Rafael Pinedo da rienda suelta a mi paranoia apocalíptica

Plop, de Rafael Pinedo

Hace unos días vi La caída de los dioses, y quería comentarles a mis amigos en Facebook cuánto me había impresionado la película, pero no sabía cómo expresarme, qué decir al respecto, cómo compartir con ellos mi excitación. Por suerte, ahora lo tengo un poco más fácil, porque acabo de leer una novela que me ha hecho pensar mucho en La caída de los dioses, acabo de leer Plop, de Rafael Pinedo, que habla más o menos de lo mismo.

Se me ocurre una razón para el Nazismo. Todo aquello fue un ensayo para el apocalipsis. Con el Nazismo vimos, grosso modo, qué nos espera y cómo nos relacionaremos los unos con los otros cuando todo se haya ido a tomar por culo.

Hoy hace un buen día y me apetece hablar del apocalipsis.

Parto de la idea de que la Humanidad empezó a trabajar en el apocalipsis en el momento en que las primeras manadas dejaron de ser nómadas y se convirtieron en poblados sedentarios, en el momento en el que empezaron a transformar el mundo en lugar de adaptarse a él.

Hoy día, hablamos del fin del mundo gracias al cambio climático, a la bomba atómica, a la superpoblación, etc. Pero el fin del mundo comenzó hace mucho y se ha estado desarrollando suavemente hasta ahora. Esto es, por decirlo de algún modo, que durante la mayor parte de la Historia de la Humanidad hemos vivido labrando un apocalipsis-soft, un apocalipsis distendido e ignorado, como el que sufre una piedra que se desgasta por el caudal de un río. Por fin hemos llegado al punto de inflexión, gracias a todas estas problemáticas que nos han obligado a hablar sin tapujos del fin del mundo, y nos hemos embarcado en un apocalipsis-hard. Por fin prevemos lo que nos espera y ahora queremos dar marcha atrás. Pero ¿marcha atrás hacia dónde?, ¿hacia el nomadismo? Sabemos que nuestras estructuras sociales no volverán a ese extremo, por lo tanto, por muy atrás que volvamos, solo podemos optar por regresar a un apocalipsis-soft y esperar pacientemente a que el punto de inflexión se haga inevitable y volvamos de lleno a la etapa dura.

No hay una marcha atrás real. No puede haberla. Nos hemos considerado como el último eslabón dentro de la evolución de las especies; en realidad somos el fin: nuestra misión como especie, nuestra misión vital es, precisamente, apagar la luz y cerrar la puerta. Si esa idea perteneciera al sentido común, nos sería mucho más difícil alcanzar nuestro objetivo animal. Solamente la religión podría mantenernos distraídos, haciéndonos que nos esforcemos, inútilmente, en otros objetivos ficticios.

Supongo que no es coincidencia que el ateísmo se esté extendiendo en esta época de apocalipsis-hard. Si hemos tomado, finalmente, conciencia de nuestro destino, no es necesario que sigamos guiando nuestras vidas a través de una fe. La fe a gran escala quizá se esté acabando, pero a cambio hemos diseñado un placebo para mantener nuestras expectativas de supervivencia ante la previsión del fin del mundo. El Ecologismo busca suplantar el Reino de los Cielos por otra tierra prometida: un mundo sostenible, es decir, una parálisis del apocalipsis en donde se pueda sobrevivir, siempre y cuando consigamos mantener el mesiánico proceso regulador que nos promete esta nueva doctrina. Cuando imagino, por cierto, la idea de un mundo sostenible siempre se me aparece la imagen de un castillo de naipes.

Ahora, avancemos un paso más allá y entremos en el mundo de Plop, la novela que ha desatado este post. No sabemos qué ha ocurrido exactamente antes de esa era, pero es evidente que tanto las religiones como el Ecologismo han fallado. No hay ni rastro de lo uno o de lo otro en toda la novela; a lo sumo, se conserva el hábito de tener tabúes, que son más un eco de un pasado desconocido que verdaderas normas simbólicas para evitar daños reales. Los habitantes de esta novela luchan por sobrevivir cada día, y solo pueden hacerlo volviendo al nomadismo, ya que se han vuelto prácticamente incapaces de alterar su entorno. Han vuelto forzosamente al estadio anterior al apocalipsis-soft, y quizá por eso aún queda esperanza en la novela.

Las conductas de preservación que se dan en Plop son extremadamente crueles, pero altamente efectivas. Vistas desde la perspectiva del estado del bienestar, podríamos interpretar esos actos humanos como miserables, podríamos usar un amplio repertorio de calificativos que distanciaran a los personajes de Plop de nuestra conducta social, que sonaran a reproche, que sonaran a condena. Por otro lado, son, precisamente, todos esos comportamientos humanos susceptibles de crítica en Plop, los que creí ver en los personajes de La caída de los dioses, de Luchino Visconti. Tanto en el Nacismo como en el Apocalipsis, estas dos obras –la película y el libro– nos presentan un mismo patrón humano, porque el primero es, como ya he apuntado antes, un ensayo del segundo. Quizá no queramos comprender cómo los seres humanos no supieron afrontar de otra forma el Nazismo. Quizá, sencillamente, estaban actuando con naturalidad ante un evento de tal magnitud. Si esto es así, volveremos a cometer los mismos actos –retratados en La caída de los dioses y en Plop– cuando el apocalipsis haya culminado y tengamos que dar el último paso para cumplir nuestro objetivo animal.

Fotograma de "La caída de los dioses", de Visconti (Se me ocurre que esta escena está muy relacionada con las escenas festivas de "Plop")

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4 pensamientos en “Rafael Pinedo da rienda suelta a mi paranoia apocalíptica

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  3. Estimado Daniel. Shapó por ese artículo. Lo he leido y me ha estremecido. Soy profesor de Sustentabilidad, y he fui criado como Testigo de Jehová. Ahora podrás entender porque me ha tocaso. Estoy de acuerdo con vos. No hay forma de volver atrás. Pero me he autoimpuesto el deber del optimismo, tengo dos hijos uno de cinco y una de nueve meses. Espero que te cuides de tue enfermedad y que nos sigas regalando estas perlas. Un saludo desde el fin del mundo

  4. Hola Armando, imagino que tener hijos es una inmejorable razón para tratar de ser optimista. Sin un poco de optimismo no hay manera de que el mundo funcione. Yo, en realidad, también tengo mis momentos de ser positivo, jejejeje. Un saludo.

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