Yasmina Reza sin teoría del arte

Arte, de Yasmina Reza

Arte, de Yasmina Reza

Hace ya unos meses vino una pareja de amigos a visitarnos. Suelen venir a vernos de vez en cuando y sus visitas son las mejores partes del año. Cuando vienen, hacemos cosas que nos gustan. Hablar, comer, hablar, ir al cine, comer, hablar, beber gin tonics, etc. Fuimos a ver, en esta ocasión, la última de Polanski, una adaptación de Un dios salvaje, una obra de teatro de Yasmina Reza. Salí del cine muy contento, sobre todo, por el guión de la película. Me encantó la historia y el modo de contarla. Me dieron ganas, por supuesto, de leer alguna otra obra teatral de esta señora. Así me hice con Arte, supuestamente, su pieza más celebrada.

Arte tiene el siguiente punto de partida: dos amigos (en realidad, tres) se pelean porque uno se compra un cuadro abstracto (tres líneas blancas trasversales sobre fondo también blanco) por mucho dinero y el otro piensa que el cuadro es una mierda y que su amigo ha hecho una gilipollez. Esta premisa podría llegar a ser fascinante si Yasmina Reza consiguiera hilar muy fino y tocar el fondo de toda esta cuestión. El caso es que estoy seguro de que todos hemos tenido alguna que otra disputa por culpa de una obra de arte contemporáneo, estando a favor o en contra. Yo mismo, en una ocasión, tuve una tremenda pelea con una antigua novia, en mitad de las Ramblas, en Barcelona, después de haber visto una exposición comisariada por Iván de la Nuez; yo estaba a favor, ella en contra. Nos gritamos, nos insultamos, y los turistas nos flanqueaban indiferentes a nuestra tragedia. Los argumentos de estas discusiones, normalmente, se reducen a tópicos, al final todos acabamos defendiendo una verdad de perogrullo en lugar de enhebrar una verdadera teoría del arte. Por eso, el tema central de esta obra de teatro seguramente ya ha pasado por la cabeza del público, así que solo puede triunfar si se construye de un modo distinto, de un modo más elaborado. Pero no es así. Arte cae en los mismos tópicos que cualquier aficionado a los museos con un buen cabreo.

En lo que quizá sí acierta esta obra es en mostrarnos un comportamiento demasiado común en las personas. Me refiero a esa edad en donde las personas comienzan a tomar el control de sus vidas y, por tanto, empiezan a comportarse como si supieran cómo funciona el mundo, empiezan a creerse portadores de la verdad, o al menos de alguna verdad. No tengo ni idea de qué edad es esa ni si yo la he sobrepasado o no. Pero siempre he desconfiado de la gente que se mueve por el mundo con tanta seguridad y tanta determinación, como los personajes de esta obra, esa gente que no contempla el margen de error cuando habla y cuando actúa.

Respecto del arte contemporáneo en particular y de la vida en general mi postura es la misma, parto de la idea de que no siempre podemos tener una opinión, y mucho menos una opinión inmediata. Para tener una opinión sobre algo en concreto necesitamos haber construido previamente un criterio adecuado. Es fácil emitir una opinión (de mayor o menor fundamento) sobre un cuadro de Monet, porque la perspectiva histórica nos ayuda a entender el impresionismo con más facilidad que -supuestamente- sus coetáneos. Pero no se nos puede pedir la misma soltura en nuestros juicios si se nos lleva a la última exposición de Peter Friedl. Eso no quiere decir que Monet o Friedl tengan o no que gustarnos, sino que tenemos herramientas distintas para hablar sobre sus obras.

Hagan ustedes mismos la prueba. Verán cómo no podemos usar la misma clase de argumentos a favor o en contra de ambos cuadros, las armas que tenemos funcionan de diferente forma en cada caso. Quizá esto sirva de ejemplo para señalar que los protagonistas de Arte, de Yasmina Reza, van de listos por la vida y que por eso me dan mucho miedo.

Nenúfares, de Claude Monet

Nenúfares, de Claude Monet

Mapa, de Peter Friedl

Mapa, de Peter Friedl

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17 pensamientos en “Yasmina Reza sin teoría del arte

  1. El “arte”. En bonito berengenal se va a meter usted.

    Conocía la película. La tengo desde hace tiempo pero en mala calidad y yo para estas cosas soy muy sibarita. Me costó situarme porque la conocía como “Carnage”. También conocía la existencia del libro, pero no tenía ni idea de que la una era la adaptación del otro. Lo tengo anotado desde hace algún tiempo pero en la edición que sacó el año pasado ALBA (http://www.albaeditorial.es/php/sl.php?shop.showprod&numusr=7455%2F56580&lang=1&m=Eur&ref=97884-84286684&fldr=378). Usted me acaba de convencer para leerlo enseguida. Si puedo, esta semana.

    Saludo,

  2. Yo, de momento, no me atrevo a leer otra obra de Yasmina Reza. Esta me ha dejado un poco tibio. Aunque, la verdad, era exactamente lo que necesitaba después de William Gaddis. Ya nos contará usted qué impresión le causa el texto teatral de Un dios salvaje. Vea también la peli de Polanski, que no está nada mal. Yo creo que a esta mujer habría que pedirle un poco más de dedo-llaga. O a lo mejor el problema es que a mí me va el rollo duro.

  3. Le pongo al corriente: me he leído Arte. Tuve suerte, lo encontré por ahí (digital) y me lo bajé. Coincido bastante con usted. No es ninguna maravilla pero toca un tema muy interesante. Varios temas, en realidad, entre ellos lo que hace con nosotros el arte. Tengo que darle un par de vueltas todavía. He robado algunas citas pero la que más me ha llamado la atención es este instante:

    MARCOS: Yo no te he reemplazado por Paula.
    SERGIO: ¿Me estás diciendo que yo te he reemplazado por el Antrios?

    Creo que ahí reside el centro de la novela: en la relación que establecemos con el arte y como afecta a nuestro entorno y relación con los demás. Que traducido a cristiano es algo así como “lo gilipollas que nos ponemos con según qué cosas”. Bueno, nada, estaba pensando en alto. Ya lo dejo.

    No ha estado mal pero es que cada vez me gusta más el teatro como refugio entre lecturas. Al contraría que usted yo sí me leeré (ya) más cosas. He seleccionado estas: “Un dios salvaje”, “Una desolación” y “En el trineo de Schopenhauer”, que como son cortitos supongo que me leeré casi del tirón.

    Saludos,

  4. Sí, en eso estoy de acuerdo, creo que lo que usted cita es el quid de la cuestión. De todos modos, es que me parece que todo se queda en un plano muy superficial. Como decía, no hay más dedo-llaga. Plantea cosas interesantes, pero no consigue sacar petróleo de ellas, ¿no cree usted?

    Yo quizá también leeré algo más de esta señora, porque me he dado cuenta de que puede servir como lectura para mis alumnos. Es accesible y plantea cosas interesantes, aunque no indague mucho en ellas.

    Saludos!

  5. No, no saca petroleo alguno, no hay duda. Pero es que el tema tampoco se deja: las posturas son históricamente irreconciliables. Arte: ahí tiene el orinal de Duchamp. Está bien lo que dice usted: plantearlo como lectura de cara a un debate posterior.

    Saludos,

  6. Son ustedes muy educados hablando, así da gusto, como en las novelas del xix, “ustedes” y “señores” y cosas “encantadoras” y “deliciosas”; es magnífico, lo digo sin ironía. Por lo demás, el arte ni fu ni fa. Prefiero leer un libro como si fuese un cualquiera, no sé, otra cosa se me hace como hablar con una persona y pedirle que sea “La Persona”. Bastante tiene uno con ser lo que es como para encima tener que ser algo más. También: hay bibliotecas públicas, lo cual me evita comprar libros, que son caros, aunque aquí, tal vez, debería opinar alguien con más dinero; de todos modos esto no pasa con los cuadros -pero sería guay, ¿no?, una pinacoteca pública: vas con tu carné y te llevas un cuadro a tu casa por quince días, ahí colgado, en tu salón. Sería delicioso.

  7. Gracias por su halago. Me esfuerzo en hablar de usted a los comentaristas de este blog por una cuestión sencilla. La distancia a la que nos mantiene la blogosfera necesita de un trato acorde. Así es más fácil mantener las formas tras el anonimato que a todos nos cubre.

    Es muy buena su idea de las pinacotecas. A mí me gustaría poner un Rothko en el salón que hiciera juego con los sofás, jejeje.

    Un saludo.

  8. Ola!! tu blog está genial, me encantaria enlazarlo en mis sitios webs. Por mi parte te pediría un enlace hacia mis web y asi beneficiar ambos con mas visitas.

    me respondes a munekitacate@gmail.com

    besosss

    Emilia

  9. Hola, me alegro mucho de que le guste el blog. Hace bastante tiempo que eliminé mi blogroll, porque prefiero despejar el blog todo lo posible. Le agradezco, de todos modos, su propuesta.

    Un saludo.

  10. Advertencia: soy un intruso sin preparación artística y (con bastante insolencia) me dispongo a dar una opinión sobre el Arte (en mayúsculas, ¿no?)…

    Creo que el Arte (sobre todo en las artes plástica) siempre ha gozado de crear una impresión directa en el espectador, desde cuya intensidad se extrae la profusión de interpretaciones o explicaciones. Puede que las creacciones modernas sean el inicio de una inversión, armadas de un soporte discursivo previo para que la ‘chorrada’ sea auspiciada a ‘genialidad’ antes de que cualquier observador primerizo se quede perplejo en su neutralidad o en su indiferencia… Y extirpadas de esa inmediatez hasta las heces embasadas logran alcanzar la categoría de interés general estético…

  11. Hombre, yo creo que ese soporte discursivo previo siempre ha existido a lo largo de la historia del arte, otra cosa es que haya sido más o menos consciente. Por ejemplo, Leonardo da Vinci pintaba, lo hacía de un modo en concreto porque pretendía plasmar, precisamente, su discurso. Por otra parte, hoy día nos enfrentamos al arte contemporáneo, supongo, de un modo similar al que otros espectadores se enfrentaron, por ejemplo, al nacimiento de las vanguardias. Llega algo nuevo y hay que asimilarlo sin puntos de referencia, y la primera reacción es pensar que eso es una mierda. Por supuesto, no todo vale y no todo es una genialidad. Pero no es tan fácil distinguir entre el grano y la paja de inmediato, hay que estar muy preparado y tener algo de perspectiva temporal.

  12. Ahí me has dao, Dani! (je).. Trataré de llenar los vacíos artísticos para próximas intrusiones…
    Al margen de esto, parece que del apartado S aún no te has ocupado… ¿Para cuando una de Sallinger por el blog? ¿O hay causas personales contra su literatura (que tampoco serían inconveniente para una vivisección espinariana)?… Para mi sería interesante leerla…
    Un saludo!

  13. En la S hay ya varios autores: Charles Simic, Peter Sloterdijk y Art Spiegelman. Otras letras están mucho más vacías, pobrecillas. A Salinger llevo un montón de tiempo sin leerlo y, la verdad, es que tengo ganas de hincarle el diente a sus cuentos. Me parece buena idea, lo apuntaré en esa lista hipotética que no tengo y que intento recordar cuando me acerco a una librería. Gracias por la sugerencia.

  14. A mí en un principio me pasó lo mismo que a ustedes, el libro me dejó un poco tibia. Pero después reflexioné un poco más, y llegué a la conclusión de que realmente el cuadro es un “espejo” en el cual cada uno de ellos proyecta su verdadero “yo”. Sergio quiere pensar que el cuadro no es del todo blanco (y subrayo lo de quiere pensar), Marcos está tan cerrado a percibir cualquier matiz distinto al blanco que afirma categóricamente que es imposible que nadie vea un color que no sea blanco. Iván, por el contrario, como es el más emocional y empático es capaz de ver colores, pero en última instancia es el que afirma que el cuadro es blanco. Es decir, es capaz de ponerse en la piel de los dos.
    En esta historia el arte es una excusa, porque el verdadero tema que trata es el de las relaciones humanas.

  15. Hola, sí, al fin y al cabo, saqué una conclusión parecida. Está claro que el cuadro es lo de menos, sino la percepción que tenemos de él, la escala de valores que ponemos en juego y el modo de relacionarnos entre nosotros gracias a un mismo objeto.

    Un saludo.

  16. Daniel: Creo que no has captado por donde va la obra. La discusión sobre el cuadro es lo que menos le importa a la autora. Lo esencial es un estudio sobre las relaciones humanas. Para nada los tres van de listos por la vida. Cada uno tiene sus fuerzas y sus flaquezas y salen a relucir utilizando como excusa la discusión sobre el cuadro, que, desde el punto de vista artístico es prácticamente intrascendente. Profundiza en esta visión de la obra y tendrás una impresión diferente.

  17. Ricardo,

    le doy la razón en la importancia de las relaciones humanas en esta obra. Pero me niego a aceptar que el tema del arte sea baladí. Se plantea de una forma demasiado central como para que a la autora no le importe todo eso. De hecho, tal y como yo lo entiendo, ambos aspectos son indisociables en esta obra. Adopté esta perspectiva cuando leí este libro porque, precisamente, sufrí una carencia, un hueco, en el texto que hacía cojear cualquier otra dialéctica que se planteara. No sé, recordando el texto desde la distancia temporal, sigo teniendo la impresión de la falta de chicha, de la intrascendencia en alguno de sus planteamientos.

    Un saludo.

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