A veces soy un personaje de Jonathan Lethem

Chronic City de Jonathan Lethem

Chronic City de Jonathan Lethem

La lectura siempre es la escapatoria. Quien se haya hecho mayorcito sin haberse forjado un hábito lector va a tener que joderse en un montón de ocasiones. La novela Chronic City, de Jonathan Lethem, será siempre para mí como el famoso truco del mago que mete a una persona en una caja y la hace desaparecer durante unos instantes. Lo mío nunca fue la prestidigitación, ¡pero he deseado tanto no estar aquí! He pasado hace poco algo más de dos semanas en la UVI, algo así como mi infierno en vida. Mi cabeza, a veces lograba bloquease y dejarme allí desnudo, en un colchón antiescaras, aguantando los lavados diarios. Pero por mucho bloqueo mental que lograra, no había forma de dejar de estar allí. Se me ocurrió la ingenua idea de traerme Chronic City a la UVI Y así comenzaron mis microfugas.

No voy a describir mi experiencia física y emocional en la UVI, porque estoy seguro de que ustedes ya  la entienden. En alguna ocasión, mi cabeza parpadeaba y dejaba salir un hilito de lucidez. Y es ahí cuando me atreví a pedir que me acercaran Chronic City para leer al menos tres o cuatro páginas. De repente, con el libro entre la manos, escapé del colchón de escaras. Y estuve en el piso de Perkus Tooth, tomando mucho café y fumando marihuana, charlé con Chase y con Abneg y discutí con Oona. Bueno, discutí con todos, menos con el Halconero. Aprendí mucho sobre Brando, gracias a Perkus, y, mucho más sobre música. Aquel agujero era un lugar cálido y distendido. Solo teníamos que salir de allí para ir a comer una hamburguesa justo en la esquina. Pero cuando salía del piso de Perkus, en lugar de una hamburguesería, volvían a crecerme toda suerte de tubos del cuerpo, volvía a pitar el saturómetro.

Empecé a leerlo antes de toda esta mierda y he ido continuándolo, poco a poco, hasta ahora. He tardado mucho más de lo que debiera, y me excuso en que no he leído libro, sino he estado en él para fugarme de cuando en cuando. ¿Y cómo hago yo una reseña de todo esto? Lethem consigue unos personajes muy atractivos, con todos ellos te tomarías una cerveza en la terraza de un bar, y parte de su atractivo reside en sus excentricidades. Es algo así como (atención: esta va a ser una hipérbole inmensa) los personajes de la serie Seinfeld. Todos parecen tener una vida alucinante. Si yo viajara a Manhattan y los conociera me camelarían en media hora, pero recordemos que yo soy un chico de pueblo fácilmente impresionable. Pero en realidad acabas dándote cuenta de que son unos segundones llenos de mal rollo hasta la coronilla, y es ahí cuando empiezas a quererlos.

Ahora sería divertido darle un repaso a Jonathan Lethem. He leído por ahí que si Franzen, que si Pynchon. Pues no me convence ninguno. Sí es cierto que usa, en principio, un realismo que podríamos atribuirle a Franzen, pero hay cosas que chocan mucho, por ejemplo el elemento fantástico que surca la novela, el tigre gigante que va surcando y destruyendo Manhattan. Un cuento genial de lo siniestro, que mitifica las vidas sin rumbo de estos personajes. Por lo que respecta a Pynchon, solo se me ocurre que a Lethem también le gustan los nombres rimbombantes, por lo demás no es encuentro parentesco. Y en cuanto el homenaje a David Foster Wallace, yo no he pillado el chiste.

En fin, una época jodida de mi vida discretamente paliada por un buen libro. No sabría contar mi experiencia de otra forma.

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10 pensamientos en “A veces soy un personaje de Jonathan Lethem

  1. Bueno verle de nuevo por aquí. Se echaba de menos esta página. Y más razón que un santo en lo de escaparse. Hay que escapar, como sea, a caballo o en libro. Un saludo.

  2. Como comenta Javier, se echaba de menos tu comentario irónico a un buen libro, que es la regla de este blog. Que la visita al infierno te sea lo más leve posible y puedas seguir encontrando vías de fuga por la literatura. Muchos ánimos y a seguir con las lecturas “butrónicas” y los escritos.
    Salut!

  3. Gracias, caballeros, por sus ánimos. Ya estoy en casa, y ahora lo que toca es que mi cuerpo vuelva a funcionar. Cuestión de semanas. Sigo vivo!!!!

  4. Hola Daniel:

    Me alegra mucho tu vuelta. Ya te echábamos de menos en Internet.
    Yo también leí hace no mucho este libro y me ayudó en un momento de estrés en el trabajo; yo también me relajaba en el piso de Perkus, y se me quedaron muchas ganas de leer más libros de Lethem.
    Por cierto, ayer estuve de librerías y gran alegría: al fin Minotauro ha rescatado un libro de Philip k. Dick que no tengo: Laberinto de muerte; y lo compré de forma inmediata. De todos los otros tengo la primera edición que salió en España, posiblemente más fea y otra traducción, pero me parece excesivo comprarlos de nuevo por el nuevo formato y la nueva traducción.
    Tengo ya ganas de ponerme con este Laberinto de muerte.

    Pues lo dicho, a recuperarse, a cuidarse, y ya hablamos de Dick o de Lethem: no lo has dicho, pero la influencia de Dick en Lethem me parece clara.

    saludos

  5. Menos mal que leí su comentario diciendo que ya había vuelto a su hogar. Estaba por escribir una serie de frases a lo coelho para levantarle el ánimo, jajaja. Agradezco haberme dado cuenta antes y evitarme el empalago (y, claro, qué flojera además).
    No he leído el libro, pero tendré que hacerlo. Aunque lo haré más por la trampa (eficiente, eso sí) de meter en su notilla a Pynchon, Wallace, Seinfeld, etc…

  6. Hola David y Marc. Ya estoy de vuelta, recuperándome de una época muy complicada.

    David,

    lo de Dick en Lethem no lo veo claro. Para mí, el tigre es un relato fantástico-siniestro. A ver si encontramos tiempo para hablar. Por cierto, leí esta novela, precisamente, a partir de su reseña y de la del señor Tongoy. Ustedes me dieron la pista adecuada para poder agarrarme a un libro que me mantuviera a flote.

    Marc,

    si se le ocurriera dedicarme unas frases de Coelho me haría volver al hospital ipso facto, jejejejee. No sea cruel, por favor, que ya llevo mucho encima. Lethem podría ser el hit de este verano, podríamos ponerlo de moda.

    Saludos.

  7. Hola Fidel, todavía recuerdo el piso de Perkus. Recordar las sensaciones que te ha provocado un libro es maravilloso, sobre todo cuando esto solapa los malos recuerdos de la misma época.

    Un saludo.

  8. Pingback: Cuando me sentí culpable leyendo a Jonathan Lethem | Miedo a la literatura

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