Millares Sall hace Krak y mi tos también

Krak, de José María Millares Sall

Krak, de José María Millares Sall

Permítanme que les cuente cómo ha sido mi puente de carnaval. Verdaderamente entretenido. Por ejemplo, el domingo mi amadísima Elisa Calatrava y yo nos fuimos a Madrid y almorzamos en un restaurante coreano, luego vimos una función de Leo Bassi. A la noche, cenamos ceviche en un restaurante peruano y luego estuvimos en un concierto del Populart. Dormimos en una pensión. Al día siguiente, antes de volver a casa, fuimos a visitar la nueva librería Central que han abierto en Callao. Entre otros libros, compré Krak, una obra póstuma de José María Millares Sall. A mí esto me suena a felicidad. Pero debo ampliar este cuadro incluyendo en todos estos eventos una profunda y contundente tos que baila incansablemente desde mi pecho a mi garganta, de mi garganta a mi pecho, y ensombrece todos mis gestos convirtiéndome en una rara especie de desterrado de mi propia vida. Toso en el trabajo, en la cama, en el desayuno y en la cena, en clase de yoga, en el sofá mientras veo la tele, mientras leo, mientras mantengo una conversación, toso, lo interrumpo todo y toso. Por tanto, mi puente de carnaval ha sido una gran tos ramificada sobre mis pequeños proyectos cotidianos y mal disimulada en público. El médico de cabecera y el neumólogo me dicen que me hidrate continuamente la garganta. Mi nefróloga, en cambio, me dice que no abuse de los líquidos porque se me hinchan las piernas. Todos los años llegan las semanas del monstruo de la Tos, pero en esta ocasión se parece más a un destino que a una dolencia.

Toda esta tos expresada así en un párrafo tiene que ver con Krak, de José María Millares. Esta obra consta de un conjunto de poemas unidos por la presencia de un enigmático y monstruoso personaje. Krak está ahí, en los poemas, interfiere en ellos, participa, a veces se esconde. Quizá sea el lado oscuro de algo que ya de por sí estaba en penumbra. Podríamos suponer que Krak es el leitmotiv de esta obra, pero eso lo obligaría a caminar recto, y Krak se ladea entre línea y línea, y corcovea para encabalgar los versos, y nos hace muecas histriónicas para que lo reconozcamos entre el animalario que Millares Sall va proponiendo. Krak es una una constante, y es por esto que lo identifico con mi propia Tos.

Me he sentado esta mañana, tosiendo, a leer Krak y a intentar encontrar en él mi calma. He aparcado mis demás lecturas y, por supuesto, cualquier otra tarea pendiente. Leer a Millares Sall siempre es una experiencia alucinada, una dilapidación exhaustiva de todas las reglas de la gramática. En la realidad lingüística de Millares Sall mi Tos podría ser un bolero, la ebullición del agua en un cazo sobre la vitrocerámica o incluso un ronroneo parecido al de mis gatos. Por eso me veo obligado a hablarles, con tanta insistencia, de mi puñetera y agobiante Tos, porque es la única forma en la que soy capaz de hablar de este libro, de mi experiencia con la poesía de Millares Sall, de todo aquello que suena como Krak.

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PD: Por cierto, me acabo de acordar de otro que también sabe muy bien Cómo hacer crac:

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