Cómo suena Don Delillo con mi tos de fondo

Ruido de fondo, de Don Delillo

 

A veces es bonito contextualizar: he leído el último tramo de Ruido de fondo tras una noche y un día empotrado en un sillón de una sala de observaciones de un hospital, con suero intravenoso, oxígeno y aerosoles; todo ello después de haber pasado toda la navidad bloqueado por frecuentes ataques de tos, leyendo a Delillo, tos y Delillo durante todo el día, hasta que finalmente todos acabamos en el hospital.

Quien haya leído Ruido de fondo ya sabrá que estoy planteando un escenario inmejorable por el que tengo que dar gracias.

Seamos conservadores. No veamos Ruido de fondo como una crítica al estado del bienestar en una familia norteamericana. Don Delillo hace de la vida capitalista una tragedia literaria. Quizá en un sentido shakesperiano. En las tragedias de Shakespeare, los personajes siempre ostentan un libre albedrío y toda su capacidad para equivocarse; siempre se enfrentan ante un destino arrollador, y sus debilidades, sus vicios, sus mezquindades, sus inseguridades los llevan a cometer errores insalvables, así suelen acabar muertos y el orden vuelve a restaurarse. En Ruido de fondo, Jack Gladney y su familia tienen algo que conservar, como todo el mundo, todo aquello que les hace poder seguir con la vida del mejor modo posible. ¿Pero cuánto nos cuesta conservar lo que tenemos? ¿Somos capaces? ¿Estamos preparados? Ruido de fondo trata sobre que el orden shakesperiano puede irse al garete en cualquier momento, por lo que todos pueden acabar mal o muy mal en un abrir y cerrar de ojos y, además, la culpa la va a tener todo aquel que no haya sabido tomar las decisiones acertadas. Miedo a perder el coche y miedo a perder la vida. El capitalismo nos hace infinitamente humanos en esta novela.

No sé cómo andarán ustedes de salud, pero en las primeras líneas he dejado entrever que no estoy en mi mejor momento. La percepción que tengo de mí mismo es la de una persona débil. Intento no sufrir ansiedad por el hecho de que nunca estoy al 100%. Me autoconvenzo de que todo va bien y de que puedo hacer una vida normal. Pero siempre está ahí ese ruido de fondo que me va minando como si yo fuera una pieza de madera rellena de polillas. Con Don Delillo uno se plantea hasta qué punto esto es instinto de conservación, hipocondría, o un comportamiento psicótico. ¿Si intentamos mantenerlo todo a flote acabaremos ahogándonos por nuestro propio esfuerzo?

Antes de esta novela, intenté leer a John Barth y sus piruetas metaliterarias en Sabático. Lo abandoné por aburrimiento, a estas alturas uno ya no puede sorprender a nadie con esos trucos. En cambio, no hay nada más divertido y espectacular que el realismo de Ruido de fondo, porque en el mundo descrito por Delillo el realismo se vuelve irremediablemente paranoico. La realidad ha quedado tan distorsionada que ya funciona por sí misma como experimento formal. Solo hay que saber radiografiar adecuadamente y superponer capas. Luego se mira a través y podemos ver el extrañamiento.

Hay algo fabuloso en la familia de los Gladney. Los padres de la familia, Jack y Babette, nos demuestran el horrible peso de la responsabilidad. Ellos son los encargados del bienestar familiar y del suyo propio. Pero eso no los hace más fuertes, de un modo u otro siempre acaban paralizados por el miedo. Son los hijos, eximidos de tal peso, los que reaccionan continuamente ante las amenazas que son capaces de detectar en la vida; hijos adolescentes que todavía son capaces de afrontar las consecuencias del mundo paranoico, trágico y capitalista en el que están ingresando a medida que crecen. Como contrapunto, existe Heinrich, un adolescente descreído capaz de contemplar el mundo con lucidez. Heinrich le dice a su padre algo así (no es una cita, sino un resumen de un pasaje): “hoy en día el conocimiento está en todas partes, pero ¿sabrías tú sobrevivir por ti mismo mejor un hombre de las cavernas?”

En fin, tenemos mucho que conservar pero no sabemos nada. Podemos morir por muchas razones, pero lo peor de todo es que también podemos morir por nuestra propia culpa. Somos muy poca cosa y, como la vida suele ser larga, esa sensación acaba explotando por algún sitio. Ruido de fondo podría tratar sobre esto que planteo desordenadamente y, por una vez, me ha apetecido comentar de qué trata una novela. Quizá porque esta novela me ha removido por dentro, quizá porque yo comparto los mismos miedos. Yo tampoco sé muy bien cómo tomar las mejores decisiones para seguir a flote ahora que soy libre y económicamente independiente. ¿Ustedes se sienten preparados para la vida? Yo no, yo solo tengo dudas, ¡a mí que me dejen leer y ya está!

Gracias a David por aconsejarme esta novela.

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17 pensamientos en “Cómo suena Don Delillo con mi tos de fondo

  1. Me gustó muchísimo este libro y creo que tu crítica es muy acertada pero, en mi opinión, no se puede dejar de lado lo maravillosamente bien escrito que está. Da gusto leerlo. Utilizando una expresión que leí en alguna parte, ciertas páginas dan ganas de celebrarlas con una botella de champán.
    Saludos y espero que te mejores. (Es la primera vez que comento, pero suelo ojear el blog)

  2. Hola,

    gracias. ¡Uy!, no pretendí dejar de lado lo bien escrita que está la novela. A mí también me lo parece. Delillo logra una prosa hipnótica, y unas atmósferas impagables. Pase usted por aquí a menudo y comente sin miedo, jeje. Un saludo y hasta otra.

  3. En cambio yo no pude con Ruido de fondo en su día, supongo que por prejuicios sobre el realismo. En fin, ya sabemos que los libros también tienen sus momentos. Lo que si da gusto es leerle a usted, Daniel Espinar.
    Salud

  4. Muchas gracias Ignacio. Yo tampoco pude con Delillo en otra ocasión, con su obra “Fascinación”, que me dejó pensando que este señor no era más que un profesional de la literatura. Pero bueno, ya sabe, yo soy muy prejuicioso y aun así he logrado darle una segunda oportunidad, jeje. Por cierto, si cabe, yo también tengo prejuicios contra el realismo, pero precisamente por eso me gustó mucho más esta novela. Ojalá usted encuentre el momento adecuado para leerla. Sin duda, yo también opino que cada libro tiene su momento, pertenece a una de nuestras épocas, y eso es lo que hay que saber buscar en nuestra historia personal de la lectura.

    Un saludo!

  5. Bueno, Dani, primero, mejórate de salud. Segundo, sabes que este no suele ser mi tipo de literatura, pero me ha llamado la atención y puede que le eche un vistazo, merced a tu reflexión.
    En cuanto a esta misma, no sé, las supervivencia siempre está amenazada, tanto por el exterior como por nosotros mismos, nuestros miedos y tribulaciones.
    Es cuestión de echarle huevos, examinar prioridades y carencias y tirarle a fondo, que se jodan los cocodrilos, como suele decir mi madre. Lo importante, creo, es tener claro lo que quieres conseguir y pensar en ello cuando el miedo te paralice.
    Un saludo Dani.
    Nos seguimos leyendo.

  6. Estoy de acuerdo contigo en la actitud que habríamos de tener. Pero a veces uno se siente un incompetente para la vida. Jack Gladney vive en un mundo donde se depende de demasiadas cosas (como todos nosotros). ¿Qué somos capaces de hacer por nosotros mismos? Ahora que lo pienso, es como si cogiéramos el clásico tema de civilización/barbarie y nos acojonara mucho encontrarnos en esa dicotomía. Contado así, esto parece una chorrada, jejeje. En realidad, la novela es mucho más inteligente que lo que estoy diciendo.

  7. Me he decidido a empezar hoy mismo esta novela (cuando escribo estas palabras ya es un hecho; un hecho pequeñito, como de 20 páginas, pero hecho al fin y al cabo) y ha gustado descubrir, otra vez por azar, este comentario que había leído un poco tangencialmente hace unos días.

    Es pronto para emitir juicios pero la impresión inicial no puede ser mas positiva.

  8. Me alegro. A mí es una novela que además de gustarme mucho me dejó descolocado unos días. La estuve leyendo más o menos a la par que un amigo, la íbamos comentando. Se podría decir que Ruido de fondo salvó mi Navidad, jeje.

  9. Finito! La acabé. Bueno, no sé que decir, la verdad. Efectivamente, también a mi me ha dejado un poco descolocado y aprovechando que nos oye nadie te diré que me hizo pasar un rato realmente malo. El miedo a la muerte y toda esa mierda. Leches, que desazón. No dejaba de pensar en la vida la muerte la vida la muerte la muerte la muerte… Me alegro de haberlo terminado. Esto es como ver aquella película de torturas que tuvo una segunda parte y se desarrollaba en los países de este: que sí, que vale, que muy bien, muy creíble y todo eso pero ¡basta!, ¿es necesario pasar por esto? En ese sentido mi identificación con todos ellos, especialmente Babbete, fue brutal.
    Lo acabo de terminar hace unos minutos y todavía estoy de subidón (o de bajón, en este caso). No es el momento de hablar de ello, no con todo tan fresco.

    Una novela fuerte, sin duda.

  10. Qué bueno que la literatura nos pegue en ocasiones semejantes palizas, ¿no? A veces no hay nada mejor que un par de hostias bien dadas. Ya nos contará usted con más tranquilidad. Y recuerde, respire pausadamente, de lo contrario podría acabar hiperventilando y acabaría mareándose.

  11. me lo acabé ayer, solo puedo decir una cosa. ¡¡Toyota cellica!!

    broma, pero no mucho más, lo mío con este libro ha sido amor a primera vista, esta taaaan bien escrito, con un estilo que me ha parecido personalísimo pero que a la vez fluye de la forma mas natural. lo que mas me ha llegado es esa sensación de, no puede estar hablando en serio que tienes en muchos momentos, hasta que por mera probabilidad estadística se pone a hablar sobre algo que tu has vivido personalmente y te das cuenta de que si, va muy en serio, la vida a dia de hoy es eso.

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  14. Querido Gran de Gladney,

    me parece que su comentario dice más de usted que de mí. Vuelva a leer la nimia mención que hago sobre Barth y reflexione un poco sobre el arrojo que lo ha llevado a expresarse así. Huelga decir que su educación se muestra inversamente proporcional a su arrogancia, como suele ocurrir en estos casos.

    Le deseo un feliz año nuevo.

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