pedirles que me lleven a donde el mundo se entreteje con el mismo lenguaje que el de La transmigración de los cuerpos.

Viajar a México quizá algún día sea posible, pero no contemplar la realidad como la propone Yuri Herrera fuera de su relato. Si pudiera presenciar lo que se cuenta en La transmigración de los cuerpos, asistiría a la labor de un hábil y cabizbajo gestor de la diplomacia callejera que logra que un conflicto entre dos familias no vaya a más. Sería una historia escueta pero potente. Me serviría como anécdota para repetir varias veces. Pero Yuri Herrera trabaja el lenguaje hasta hacer de esta historia la versión definitiva e improbable de lo que yo deseo contemplar, y no existe más allá que en el modo de ser contado.

Reconozco que me he sentido irrefrenablemente cautivado por la distancia dialectal que me propone, como quien ve un pájaro exótico y se le pone cara de bobo sorprendido; pero también he de confesar que me he emocionado como un niño con un juguete casual e improvisado cuando Yuri Herrera instala su registro casi en lo vulgar y, con ello, toca teclas que al nivel culto de la lengua se le escurre entre los dedos. Yuri Herrera trabaja el lenguaje sin complejos, adecuándolo a su propia escala, y el resultado es una contorsión que ensancha el pecho del lector y la historia que se cuenta. Todavía estoy paladeando las piruetas, las páginas, los recovecos de una historia muy corta que se tiene que acabar porque el movimiento ya está hecho.

Como si fueran dibujos animados, así es la literatura de Yuri Herrera. Como si hiciera falta inventar Hora de aventuras o Historias corrientes para mostrar lo que la cámara cinematográfica no ha enfocado. Creo en la importancia de los dibujos animados porque -ahora tengo un argumento- existe literatura como la de Yuri Herrera. Diego Zaitegui me recomendó esta obra y sospecho que a él también le gustan los dibujos animados.

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