John Williams y la portada más fea del mundo

Stoner, de John Williams

Stoner, de John Williams

Uno compra libros como si fuera a leerlos todos, como si no existiera el fin de la lectura. El otro día, por ejemplo, compré Stoner, de John Williams, además de otras cosas. Stoner posee el diseño editorial más feo que he encontrado en mucho tiempo y John Williams siempre había sido para mí el nombre de un compositor de bandas sonoras. Por eso esta novela apareció de la nada. Alguien me la puso delante y yo la compré a sabiendas de que jamás hubiera llamado mi atención por sí sola. Después comprobé que esta obra ha ido cosechando, como si lo hubiera estado haciendo a mis espaldas, críticas maravillosas en un montón de medios. Descubrí que Rodrigo Fresán y Vila-Matas, entre otros, lo habían flipado leyendo Stoner y que lo habían expresado públicamente. Todo este jaleo repentino creó en mí una expectativas que bullían dentro de mi abultado estómago.

Pero ya he leído la novela y ahora no sé cómo posicionarme al respecto. Se trata de una historia que te fuerza a hablar de su protagonista, William Stoner, para poder ser explicada con éxito, pero a mí no me apetece demasiado hablar de él. William Stoner es un personaje que me interesa más bien poco. Como alternativa, solo se me ocurre hablar de mí. Si todo el mundo adora tanto haber compartido con William Stoner sus vicisitudes y yo lo he hecho con cierta indiferencia, es más que probable que el problema sea exclusivamente mío. A lo mejor debería reconocerme a mí mismo que no me interesan las historias sencillas, las historias que prefieren posar su mano en mi hombro antes que darme una patada en los huevos. A lo mejor estoy condenado a creerme mejor que William Stoner, más interesante que él, más sofisticado. En realidad, no he dejado de compararme con él a lo largo de toda la novela. No he dejado de evaluarlo para evaluarme a mí al mismo tiempo. He puesto en tela de juicio su matrimonio, su carrera, su relación con su hija, su relación con sus amigos y compañeros, su postura ante la enfermedad, etc. ¿Qué significa todo esto?

Reconozco que John Williams escribe muy, pero que muy bien. Escribe extraordinariamente bien. Pero también debería reconocer que me he malacostumbrado a los fuegos artificiales y que John Williams es, por el contrario, una invisible corriente eléctrica. Esta historia que acabo de leer ocurre sola. Y no sé si me siento defraudado con ella o conmigo mismo.

A mí me hubiera gustado mandar a la mierda a William Stoner, pero solo he podido leer esta novela. El problema de que se trate de un personaje de ficción es que no he podido inmiscuirme en su vida y meterme con él, decirle cuatro cosas, pegarle una colleja.

Al final he acabado hablando del protagonista de la novela, y yo solo quería hablar de mí mismo. ¿O ha sido al revés? No sé. Bueno, por fin he cerrado este libro.