Gonçalo Tavares me sienta bien

Jerusalén, de Gonçalo Tavares

Jerusalén, de Gonçalo Tavares

Tengo un nuevo sillón para leer. Se trata de mi sillón de diálisis. Es un sillón negro, un poco retrepado, amplio, al que le incorporo un cojín que suple las carencias de la extrema delgadez de mis posaderas. Las enfermeras me han hecho una suerte de mesita de cartón que se acopla al sillón sobre mi regazo para poder colocar el ordenador. Tengo tres horas de diálisis para leer en una sala rodeado de ancianos, todos ellos en camas, adormilados, inmóviles, todos enganchados a máquinas que, de vez en cuando, emiten pitidos desagradables que hacen correr a las enfermeras de un lado a otro de la sala.

En mi sillón negro acabo de terminar uno de los libros negros de Gonçalo Tavares, Jerusalén. Tavares siempre me da lo que espero de él. Ni mucho ni poco. Tavares tiene una medida concreta, y siempre me sienta bien, me sirve de purga, me ayuda a lavarme los ojos para volver a enfrentarlos a nuevas lecturas. Tal y como decía Cristof Polo antes de ser Cristof Polo, “Tavares escribe con lo puesto”; no hay grandes malabares, sino una escritura esquemática, con personajes cargados de simbolismo y prácticamente desprovistos de fondo.

Aunque hay algo que me ha costado asumir en la narrativa de Tavares. En sus obras, y en Jerusalén en particular, los personajes están estigmatizados por la crueldad, viven algún tipo de marginación y todo está imbuido por una estética del dedo-llaga. Pero su estilo evita la empatía. Nada de lo que ocurre en sus historias me duele ni, por el contrario, me hace dar saltitos de alegría. Sus historias son como esas noticias sobre desgracias ajenas que aparecen en el telediario a la hora del almuerzo, no nos afectan lo suficiente como para dejar de masticar el filete que nos hemos llevado a la boca.  Leer a Tavares provoca una sensación extraña. No comprendo por qué disfruto tanto de alguien que no me hace retorcerme de emoción. Quizá se trate de que Tavares me da calma, me relaja, me tranquiliza.

 Un Tavares de vez en cuando es salud, limpia como un zumo de limón en ayunas. Jerusalén me ha purificado, ya puedo volver a intoxicarme con otras lecturas.

 

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11 pensamientos en “Gonçalo Tavares me sienta bien

  1. Tengo que empezar con Tavares algún día. ¿Cuál es su mejor en tu opinión? ¿No es “Aprender a rezar en la era de la técnica”? Lo tengo por casa, así que ojalá… Saludos.

  2. Buenas tardes Mike,

    tengo la sensación de que toda la obra de Tavares es muy homogénea. Aprender a rezar en la era de la técnica (titulazo, por cierto) está muy chulo, quizá sea la novela en donde construye mejor al personaje y no lo deja en una marioneta llena de simbolismo. Aunque tampoco es que Tavares esté muy interesado en crear personajes esféricos. Trata de un cirujano al que le mola eso de ejercer su poder sobre el cuerpo de los demás (y no te cuento más). Hace unas semanas, cuando todavía estaba en el hospital, un nefrólogo me pidió que le aconsejara un libro, y le recomendé este, por eso de que viera cómo la medicina puede ser cruel, jejeje. Ahora que lo pienso, creo que ese nefrólogo no volvió a visitarme.
    Por otra parte, también guardo muy buen recuerdo de las dos primeras obras que leí de este señor: La máquina de Joseph Walser y Un hombre: Klaus Klump. Asimismo, Jerusalén es igualmente recomendable.
    Tavares también tiene otro proyecto muy distinto, creando un Barrio de los Artistas. Sé que hay un libro sobre Paul Valéry, otro sobre Bertolt Brecht y la serie sigue.

  3. Hola, señor Espinar,

    Le sigo en su blog desde hace ya bastante tiempo, y desde la primera entrada me pareció usted una persona extremadamente cabal, sensata, educada y amable, cualidades que, cada una por separado, se ganan mi aprecio. Además se nota un gran fondo cultural y sus entradas son amenas y sinceras (que creo son adjetivos bastante difíciles de encontrar referidos a reseñas literarias).
    Es por todo ello que, aun sin conocerle, me inspira usted respeto y consideración, incluso si me permite, hasta cariño. Y ahora que he leído que está usted en diálisis, me ha dado una punzada de tristeza e impotencia. Siendo francos, me jode que a una persona como usted le tengan que tocar ciertos sufrimientos que otorga la vida tan gratuitamente. Soy estudiante de medicina y sé lo que supone estar en diálisis. Y porque lo sé, también sé que no avivo falsas esperanzas cuando le digo que se puede salir adelante y llevar una vida digna, feliz y larga.

    Así que espero sinceramente que no se deje llevar por la tristeza y que consiga usted ser lo más feliz posible (supongo que estará en lista de espera para un trasplante de riñón, así que mis deseos para que llegue pronto).

    Un afectuoso saludo
    Miguel Ángel

  4. Hola Miguel Ángel,

    leí su mensaje esta mañana, bien temprano, antes de irme -precisamente- a diálisis y salí de casa francamente emocionado y un poco más feliz si cabe. Me es inevitable hablar de mí mismo cuando hago una reseña porque no sé distinguir la lectura de un libro de la experiencia vital. Mi vida ha sido siempre complicada en el plano médico, y la diálisis es un nuevo escollo al que habré de adaptarme. Pero para poder continuar, agradezco de todo corazón las muestras de afecto, por eso sus palabras me han alegrado el día y me hacen sentir mejor. Me resultan algo impagable. De momento, no estoy en lista de espera, porque todavía estoy en la fase de recuperación de una cirugía muy dura. Pero no me desespero (demasiado), todo llegará a su tiempo.
    Por otra parte, creo que debería ruborizarme después de leer la opinión que se ha hecho usted de mí; soy amigo de los dislates cuando hablo de un libro y eso no me da muy buena imagen. Me alegra comprobar que, pese a las tonterías que suelto a menudo, es posible conectar con otras personas a través de esta esfera virtual.

    Le mando un abrazo muy grande. Insisto en que me ha alegrado el día.

  5. Hi, Dani:

    Me ha hecho gracia lo del nefrólogo desaparecido. Le voy a recomendar yo a unos cuantos incrédulos sobre la autoría de mis textos “El Mapa y El Territorio”, “Seymour: una introducción” y “Pedro Páramo”; por aquello de contrastar auténticas genialidades con mis humildes micro-intrusismos…

    Un abrazo y una pronta recuperación …

  6. Hola, sí, a partir de aquel día vinieron a visitarme otros nefrólogos. ¿Casualidad?, jeje. De todos modos, el equipo era muy grande y solían venir varios, dependiendo del día.

    La obra de Salinger que menciona no la he leído. Supongo que es recomendable, ¿no?

    Un abrazo.

  7. “Levantad, carpinteros, la viga del tejado …” y “Seymour: una introducción”, ambas unidas en una edición de bolsillo de Alianza Ed.
    En “Seymour:..” su hermano Buddy, muchos años después, nos relata (o lo intenta) las peripecias comunes y la exótica personalidad del mayor de los Glass… A mi, particularmente, esta familia de Geniales Chalados me cautiva adictivamente…

    Un abrazo, Dani …

  8. Me alegro mucho de haberle alegrado el día. Aunque no lo crea, con su agradecimiento me anima usted a mí a seguir en este camino mío que elegí hace ya algunos años, donde más veces de las que me gustaría me he encontrado con muchos baches que me minaban el ánimo.
    Seguiré leyéndole por aquí, y espero encontrar, además de sus siempre interesantes lecturas, buenas noticias de su biografía.

    Mucho ánimo, señor Espinar. Y otro abrazo para usted.
    Miguel Ángel.

  9. Cerciórese antes de si Tavares tiene, además, algún efecto secundario, jeje. Gracias por el ánimo. Un saludo.

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