Bret Easton Ellis por culpa de Miguel Alcázar

American psycho, de Bret Easton Ellis

American psycho, de Bret Easton Ellis

Podríamos empezar echándole la culpa a Miguel Alcázar, a sus frecuentes referencias a Bret Easton Ellis como si de una soterrada campaña publicitaria se tratase. Hace poco pasé delante de una librería de segunda mano y vi un ejemplar de American psycho. Lo compré, le hice una foto y la subí a Facebook etiquetando a Miguel para que se diera cuenta de mi hallazgo. Esto provocó la siguiente conversación virtual:

MIGUEL ALCÁZAR: Wala! Tío, pues ya creo que son una rareza… Yo solo la tengo en inglés! A ver si te gusta… lo más seguro es que no, quizás.

YO: Bueno, habrá que leerlo para descubrirlo. A ver si le meto mano pronto. Sé que a ti te encanta, pero ¿por qué crees que a mí no me va a gustar? Quizá sea bueno estar prevenido.

MIGUEL ALCÁZAR: No, no: no sé. Solo que últimamente con todos los que hablo que se la han leído recientemente echan pestes de ella: que si ha envejecido mal, que si es superficial, que si aburre y demás etcéteras con los que no estoy nada de acuerdo. Pero bueno, siempre ha sido así: este escritor tiene el mismo número de detractores que de admiradores incondicionales.

YO: Entonces, se me ocurre preguntarte si hay alguna clave que tenga que tener en cuenta con él. Seguro que tú has visto algo que los demás no han visto.

MIGUEL ALCÁZAR: No, no: soy muy contrario a ese tipo de pensamiento por el cual “hay que saber” leer a un autor. Tú ve con tu bagaje cultural y con tus experiencias y ya veremos si surge el amor o el odio. En princpio, si te gustan las etiquetas “existencialismo”, “sátira social”, “narrador complicado”, “minimalismo”, “ironía”, “violencia”, te debería gustar. Y a ver, que la novela es muy famosa y respetada y le encanta a medio mundo, no creo que mi pasión por ella sea solitaria o rara. ¿Has visto la película? Aunque no está nada mal (es una buena adaptación convencional y comercial, tampoco mucho que ver con la novela, pero bien) espero que no, por temas de argumento y tono general. Creo recordar que te gustaba DeLillo, que es el maestro de Ellis, así que tienes probabilidades de que te guste.

YO: Sí, sí he visto la peli, qué le vamos a hacer. En cuanto a tu pasión, no es que sea solitaria y rara, sino que tengo en consideración tu opinión y no la de ese medio mundo del cual no me puedo fiar. Delillo me chifla. Eso es un indiscutible punto a favor en mi predisposición.

MIGUEL ALCÁZAR: Genial. Ponte a leer. Está excelentemente escrita, con un estilo elegantísimo, y tiene uno de los mejores narradores en primera persona que he leído nunca. A ver si te gustara. Yo la he leído cuatro veces ya.

YO: Pues mira, en cuanto termine “La mirada del observador”, es muy probable que le hinque el diente a Ellis. Puede ser una buena lectura para esta época de microviajes que tengo pendiente.

[…]

Y la conversación sigue. También intervienen otras personas. Pero lo dejamos aquí, porque ya se han hecho ustedes una primera idea. Además, ahora que la he leído, yo también quiero decir algunas cosas al respecto:

¿Por qué hay quien le reprocha a esta novela que ha envejecido muy mal, Miguel? Es cierto que se centra en una generación muy concreta, la de los yuppies, en donde hay quien vive con la convicción de que el triunfo ha llegado para quedarse, de que ya nada puede salir mal y de que la inmortalidad es un bien de mercado. Un capitalismo pletórico que hoy le parecería desarticulado e ingenuo incluso a un ser con tanta pose como Steve Jobs. Hagamos un ejercicio de expansión.

Empecemos retrocediendo, porque a mí me ha parecido ver a Patrick Bateman treinta años antes en Don Draper. El capitalismo en un estadio previo nos da un protagonista -igualmente guapo, rico, mujeriego y triunfador- que también oculta un secreto. Ni Draper ni Bateman son la persona que dicen ser. Ambos se ven obligados a mimetizarse entre los demás para sobrevivir como predadores. Ambos sufren por su secreto y, de hecho, lo que ocultan toma mayor peso cuanto más se esfuerzan en comportarse como les han dicho que hay que hacerlo. Entonces, ¿cuál es la relación entre Mad Men y American psycho? La novela de Ellis alcanza el paroxismo y, con ello, multiplica los síntomas de Don Draper hasta obligarlos a manifestarse a la manera de Patrick Bateman.

¿Y puede ser peor? Bueno, ya he mencionado antes a Steve Jobs. O, dicho de otro modo, a un psicópata como Patrick Bateman le puede dar por convertirse en místico y recorrer la vía purgativa, la vía iluminativa y la vía unitiva encapsulado en una limusina a lo Erick Parker en Cosmópolis. Lo que viene después ya lo conocemos, toda esa paranoia autojustificativa de la siguiente escena de Margin call (imaginen ahora a Patrick Bateman en este coche):

American psycho seguirá siendo una novela de actualidad mientras sigamos creyendo que Patrick Bateman no es el peor de los personajes que aparecen en ella. Y, a riesgo de resultar un pesado, vuelvo a la carga con Jean Genet. Su literatura es el único antídoto que encuentro a mano contra la ética y la estética que propone Ellis. Genet creó una obra capaz de paliar lo que se nos venía encima. Hay que leer más a Genet, Ellis nos lo recuerda. El ostracismo de Genet es el mejor remedio contra la homogeneidad que sufre Bateman.

Todos se confunden unos a otros. Todos son iguales. Todos son gente de éxito intercambiable:

-¿Por qué no echaste a Price?

-Dios mío, Patrick -dice ella, con los ojos cerrados-. ¿Qué pasa con Price? -Y dice esto de un modo que me hace pensar que se ha acostado con él.

-Es rico -digo yo.

Todo el mundo es rico -dice ella, concentrada en la pantalla del televisor.

-Y es guapo -le digo.

Todo el mundo es guapo, Patrick -dice ella, ausente.

-Tiene un cuerpo estupendo -digo.

– Ahora todo el mundo tiene un cuerpo estupendo -dice ella.

Todos se esfuerzan en seguir las reglas inclusivas del vencedor; todos se esfuerzan en ser la misma persona. Resulta tan extremo, patético, histérico y gracioso que, a pesar de haber perdido toda señal de civismo, se agarran a un libro llamado Elegancia: Guía de la ropa masculina de calidad como manual de comportamiento social. En toda la novela no apere ninguna otra brújula que describa buenas conductas, es fácil comprender que Bateman se sienta tan desorientado. Y, sí, he dicho gracioso, la novela es tan cruel y despiadada que resulta tremendamente divertida. Hay que parpadear mucho para discernir entre lo grotesco y el hiperrealismo de sus páginas.

¿Pero qué le pasa a Patrick Bateman, Miguel? ¿Por qué no es feliz?, ¿por qué necesita matar a esas pobres personitas para no sentirse vacío? ¿Acaso quiere llamar nuestra atención?

Da igual lo que lloriquee Bateman. Lo peor es que la culpa no es suya (no solo suya, quiero decir), porque sus amigos no van a ir a abrazarlo. Como he dicho más arriba, esta novela seguirá estando de actualidad mientras sigamos creyendo que Patrick Bateman no es el peor de los personajes que aparecen en ella.

Mi necesidad de seguir… un comportamiento homicida a escala masiva no se puede, bueno, corregir -le digo, midiendo cuidadosamente cada palabra-. Pero… no tengo otro modo de expresar mis… necesidades bloqueadas.

El cinismo de todo el mundo es tan amplio que Bateman puede hacer declaraciones de esta índole entre los suyos sin que ni uno solo de ellos pierda la naturalidad y la compostura. Es exactamente igual que la escena del coche de Margin call. Uno puede comportarse como un verdadero sociópata y luego quedarse tan ancho.

Patrick Bateman, además, podría ser un personaje de Thomas Bernhard. Los separa un estrecho lapso. Los separa el preciso momento en el que desahogarse verbalmente ya no funciona. Los personajes de Bernhard están a un paso de Patrick Bateman. Y viceversa. Es decir, a medida que reconoce su locura, que toma conciencia, que la asume, que se resigna a ella, Patrick Bateman va cobrando humanidad y se va alejando de los demás a los que se parece tanto, convirtiéndose, poco a poco, en un ser sin esperanza ni aliento dentro de una novela de Thomas Bernhard.

Y ya me van pesando los párpados de tanto darle vueltas a este personaje. Acabo de regresar de un concierto de Albert Pla -¿qué tal se llevaría con Bateman, Miguel?- y quiero acostarme. No he podido hasta ahora porque necesitaba ordenar un poco todo esto. He pasado demasiadas horas a solas con Patrick Bateman. Y me dejo cosas en el tintero. Lo de la peli, y hacer un juego de palabras entre los dos psicópatas interpretados por Christian Bale: Bateman/Batman. Pero, sobre todo, hablar de David Foster Wallace, intentar encontrar pasadizos entre ambos. Pero me da pereza, Miguel, seguro que no te voy a impresionar con eso. Ni a ti ni a nadie. Si no fuera tan tarde, releería Señor blandito, porque algo me dice que ahí hay conexión. Esto se ha convertido en un texto demasiado largo. Lo dejamos aquí, ¿vale?

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2 pensamientos en “Bret Easton Ellis por culpa de Miguel Alcázar

  1. Buenas reflexiones sobre el que también es uno de mis libros favoritos, aunque esta frase (Un capitalismo pletórico que hoy le parecería desarticulado e ingenuo incluso a un ser con tanta pose como Steve Jobs.) no me parece acertada, ya que creo que sigue vigente.
    No es que sea aplicable al 100% de la sociedad, pero aún existe mucha gente (fuera de las élites sociales y económicas) que cree en eso (he visto demasiados ejemplos en vivo, para mi desgracia)

    Un saludo.

  2. Hola,

    con ese enunciado, pretendía dar a entender que el capitalismo de la novela todavía no ha llegado a la sofisticación y a la complejidad del capitalismo neoliberal de nuestros días. Lo de ahora es tan alambicado, que lo de antes podría parecer “ingenuo”. En realidad, era una comparación tonta. Tampoco soy yo quien para poder hacer un análisis sesudo sobre el tema.

    Un saludo.

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