Thomas Bernhard x 5

Relatos autobiográficos, de Thomas Bernhard

Relatos autobiográficos, de Thomas Bernhard

Cada dos meses, más o menos, acudo al hospital a que me inoculen hierro. Me inyectan una vía para colocarme un suero y espero una hora y media en una cama a que pase todo ese líquido negruzco que mi cuerpo no es capaz de retener por sí solo. Pese a mi traumático miedo a las agujas, estoy bastante acostumbrado a esta rutina, porque, al fin y al cabo, hago exactamente lo mismo con mis escritores favoritos: los leo por goteo, espaciándolos en el tiempo, para tener siempre las dosis necesarias en el cuerpo y en el ánimo. Pero llevaba demasiado tiempo con las reservas bajas de Thomas Bernhard, y eso le sienta muy mal a mi carácter. Así que decidí tomar una medida extraordinaria sin prescripción médica y he sustituido el pausado gotero por la bomba continua. He leído, del tirón, su pentalogía. El origen, El sótano, El aliento, El frío y Un niño: las cinco obras que componen sus Relatos autobiográficos.

¿Cómo es Bernhard cuando habla de Bernhard? No es, para mi sorpresa, igual a sus personajes. Lo he encontrado -activando toda mis suspicacia- un tanto desconocido, más calmadito, pese a que su sintaxis siga dando latigazos enunciado tras enunciado. Me ha parecido verlo apretando los puños y mordiéndose la lengua para no fracasar en este truco de ilusionismo llamado -con mucho sentido del humor- Relatos autobiográficos. Estoy convencido de que sus novelas y estos cinco textos forman un archipiélago similar al triángulo de las Bermudas, y allí, en alguna parte, se encuentra el verdadero Thomas Bernhard.

Quizá el más natural de los mecanismos de ficción es la memoria. Y es posible que el primer personaje literario que inventa cada persona es el niño que fue. Bernhard se aprovecha de todo esto y se porta vilmente con sus lectores al dedicar cerca de quinientas páginas a un jovencito trasunto suyo que no llegará a las veintena en su período de mayor madurez. O Bernhard ha sido injusto conmigo o yo soy un cotilla y un morboso. ¿Y qué pasa después? ¿Qué ocurre en el lapso de cuarenta años de los que no se dice nada? No te pido que sucumbas a la prensa rosa, querido Bernhard, te pido que me reveles tu vida para que me sirva de ejemplo.

Tus primeros años me han dado esperanzas. Todas las páginas que le dedicas a tus estancias hospitalarias, lejos de sumirme en el terror y en la hipocondria, han iluminado, retrospectivamente, mis peores días de hospital. Estas páginas son las mejores, en donde la falta de esperanza de sobrevivir se suple con el deseo de salvación. Si algún día ingresan a algún amigo mío por alguna enfermedad, iré corriendo a visitarlo para regalarle El aliento y, si lo lee durante su convalecencia, luego no tendrá palabras para agradecérmelo.

De todo lo demás, lo que más te envidio es la figura de tu abuelo. Tu abuelo era un tío fantástico que te comprendía y que siempre quería para ti lo extraordinario, y tú creciste con él como punto de autoridad y de referencia. Tu abuelo te defendía de tus demás familiares y te enseñaba a ser tú mismo. Yo he tenido dos abuelos y ninguno de los dos ha sabido ser mi abuelo. Uno era sordo y el otro un egocéntrico. Nunca me enseñaron nada.

Como ya he pasado por la edad de tus Relatos autobiográficos, se podría decir, en realidad, que he llegado tarde. No sé cuál sería el resultado si hubiera leído estos textos hace años, yo que siempre he sido demasiado impresionable. Ante la falta de esa lectura durante aquella época, ahora puedo decir lo mismo que tú sentencias todavía en el primer tramo de esta larga lectura: “Si no hubiera pasado realmente por todo lo que, reunido, es hoy mi existencia, lo habría inventado probablemente para mí, llegando al mismo resultado”.

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9 pensamientos en “Thomas Bernhard x 5

  1. Hola Daniel:

    Yo creo que sí que leí estos libros en el momento adecuado, a los veintipocos, cuando había que leerlos en las ediciones amarillas de Anagrama, y me impresionaron mucho; sobre todo El aliento. Y también recuerdo la figura del abuelo.
    Por si no lo sabes y te interesa: existe un volumen más que bien podría unirse a esta pentalogía; se titula El sobrino de Wittgenstein; y habla de otra época que pasa Bernhard en el hospital y se hace amigo de precisamente el sobrino de… Y aquí, como pedías, Bernhard ya es un poco más adulto.

    Además de lo anterior leí una novela titulada Sí.
    Me apetece leer algo más de este autor, ¿qué novelas podrías recomendarme?

    saludos

  2. Pingback: Espinar

  3. Buenas tardes querido David,

    me alegro de verlo por aquí. Conocía el título de El sobrino de Wittgenstein, pero no tenía ni idea de lo que trataba. Acaba usted de ponerme los dientes muy largos. De Bernhard, en serio, le aconsejo cualquier cosa. Cualquiera. Eso sí, siempre y cuando esté traducida por Miguel Sáenz. Si quiere que le diga un título, no sé, se me ocurre Tala, que es uno de los primeros que leí y me dejaron muy trastocado.

    Muchísimas gracias y un abrazo!

  4. Tala, sí, a mi me parece una magnífica recomendación. Lo leí hace poco y me pareció maravilloso. También siento debilidad por “Maestros antiguos” pero tengo tanto por leer de B. que vaya usted a saber. Y bueno, algunas obras de teatro no tienen nada que envidiar a la prosa. Hendelplazt es un ejemplo.

    Muy buenas, Sr. Espinar, me alegra verle bien.

    Respecto a esta biografía: no la he leído. Sí, ya sé, imperdonable, pero qué quiere, soy vago para las biografías.

    Recomiendo encarecidamente su correspondencia con Unseld. Tengo la reseña a medias, a ver si un día de estos me animo y la termino.

  5. Qué tal está usted, señor Tongoy, es un placer recibir su visita.

    Maestros antiguos es la primera obra que leí de Bernhard. Nadie me avisó de a lo que me enfrentaba, y su lectura fue un vaivén entre la admiración y el desconsuelo. Me dejó patidifuso, tardé años en volver a leerlo. Pero, cuando volví a él, ya nada volvió a separarnos.

    Gracias por esa recomendación epistolar. ¿Cómo se llama la obra? ¿Para cuándo ha dicho que tendrá lista su reseña?

    Al teatro también le tengo ganas. Tengo algunas cosas en casa. Pero lo dejaré en la reserva, porque siempre necesito tener a mano un Bernhard que me salve la vida.

  6. El placer es todo mio, en realidad, pero tampoco nos vamos a poner a discutir por esto.

    El de Correspondencia es este. Un poco caro, pero bueno…
    http://www.compliceseditorial.com/libros-literatura-contemporanea/libros-literatura/correspondencia
    LA reseña ni idea, cuanto más tiempo pasa más pereza me da y hasta menos sentido tiene, pero trataré de ponerme este fin de semana y sacar algo, aunque no se nada más que la foto de portada.

    El malogrado es lo que MENOS me gustó de Bernhard. Se lo regalé a mi hermana y quede fatal. Siempre presumiendo de Bernhard y le voy a regalar ese. Ojo, que ya quisieran muchos leer “lo peor” de Bernhard pero a mi me aburrió. También es que venía de leer Tala.

    Yo compré hace poco la reedición de Alfaguara de “Hormigón Extinción” pero voy a tener que romperme una pierna o algo para poder leerlo.

    Oye, ¿qué bien está este sitio, no? ¿Ponen copas? Saque un vinito, Señor Espinar, no sea rácano.

  7. Hola David, “El Malogrado” tiene un detalle muy suculento, y es que Glenn Gould aparece de fondo durante toda la novela. Pero no habla ni nada. Es solo una referencia con la que se compara el protagonista para torturarse durante toda la novela. Coincido con Carlos en que quizá no sea la mejor obra de Bernhard, pero la pero obra de Bernhard ya es muy buena. A mí me gustó mucho la parte en que el protagonista planea autodestruirse regalando su piano (que se supone que es una auténtica joya) a una jovencita burguesa que quiere aprender a tocar y que no sacará nada bueno del instrumento.

    Carlos, tanto “Hormigón” como “Extinción” son dos novelazas buenas. Se lo va a pasar usted pipa.

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