Emilio de Marchi pintando en giallo y negro

El sombrero del cura, de Emilio de Marchi

El sombrero del cura, de Emilio de Marchi

Hace unos años escribí un relato que trataba sobre un millonario lector que contrató a un explorador de libros para que le descubriera otra Historia de le literatura. El lector millonario ya había leído todas las obras pertenecientes al canon, y buscaba, para no quedar desocupado y aburrido, otro conjunto de obras que apuntalara ese canon pero que, sin embargo, hubiera pasado desapercibido por toda la historia de lectores anteriores a él. Hoy día, esta misma labor arqueológica está en manos, en buena parte, de las editoriales independientes que han ido apareciendo a lo largo de los últimos años. Ya no volvería a escribir un cuento así, ahora preferiría explorar yo mismo esa amplia oferta de propuestas que desconozco.

Recientemente cayó en mis manos El sombrero del cura, de Emilio de Marchi, autor italiano del siglo XIX que yo desconocía por completo y del que se dice que fue el precursor del giallo. Para ser honestos, también desconocía que el giallo fuera la adaptación italiana del género negro y, en cuanto descubrí esto, pensé en cuánto me gusta la novela negra y en cuánto me gustaría un misterioso precursor de este tipo de historias en una literatura en la que nunca he profundizado. Todo apuntaba a que Emilio de Marchi sería uno de esos escritores que exploraba el personaje de mi relato, un autor desconocido (para mí) capaz de apuntalar y ampliar el canon, pero no tengo muy claro si este escritor italiano goza de los recursos necesarios para codearse con los grandes.

El sombrero del cura trata de un asesinato y de los devaneos de su perpetrador por no ser descubierto. Su argumento, en realidad, se parece mucho, aunque solo sea a priori, al de Crimen y castigo, y esta semejanza podría ser un inconveniente a la hora de su lectura, porque las comparaciones son odiosas. En ambas novelas la culpa es una pieza importante que configura toda la trama. En la obra de Dostoyevski, el fuero interno del personaje se convierte en un escenario y asistimos a una culpa en 3D; en cambio, en la obra de Emilio de Marchi, la culpa es una mosca cojonera que persigue al personaje a lo largo de la historia. De hecho, no sería justo buscar más paralelismos, porque sendas novelas persiguen objetivos muy distintos.

La novela de Marchi es, más bien, un divertimento, una historia liviana aderezada con los quebraderos de cabeza del asesino para mantenernos atentos hasta su resolución, en donde el sombrero funciona como una suerte de McGuffin que nos lleva de una mano a otra hasta averiguar la suerte de nuestro homicida protagonista. He de reconocer que a mí, el barón de Santafusca, protagonista de esta novela, me ha resultado un señor que ni fu ni fa, así que no he sufrido demasiado por él, ni he sentido alegría, ni me he impacientado demasiado por saber cómo acabaría todo este embrollo. En realidad, se podría decir que he tenido suerte, llevo varias semanas en período de exámenes y corrigiendo trabajos de mis alumnos, así que me ha venido muy bien no haberme sentido embaucado por la novela; es fácil salir y entrar de ella sin sufrir el doloroso tránsito que hay de la ficción a la vida real y viceversa.

Quizá haya echado en falta -ya que el asesino no me ha terminado de convencer- un buen detective. Aunque si le exigiera a de Marchi un correlato a la italiana de Philip Marlowe estaría encerrándome en un modelo que no tiene porque ser exportable al género del giallo, que desconozco por completo. Sería tan injusto como pedir que las hamburguesas de soja sepan a ternera. En lugar de un detective, eso sí, tenemos a algunos ciudadanos destacados de Nápoles que harán sus pesquisas y aportarán pruebas, trabajando en común para suplir a un verdadero profesional del crimen.

Con esta obra, entre otras, se presenta la editorial Ginger Ape, tratando de descubrir y cubrir los huecos, las ausencias y las desapariciones de la literatura. Como lector, me siento fascinado porque existan tantos exploradores como el de mi ingenuo y destartalado cuento, en donde, por cierto, todavía queda libre el rol de multimillonario bibliómano. Ojalá me toque a mí hacer de ese personaje.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s