Thomas Bernhard es Homero

En las alturas, de Thomas Bernhad

 

mi perro sabe que lo voy a matar, pero no lo sabe nadie más: nadie tendrá mi perro.
EN LAS ALTURAS, DE THOMAS BERNHARD

 

Una mañana, sin más, decidí hacerlo.
Esa mañana arranqué un cordel del tendal del patio e hice un nudo corredizo. No era fácil con las hebras sintéticas.
Laceé con el cordel el cuello de Renu, mi yorkshire, y lo colgué de la higuera del terruño que rodea mi casa.
SEVRÈS, DE CRISTOF POLO

 

Debí haber empezado a escribir todo esto el fin de semana pasado. Yo quería decir: “Estoy escribiendo esto desde la habitación de un hotel llamado Caballero Errante“. Pero me dolía todo el cuerpo después de un largo día en la ciudad. Uno se niega a salir de casa e inventa excusas todo el tiempo, pero a veces va a la ciudad; uno tiene la mente siempre puesta en la ciudad, pero el cuerpo no acepta nada distinto del sofá, la cama y el cuarto de baño. Yo quería decir Caballero Errante para hablar de En las alturas, de Thomas Bernhard. ¡Hubiera quedado tan simétrico! Pero me dolía todo el cuerpo después de un día maravilloso y demoledor en la ciudad.

El sofá de mi casa. Hablemos de Thomas Bernhard, otra vez.

En las alturas es una epopeya. Del mismo modo que Dostoyevski trajo el psicologismo a la novela rusa, Thomas Bernhard lo trae al género de la epopeya. Ahora la epopeya está en la cabeza, ¿está en las alturas? Bernhard escribe una epopeya psicológica. Bernhard es el Caballero Errante -ahora haré una comparación odiosa-, igual que Odiseo, pero Bernhard no ha necesitado salir de su cabeza.

La única ventaja de Bernhard es que ha leído a Homero y a Dostoyevski. Y Homero no ha leído a ninguno de los dos. Eso define el carácter de esta epopeya. Eso y otras cosas. Por ejemplo, la yuxtaposición construye paisajes parecidos a las pantallas del Super Mario Bross. Hay que saltar de seta en seta, de ladrillo en ladrillo, de tubería en tubería. Vamos irremediablemente hacia adelante y al mismo tiempo adquirimos un sentimiento de digresión continua. Así quizá funcione la epopeya psicológica, y puede que también la cabeza de Thomas Bernhard, ¿quién sabe?

La yuxtaposición y la asociación libre. Escribir hacia adelante e incorporarlo todo. Y, lo más importante, hablar para que nadie te escuche y te interrumpa. Bernhard se tuvo que quedar descansando. ¿Podemos improvisar alguna teoría más sobre la epopeya psicológica? Uno siempre puede seguir inventándose cosas. La epopeya psicológica no puede ser siempre privada. La epopeya fue concebida para ser cantada. La epopeya psicológica también es capaz de tolerar un público. Se me ocurre un caso paradigmático, al menos yo veo en él un epígono de Bernhard en los escenarios: Miguel Noguera y su Ultrashow.

Homero, Virgilio, Thomas Bernhard y Miguel Noguera narrando hacia adelante e incorporándolo todo, adquiriendo al mismo tiempo, ese sentimiento de digresión continua. Por eso, al final o al principio tendremos que matar a nuestro perro. Esto hay que tenerlo claro. Los perros corren y dan vueltas alrededor de nosotros sin reparar ni un momento en que siempre nos movemos hacia un destino. Los perros son mala compañía y eso la literatura ha sabido verlo. Estableciendo diferencias entre géneros, considero que la epopeya necesita matar más perros que la novela o, incluso, más que el cuento. ¿Cuántos perros habrán muerto en la literatura? Yo también estoy deseando matar al mío.

 

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7 pensamientos en “Thomas Bernhard es Homero

  1. ¿Qué leer después de Bernhard?, preguntabas ayer. Difícil respuesta. Yo, la primera vez después de mi primer Bernhard, leí a Miki Otero. NO volveré a leer a Miki Otero. Así le fue. Otra vez leí a Julian Grac. No volveré a leer a Julian Grac. En otra ocasión leí a Hugo Abbati. Y de este sí. Volvería y volveré a leer cualquier cosa que publique Hugo Abatti. Porque Abbati (y esto no lo dije en su momento en el blog y debí hacerlo) escribe en sus “Correspondencias” lo que le pasa (o pudiera pasarle) a los personajes de Bernhard. Quiero decir que: Abbati explora los orígenes de las obsesiones de Bernhard. (Definitivamente debí decir esto en el blog).

    Mi recomendación es esa. Pero como el libro de Abbati no es fácil de conseguir (ni bibliotecariamente hablando) te hago una oferta: me pasas tu dirección y yo te mando el libro (el coste es tan irrisorio que no se presta a discusión) y saldo así la cuenta que tengo con el libro porque yo lo recibí del mismo modo y con la misma condición: difundirlo, en la medida de lo posible y por los medios que fuesen necesarios. Un amigo, amigo a su vez del editor, me lo envió y luego me lo regaló porque ese mismo editor le regaló otra copia.

    Dejo la oferta sobre la mesa e insisto: lo hago encantado.

    Un saludo,

  2. Hola Carlos,

    pese a que soy un fetichista y un maniático con los libros, su oferta me parece terriblemente tentadora. Le mando mi dirección vía facebook, en un ambiente más distendido e íntimo. Por cierto, no conozco a este tal Abbati. Esto lo hace todo doblemente atractivo. Prometo leerlo, comentarlo y enviar el libro a otra persona.
    En cuanto a la próxima lectura post-bernhard, tengo en casa un buen montón de libros entre los que elegir; a ver si consigo que vayan bajando con rapidez. No sé si fue en su blog, en alguno enlazado al suyo o en cualquier otro donde leí una reseña sobre David Vann. Me picó mucho la curiosidad, entre otras cosas por el hecho de que todo el mundo diga que ha sido un libro con mucha repercusión y yo no me haya enterado de absolutamente nada. Vivo en un nube, supongo. Así que me lo compré hace unos días y voy a leerlo antes de que me llegue la sobredosis informativa sobre esta novela. Voy a intentar mantenerme apartado en mi nube. A ver si soy capaz de recorrer el camino inverso al que realicé con Fernández Mallo, donde primero fue el márketing, luego la sobredosis y, finalmente, mucho después, la lectura.

    Chauuuu!

  3. No, yo a Vann no lo leí. Es más: hace unos días lo pedí prestado a la biblioteca y me dijeron que nanai, que no lo tenían y que quien lo tenía (otra biblioteca) todavía no lo dejaba por nuevo y tal y cual. Y si hago otra desiderata me echarán del país (vengo de recoger tres: “El apocalipsis de los trabajadores”, “Celecanto” y “Padres Ausentes”). De Vann he visto que recientemente lo recomendaba Ferré, que sí tengo enlazado en el blog y fue quien me animó a su compra. Y no temas (¿pasamos al tuteo?): no vives en la inopia: yo tampoco me enteré hasta que era demasiado tarde. Creo que vivimos tanto en los márgenes de la literatura que cuando sale algo de éxito la sombra de la sospecha lo mata y no queda ni como recuerdo.

    A Abbati no lo conoce nadie, no temas. Es famosillo en argentina pero se está arrancando aquí con este libro. Le hice un comentario hace poco. Una epistolar de mentirijilla que pretendía hacerle justicia y sirvió para demostrarme que tengo mucho que aprender. Aquí: http://lamedicinadetongoy.blogspot.com/2011/02/correspondencias-hugo-abbati-quinta.html
    El amigo que me lo pasó es este: http://bolmangani.blogspot.com/2010/11/correspondencias-de-hugo-abbati.html
    Hay más críticas por ahí pululando y todas lo dejan en una posición bastante buena.

    Nos vemos en facebook pues.

    (Leches, he perdido la concentración. Estoy viendo cuatro entradas que no había visto antes en tu blog que tienen muy buena pinta).

  4. Yo a usted lo tuteto con todo mi corazón. Pero no en el blog, porque me gusta tanto tratar de usted a todo el mundo que se ha convertido en una regla de estilo de este espacio. En el facebook o tomando una cerveza (si alguna vez tengo la suerte de poder compartir alcohol con usted), me desembarazaré de este “usted” tan digitalizado por el contexto. A veces, sin querer, hago excepciones porque hablo con gente a la que ya le he visto la cara en eso que llaman “vida real”, y que no no sé qué tiene más de real que mi blog, jeje. Eso sí, por favor, usted tutéeme con toda naturalidad. Es lo mínimo que espero de usted para sentirme reconfortado y, si cabe, un poquito apreciado.
    Me siento tan comprendido después de sus palabras! Uno es un poco tontorrón y a veces se cree muy especial y se queda al margen de la literatura a ver pasar a los pájaros más raros, y así uno se pierde partes de la fiesta que no están nada mal. Bueno, yo siempre digo que mis prejuicios son la herramienta más eficaz que he tenido hasta el momento para filtrar mis lecturas. Si algo bueno no me llega por culpa de mis prejuicios ya conseguirá otra vía para acercarse, así que por eso tampoco me preocupo.
    Le mando esta tarde/noche mis señas vía facebook. Un saludo!

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