Tres planos yuxtapuestos de Miguel Alcázar

Bulevar 20, de Miguel Alcázar

Bulevar 20, de Miguel Alcázar

A Miguel Alcázar, de momento, me atrevo a filetearlo en tres planos de la realidad, tres lonchas espacio-temporales y fuertemente simbolizadas, tres discursos yuxtapuestos (y compatibles) que configuran una identidad a la que me acerco con cara de curiosidad.

Miguel Alcázar es Mike & Libros. Soy un visitante asiduo de su blog desde hace mucho. Mike & Libros es en verdad una puerta interdimensional que me lleva hasta mis librerías habituales, porque sus post me empujan directamente hacia la compra compulsiva de novelas y más novelas. Ya he celebrado varias veces en mi blog las virtudes de Mike & Libros. Y, por si todavía no había quedado claro, deberían inventar un Miguel Alcázar liliputizado para que nos hable a todos de sus lecturas desde la mesita de noche.

Miguel Alcázar es un tipo más alto que yo con el que me tomé unas cervezas en la Feria del Libro. Es un tipo mucho más guapo que en su foto de perfil y que en la foto de la solapa de su novela. Miguel Alcázar todavía no lo sabe, pero después de compartir unas pizzas, unas risas y unas cervezas voy a querer ser su amigo y querré volver a quedar con él cuando se tercie (¡pobrecito, lo que le ha caído encima!)

Miguel Alcázar es el autor de Bulevar 20, una novela de poco más de ciento cincuenta páginas que acabo de leer en dos mañanas, así, del tirón, y que voy a tratar de digerir en este texto.

¿Pero dónde pongo los puntos de sutura entre todo esto? Soy fan del blog de Miguel Alcázar / Quiero hacerme amigo de Miguel Alcázar / Soy lector de Miguel Alcázar. Si acaso sospechan de que mi opinión acerca de Bulevar 20 va a ser subjetiva y sesgada no estarán descubriendo América. No he dejado de ser en ningún momento desvergonzadamente subjetivo, parcial y prejuicioso desde mi primer post, así que no voy a empezar a guardar el decoro ahora con este hombre.

El caso es que Bulevar 20 habla de mi pasado. Por supuesto, todas las novelas que he leído en mi vida hablan de mí, pero esta, además, es generacional y, por supuesto, Bulevar 20 podría ser un bar de mi pueblo hace quince años.

De hecho, me recuerdo hace quince veranos saliendo a la discoteca de mi pueblo y preguntándome si alguna hija catalana de algún charnego de vacaciones en el Sur o si alguna despistada del pueblo de al lado que hubiera venido para cambiar de ambiente se fijaría en mí y me ahorraría sufrir el suplicio de ser feliz los sábados por la noche. Yo no lo sabía, pero yo no quería pasármelo bien cuando salía de fiesta, yo solamente quería un poco de comprensión en este mundo. Ahora leo Bulevar 20 y me encuentro de nuevo en el bar que es todos los bares de mi adolescencia y miro a mi alrededor y encuentro a todos aquellos que me rodeaban sin mostrarme un ápice de entendimiento. Al fin y al cabo, yo era tan miserable y tan mediocre como todos ellos y esa es la razón por la que todos salíamos al mismo lugar, para compartir nuestra desesperación y para llenar los huecos que iba dejando el absurdo con embriaguez y con el calor del deseo de colarnos en el escote de alguna chica. ¿Es esto la Posmodernidad, Miguel? ¿Agrupar a un montón de gente que se cree especial en una sola fiesta para que todos acaben sucumbiendo con igual estupor ante la más absoluta falta de sentido? ¿Nuestra adolescencia ha sido posmoderna, Miguel? Te pregunto por esto, porque no sé si tienes mucho sentido del humor o mucha mala leche. Tus personajes han logrado que me balancee entre la vergüenza ajena y la nostalgia. ¿Acaso quieres arruinarme el día sacándome el álbum de fotos?

  O, dicho de otra forma, Bulevar 20 es como hacer la película de Torrente con mis fines de semana en el pueblo. A todos nos jode vernos reflejados de esa manera. Podrías haberme alegrado el día, Miguel, y haber convertido ese bareto en el local de Abierto hasta el amanecer. He estado esperando toda la novela a que aparezcan los vampiros -o llámalo como quieras-, a que la tierra se abra y se lo trague todo; he estado esperando, por lo menos, a que esos mínimos guiños metaficcionales se propagaran y lo pusieran todo patas arriba. Pero no, no te has dignado a intervenir. Has dejado que la noche siga y se consuma, has dejado que vuelva a dolernos la esperanza. Y cuando me he dado cuenta de ello he querido irme de tu novela como quise irme de todos los bares de mi adolescencia.

Pero la he terminado de leer. Le doy la vuelta al libro y vuelvo a leer la sinopsis y pienso que me lo he buscado yo solito. Podrías haber hecho como otros y haberte emparentado con los grandes. Por ejemplo: el multiperspectivismo y la épica de esta obra nos traen a la memoria Mientras agonizo, de William Faulkner. O mejor aun: el fluir de conciencia de los personajes se va entreverando como solo lo supo hacer Virginia Woolf en Mrs Dalloway. Pero nada, tú no, tú has mostrado desde la sinopsis lo que íbamos a encontrar dentro y a mí me has dado una noche más de mi adolescencia.

Anuncios

2 pensamientos en “Tres planos yuxtapuestos de Miguel Alcázar

  1. Hola, se lo agradezco. No me lo tomaré como un gesto de condescendencia 😉
    Sea usted bienvenido cuando le apetezca pasarse por aquí.
    Un saludo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s