Antonio Gamoneda y Mr. Hyde

Descripción de la mentira, de Antonio Gamoneda

Descripción de la mentira, de Antonio Gamoneda

A lo mejor este es un libro de poesía capaz de funcionar en las cabezas de aquellos lectores que no leen poesía. Conozco a buenos lectores que no abren un libro de poemas porque no esperan que estos artefactos te puedan sacar del mundo y te puedan llevar a otro sitio, igual que se le supone a una novela. Estos lectores leen exclusivamente narrativa porque están apostando por una premisa básica, la alteridad. No tienen paciencia para buscar entre la poesía esa alteridad, y hasta cierto punto los comprendo, de veras. Yo hace años que claudiqué; de hecho, ya no suelo perder el tiempo delante de la sección de poesía. Me cansé de tener la experiencia de abrir un poemario, y otro, y otro, y ver cómo aquellos textos no me llevaban al afuera, sino que pretendían quedarse allí conmigo, haciéndome sufrir una claustrofobia literaria.

Abrir un libro y dejar de estar aquí, y dejar de ser yo; quizá ese sea el único axioma que me atrevo a exigir. A la poesía hay que pedirle exactamente lo mismo que a la narrativa: la literatura es ficción. El poeta que pretenda expresar sus sentimientos es un sinvergüenza. El lector que confíe en un poema es un ingenuo.

El gran malentendido de la poesía quizá sea culpa de la lírica, género ideal para escritores sinvergüenzas y lectores ingenuos. Pessoa lo explica mucho mejor que yo: “El poeta es un fingidor. / Finge tan completamente / que hasta finge que es dolor / el dolor que de veras siente. // Y quienes leen lo que escribe, / sienten, en el dolor leído, / no los dos que el poeta vive / sino aquel que no han tenido. // Y así va por su camino, / distrayendo a la razón, / ese tren sin real destino / que se llama corazón.” La lírica es ficción, si no lo es se convierte en un fraude.

Además, por suerte, Descripción de la mentira, de Antonio Gamoneda, es una obra literaria que va más allá de la lírica, porque, al mismo tiempo, plantea una actitud heroica del sujeto; el texto se convierte en una obra épica que nos habla de un posicionamiento ante el mundo. O, dicho de otro modo, los estados de ánimo del yo pueden leerse como hazañas. Visto desde esta perspectiva, me atrevería a decir que esta obra se emparenta con el romancero, por aquello de que el romancero es “canto y cuento”. De todas formas, se trata de un parentesco perverso. Podríamos decir que Descripción de una mentira es el Mr Hyde del romancero.

Si esta obra está representada por Mr Hyde, no resultaría extravagante buscar en ella la pátina del malditismo. ¿Es Antonio Gamoneda un poeta maldito? La vida de un empleado de banca capaz de componer semejante corpus poético, sin que nadie le haya prestado atención durante tanto tiempo, me parece el reverso perfecto de la vida de Baudelaire. Ambos están cubiertos por un aura de marginalidad en cada uno de los contextos que les tocó en suerte. Si yo tuviera que apostar, diría que Charles Baudelaire hubiera sentido mayor afinidad con Gamoneda que, por ejemplo, con Leopoldo María Panero, el maldito oficial (menudo oxímoron) de la poesía española.

Quiero insistir en la sugerencia del comienzo: quizá los lectores que no leen poesía deberían probar con este texto de Gamoneda.


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6 pensamientos en “Antonio Gamoneda y Mr. Hyde

  1. No sabe la ilusión que me haría ver este libro reseñado por usted. Lo confesaré abiertamente, cuando decía eso de “los lectores que no leen poesía”, pensaba en algunas personas en concreto, y entre ellas, por supuesto, estaba usted; porque, hasta donde yo sé, nunca le he visto reseñar un libro de poesía. Ojalá mi canallada haya conseguido persuadirlo. Aunque le confieso que me tiemblan las piernas por haber lanzado el guante. A lo mejor a usted Gamoneda ni fu ni fa, y al final tendré que pagárselo. No sé, para compensar me veré obligado a leerme alguna novedad literaria de Viola Di Grado o algo por el estilo.

  2. No, si ya me lo imaginaba…

    Libros de poesía, de esos en los que está usted pensando, no, no los he reseñado nunca. No sería muy justo, la verdad. Sí he reseñado una novela negra que está escrito en verso: http://lamedicinadetongoy.blogspot.com.es/2011/08/la-mascara-del-mono-de-dorothy-porter.html Algo es algo.

    El sábado fui a la biblio pero olvidé cogerlo. A ver si me acuerdo la próxima vez.

    Y por Viola di Grado no se apure. Nunca le haría algo así, sería demasiado cruel hasta para mí.

  3. Acabo de leer la reseña que ha enlazado. Ahora me temo que quizá he hecho mal en proponerle a Gamoneda, no quisiera ahondar en su trauma infantil. No hay golondrinas, eso sí es cierto, ni chascarillos a lo Gómez de la Serna. A mí Bécquer tampoco me hace ni puta gracia y Gómez de la Serna me gusta un ratito pequeño, pero que luego se calle. Pero, joder, supongo que estaremos de acuerdo en que se está perdiendo voluntariamente uno de los pilares de la literatura universal. La poesía puede ser un montón de cosas muy distintas entre sí, y no solo lo que hacía el chorras de Bécquer (qué gusto poder meterme con Bécquer, con mis alumnos tengo que ser más comedido). Ahora que vuelvo a pensarlo, sí me alegro de haberle recomendado a Gamoneda. ¡Ay, qué bien le vendría a usted un Programa de Reinserción Poética! Ándese con ojo, quizá un día un par de señores trajeados lo intercepten por la calle y lo metan en una furgoneta. Lo llevarán a la sede de una organización regentada por Homero en donde, junto al desayuno, le servirán unos versitos para que su metabolismo vaya asimilando endecasílabos.

  4. Pero es que me duermo. Se lo juro. A mí ni miolastán ni hostias. Un versito y me quedo frito. Además veo en los poetas un algo malvado. ¿Ha leído Sobre heroes y tumbas? ¿Recuerda aquel informe sobre ciegos? Pues esto es lo mismo. Habría que hacer un Informe Sobre Poetas. Terror puro, se lo digo yo. No hay poeta bueno, que no, que no.

    Ahora bien, por la fuerza ya no se. ¿La poesía con sangre entra? Pues igual.

  5. No, no, eso no, por favor, no compare la poesía con Sábato, que Sábato es un señor muy simpático, pero nunca me ha parecido un gran escritor. Me está usted incitando a tomarme su caso muy a pecho y a hacer algo para paliar su somnolencia. ¡Tengo que elaborar un plan!

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