Friedrich Dürrenmatt escribiendo The Wire

El cooperador, de Friedrich Dürrenmatt

El cooperador, de Friedrich Dürrenmatt

El otro día, mi amadísima Elisa Calatrava y yo estuvimos ordenando nuestros libros por géneros. Descubrimos, muy sorprendidos, que tenemos más volúmenes de ensayo y filosofía que de poesía. Ganan por poco, pero ganan. La sección de cómics también es modesta, pero va creciendo poco a poco, al fin y al cabo se trata de un gusto relativamente reciente en nuestras vidas. La sección de narrativa abarca la mayor parte del espacio. Pero, ahora que lo pienso, ni si quiera le hemos dedicado un hueco a la sección de teatro, lo hemos dejado donde estaba, intercalado entre las novelas, quizá porque son muy pocos y quizá porque no hemos aprendido todavía a darles la importancia que tienen. Últimamente estoy leyendo bastante teatro, entendamos por “bastante” un porcentaje visible respecto de mis demás lecturas: Genet, Fassbinder, Shakespeare, Weiss y Vian desde abril del año pasado. Y ahora le ha tocado el término a El cooperador, de Friedrich Dürrenmatt.

En un momento de esta pieza, más o menos a la mitad, uno de los personajes, declarado anarquista, dice:

Ya que el individuo se convierte en esclavo de su propio sistema, él debe destruir sin cesar este sistema. Las revoluciones, con sus innumerables víctimas, tan solo crean nuevas necesidades de cambiar otra vez el mundo. En vano inventamos nuevas ideologías, en vano erigimos nuevas utopías. Se ha hablado demasiado. Solo una misera más grande, llevará al hombre a la razón.

(El subrayado es mío)

Yo todavía no sabía que, dentro de la lógica de El cooperador, la opción que he resaltado en subrayado era la más congruente y la más serena de todas. Porque esta obra funciona como si William Shakespeare, con todos los rasgos de sus tragedias, estuviera escribiendo la serie televisiva The Wire. En esta sociedad, el científico ayuda al criminal, el criminal al policía y al político, y estos, nuevamente, a los criminales. El sistema es una lucha de poderes que se tensan continuamente, en donde todos cooperan, únicamente, para salir beneficiados en detrimento de los demás. Hay un modo de no participar en este juego, lo dice un personaje casi al final: “Aquel que muere no coopera más.”

¿Y yo? ¿Voy a tener que morirme para no cooperar? ¿Y ustedes? ¿Hay otras formas de no cooperar? ¿Estamos dispuestos a afrontarlas? ¿Qué es más cómodo, creer en el sistema y cooperar o negarlo pese a que se coopera? Dürrenmatt no nos ofrece respuestas en su obra. De todos modos, tampoco creo que haya muchas respuestas válidas fuera de este texto. Sus tesis y sus planteamientos son casi siempre brutales. Recuerdo que me impactó mucho otra de sus obras de teatro, La visita de la vieja dama, y, de hecho, estoy deseando leer Los físicos, en donde, según tengo entendido, se trata un tema que aquí se ve tangencialmente. Me refiero a la implicación moral que supone el trabajo de un científico. Friedrich Dürrenmatt, para mí, siempre es un valor seguro, un golpe en el estómago necesario.

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