David Mazzucchelli sin relación de pareja

Asterios Polyp, de David Mazzucchelli

Yo soy de esos que, si se pusieran a calibrar, medirían su felicidad en su relación de pareja a partir de las cosas que pueden compartirse con la otra persona. Elegiría este indicador, más parecido a una matemática de conjuntos que a un test-de-compatibilidad-por-sms, porque apunta hacia los campos de confluencia y, por tanto, de influencia entre dos personas. Se nos ocurrió, la otra noche, a mi amadísima Elisa Calatrava y a mí leer un cómic juntos, quiero decir, los dos al mismo tiempo. No es como ver una película, pero tampoco se coarta el ritmo de lectura del otro como si se tratase de un libro. Es un término medio interesante, una experiencia que podría llegar a convertirse en costumbre, ¿quién sabe?

Nuestro primer cómic juntos ha sido Asterios Polyp, de David Mazzucchelli, que trata, entre otras cosas, de una relación de pareja.

La primera vez que oí hablar de esta obra, el bloguero que la reseñaba la definía, más o menos, como algo que podría haber sido creado por Thomas Pynchon. En cierto modo le doy la razón, pero nunca se me habría ocurrido pensar que lo pynchoniano no era la historia, sino la forma, lo visual. David Mazzucchelli, hasta donde sé de él, es sobre todo un dibujante, y en la propuesta gráfica de Asterios Polyp podemos encontrar la misma fuerza entrópica y dislocada de la narrativa de Thomas Pynchon; una propuesta que, sin embargo, adquiere coherencia a lo largo del cómic, se convierte en necesaria para contar la historia que se está contando, se vuelve un código rápidamente aprehensible sin el cual nos estaríamos perdiendo el timbre y el tono de la voz narrativa.

En cuanto a lo que se cuenta, yo veo otros referentes muy distintos. Es la historia de una relación de pareja, pero de esas que suele contar Woody Allen, se trata del mismo canon. Pero hay que tener en cuenta que si Allen intenta salvar el barco a través del sentido del humor, Mazzucchelli raspa esa pátina de alivio y que cada uno se las apañe como pueda. De algún modo, uno a veces quiere parecerse a los personajes de Woody Allen, pero, por bien que acabe cayendo Asterios Polyp, uno preferiría no parecerse a él demasiado. Quítenle a Woody Allen sus encantadoras gafas, déjenlo observar el mundo sin cristales graduables y los problemas adquirirán un peso distinto. Nos acordaremos entonces un poco más del protagonista de Ruido de fondo, de Don Delillo, de ese hastío, de ese miedo, aunque tampoco habría que llegar a esos extremos.

Quizá, en realidad, Asterios Polyp nos esté lanzando un mensaje redentor o (incluso diría que se trata de) un mensaje positivo, porque en esta obra el fracaso actúa como catalizador de una reeducación sentimental, de un reset cuando la pantalla se bloquea y ya no importa qué teclas pulsemos porque ya no hay tecla correcta.

Asterios Polyp es magnético. No solo el protagonista homónimo, sino el resto de los personajes. Todos están dibujados -y no me refiero al dibujo- con una habilidad pasmosa. Mazzucchelli no solamente es capaz de sugerir personalidades sensiblemente complejas con poco texto, sino que, en algunos casos, consigue un desarrollo psicológico que solamente es solapado por el arrollador egotismo de Asterios Polyp. Hay personajes de esta obra a los que me gustaría haber conocido.

Y ahora quiero más de David Mazzucchelli. Pero ya no como dibujante de Frank Miller, o de cualquier otro. Ahora ya sé que Mazzucchelli sabe cantar y tocar la guitarra al mismo tiempo, así que podría ser nuestro nuevo Bob Dylan.

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