Georges Perec o 1+1=3

W o el recuerdo de la infancia, de Georges Perec

W o el recuerdo de la infancia, de Georges Perec

Asistí, por fin, a mi primera conferencia de las organizadas por la Academia de San Quirce, aquí en Segovia. Mi motivación era oír, entre otros, a César Rendueles, del que había leído algunos artículos en el periódico y que últimamente estaba en boca de muchos tras su última obra, Sociofobia (Capitán Swing), y que, al fin y al cabo, era un tío que me llamaba la atención, del que me seducía su discurso y que me caía -de algún modo- bien. Rendueles, entre otras cosas, habló de capitalismo y, sobre todo, contra el capitalismo. Su ponencia, con voz apresurada y de una vocalización en ocasiones reprochable, me alegró el día. Y no fue -o, al menos, no solamente- por la tesis que planteara, sino porque usó como recurso de apoyo un hábil resumen de W o el recuerdo de la infancia, de Georges Perec, obrita que tenía yo aguardando en mi biblioteca a que llegara un tipo así y me pusiera los dientes largos.

Intentaré desarmar las piezas para que se hagan una idea de cómo, al final, todo encaja y hace clic. Perec trata de seguir dos caminos en este libro. Ambos van en paralelo, pero, a priori, no parece que vayan al mismo lugar oscuro y doloroso. Vamos alternando nuestros pasos de uno a otro, dando saltitos como si estuviésemos jugando a la rayuela.

El recuerdo de la infancia

Perec trata de llevar a cabo un elaborado ejercicio de memoria. Busca sus primeros recuerdos y de ahí va tirando, tratando de bordear las lagunas; de señalarlas, bordearlas y seguir adelante. Se nos muestra cuidadoso y artesanal, a la manera de aquel otro libro suyo, Pensar, clasificar. Leyéndolo, se me ocurre que Perec tiene dos cosas en cuenta: 1) que la memoria también es ficción, por lo tanto, hay que avanzar a sabiendas de que puede trastabillar y caer en la red de lo imaginado y 2) que su condición de judío que habla de su infancia lo condena a ser un testimonio más del Nazismo, pero que no es necesario decir algo nuevo y representativo al respecto, sino que solo hay que ser honesto con la propia memoria, quede donde quede la sombra del Holocausto.

Por lo demás, asistimos a su infancia, a los restos del mosaico. Perec niño nos arroja luz desde su ingenuidad y su candidez. Nosotros -él ya adulto y nosotros los lectores-, conocedores de la Historia, no podemos evitar contemplar la oscuridad que se cierne sobre la historia que nos está contando. Hasta aquí, esto sería una biografía. Pero lo más importante no es el texto en sí, sino las fuerzas gravitatorias que se crean con el otro texto.

W

Georges Perec escribió a los doce años su primer cuento. Una historia a lo Stevenson sobre una isla perdida en donde existía una sociedad de atletas. Para llevar a cabo este experimento literario, reescribe el cuento de su infancia como senda alternativa a su proceso de memoria. En W se nos plantea un mundo donde el ideal olímpico es el sentimiento más arraigado en la sociedad y en donde la victoria es el mayor propósito de todos los ciudadanos atletas. Lo que en un primer momento parece un cuento borgeano con tesis filosófica imbricada en una prosa precisa y preciosa se va extendiendo y ordenando de manera que se alza ante nosotros todo un sistema de pensamiento, un sistema sociocultural estructurado como las reglas del juego de un gran Risk del Deporte. Algo que excede la propia historia y que, sin embargo, funciona como un reloj. La sensación más cercana que se me ocurre es aquel maravilloso pasaje de La broma infinita en donde se habla del Escatón, ese juego de estrategia sobre pista de tenis.

A medida que vamos conociendo la sociedad de W, nos damos cuenta de que todas sus reglas podrían resumirse en la ley del más fuerte o en un sálvese quien pueda. El atletismo está desempeñado por verdaderos sociópatas que nos hacen recordar, capítulo a capítulo, los postulados neocon del libre mercado que tanto se predican lejos de W, es decir, aquí mismo.

¿Y para esto tanto rollo?

No, todavía no se han vuelto a unir los caminos. A medida que seguimos en W, a medida que se abre más y más nuestro ángulo de visión, nos damos cuenta de que, más que el reflejo del capitalismo salvaje, lo que allí vemos, en última instancia, es un campo de concentración. Es en el último capítulo, dedicado al camino de la memoria y no al de la ficción donde Perec añade un texto de un tercero y por fin todo encaja. Y el libro nos da en la cara con todo el lomo, y las dos historias que hemos ido recorriendo chisporrotean y crean un fuerte oleaje entre sí. Ahí es cuando sabes que cada parte hubiera valido la pena por separado, pero que la relación entre ambas es el experimento vital que Georges Perec estaba persiguiendo.

Anuncios

2 pensamientos en “Georges Perec o 1+1=3

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s