Cápsulas revitalizantes de Thomas Bernhard

El imitador de voces, de Thomas Bernhard

Hace unos días esperaba la llegada del autobús en la, así llamada, parada de autobús, que no es más que un punto tácito y conocido por todos los lugareños en una de las aceras de una calle principal de mi pueblo, autobús que me llevaría hasta Antequera para volver a ver después de muchos años a M., ya que, en esta época del año, yo resido en mi pueblo y ella en el suyo. Durante mi espera, en la, así llamada, parada de autobús, me cobijé bajo una sombra y me entregué a la lectura de El imitador de voces, de Thomas Bernhard. Un anciano que paseaba por aquel mismo punto, donde el autobús hacia Antequera hace la primera de sus paradas, se detuvo a escaso medio metro de mí y me dio las buenas tardes, a lo que yo respondí educadamente esperando con todas mis ganas que aquel trato de cortesía no interrumpiera mi lectura. Pero el anciano, después de haber respondido a su saludo, me preguntó con el mismo tono amable e imposible de soslayar que tienen los ancianos que mejor han sabido explotar su vejez, qué libro estaba leyendo, a lo que yo respondí “un libro”, queriendo insinuar con mi tono de voz que para él podría ser cualquier libro. El anciano, insatisfecho por mi respuesta o quizá por el tono de mi voz, me dijo, “¿me permite, por favor?”, y tomó mi libro y lo examinó durante un momento sin esperar ningún consentimiento por mi parte. A continuación, el anciano me devolvió el libro, me miró con la misma mirada amable e imposible de soslayar que tienen los ancianos que mejor han sabido explotar su vejez y volvió a usar el mismo tono de voz, una vez más, para decirme: “Este libro es de vuestra época, no de la mía”. Tras lo dicho, el anciano siguió su camino.

Esto es un hecho real, y contado así (teniendo en cuenta mis limitaciones a la hora de imitar el estilo de Thomas Bernhard), podría ser uno de los microacontecimientos relatados en El imitador de voces. Me ocurrió tal y como lo cuento y creí vivir un texto de Thomas Bernhard, porque lo percibí mediante la estructura que impone su sintaxis, después de haber estado sobremedicándome durante largo rato con El imitador de voces.

Desligarse de Bernhard es muy complicado. Es un autor que nos hace ver el mundo a través del lenguaje que él impone, y eso nos obliga a ver el mundo de un modo determinado. De hecho, cuando llegué a Antequera y vi, por fin, a M. le conté esta anécdota de un modo que ya se parecía vergonzosamente a Bernhard. Además, ella vio el libro en mi mano y comentó: “¡Ah, tu Bernhard!”. Y luego, más adelante, ya hablamos de otras cosas y nos olvidamos del anciano y de Bernhard al menos durante el resto de la tarde.

Me gustaría saber qué llevó a Thomas Bernhard a escribir El imitador de voces; quiero decir, a detenerse en un acontecimiento descrito en no más de una página y no continuar, con las dos o tres ideas de cada microacontecimiento, hasta conseguir una novela completa del estilo, por ejemplo, de Tala. Quiero pensar que los alrededor de 100 microrrelatos de este libro son el primer chispazo de novelas que decidió no desarrollar, por lo que, quiero pensar, que Bernhard siempre estaba apuntando la posibilidad de una nueva novela. Curiosamente, planteados estos microrrelatos así, a modo de acontecimiento o anécdota, adquieren el componente más aterrador de lo periodístico, me refiero a esa primera impresión en donde falta un juicio moral por parte del emisor, esa impresión falsa y deshonesta que pretende el periodismo en sus noticias y que en Bernhard se convierte en algo todavía más aterrador que el argumento de cada una de las piezas, sobre todo cuando se cuentan en primera persona. Y, por supuesto, cuando en Bernhard algo resulta aterrador, en realidad, está siendo tremendamente divertido. No olviden que para mí Bernhard es un cachondo, el mejor humorista de su época, quizá el escritor más desternillante de todos los tiempos.

Por eso, El imitador de voces funciona como un recipiente de cápsulas revitalizantes de acción inmediata, mucho menos publicitario que la Aspirina, pero igualmente efectivo en multitud de casos. Supongo que ahora, una vez hecha esta comparación evidente y carente de toda originalidad, habría de ponerme a hablar de su posología. Pero me considero el menos indicado, ya que no he sabido aplicar ningún tipo de mesura conmigo mismo, así que cada uno se automedique como le dé la gana. Aunque, ya puestos, me veo en la obligación de recomendar la lectura de cualquier novela de Thomas Bernhard antes de hacer uso de El imitador de voces, solo así sus beneficios serán completos, porque solo así el lector habrá podido conseguir la complicidad requerida para que cada microacontecimiento dé de sí su máxima eficacia.

Ahora me pregunto si mi encuentro con M., después de varios años sin vernos las caras, fue tan satisfactorio gracias a mi sobredosis bernhardiana, que quizá ella supo advertir cuando pronunció su nombre con una familiaridad extraña. ¿Qué habré de hacer en mi próximo encuentro con M.? Quizá el secreto de una larga y consistente amistad podría ser la lectura desmesurada y previa de Thomas Bernhard.

 

 

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4 pensamientos en “Cápsulas revitalizantes de Thomas Bernhard

  1. Si nos separa un oceano para arreglar nuestras diferencias en torno a O´Brien (y no me refiero a los golpes, solo a platicar largo y tendido de un autor que seguro me gusta tanto y seguro no te gusto nada -disulpa si uso el TU y no el UD, pero me es mas facil referirme asi por circunstancias tan proximas-, bueno, serian horas, como lo haces notar en torno al debate en el que defiendo una lectura activa y lectura interna, inexistente o no con esos nombres para ti) nos une el ciber espacio para elogiar reciprocamente a un autor en el que coincidimos (igual, siempre pienso ¿o aspirina o Thomas Bernhard? Igual me pasa cada seis meses como minimo) de manera avasallante. Ya Javier Marias nos confeso su trastorno desde hace tiempo, al cual decidimos sumarnos, el trantorno de ‘Trastorno’. Tengo que confesar que este libro ‘El Imitador de Voces’ no lo tengo, pero viendo esta reseña lo he solicitado a la libreria la cual hace unos meses (seis como minimo) me hizo llegar los ‘Relatos Autobiograficos’ en la edicion Anagrama de la coleccion Otra Vuelta De Tuerca que es, la recaudacion total que ellos mismos ya habian editado en la coleccion Panorama de Narrativas, uno por uno de esa serie. Mas allá de series, colecciones y reajustes editoriales Bernhard gusta, a sabiendas que no estaba y no esta para gustar, que no hay concesiones, por que como él uno sabe que lo interesante del premio, como confiesa en su libro ‘Mis Premios’, es el dinero y no los aplausos (por supuesto la manera Berhardiana de entender la ironia y ese dinero, con esa ironia, una ironia que servida en bandeja de oro y plata suele ser de viceras y corrosion humana, pero ahí está y uno se destornilla igual de la risa).
    Bueno, no me puedo quejar ahora, me gusto la reseña. Que bueno que no tuviste que leer algo que no te gustara para crear polemica. Creo que el leer es ya un acto de polemica y Trastono con uno mismo. Lo bueno es que estos Trantorno (s) son un placer.

    Sigo tu blog y te mando un saludo desde Ciudad de Mexico que llegara tan rapido como escuchar a la señorita M.. decir: ‘Ah, tu Bernhard’

  2. Querido Allan, me alegro enormemente que hayamos coincidido en esta ocasión, coincidir en Bernhard no es poca cosa. Por cierto, por supuesto que puede usar el “tú”, yo solo uso el “usted” porque el plano virtual me suena así, y ya es como un libro de estilo de este blog.
    Todavía no le he metido mano a la pentalogía de Bernhard, reeditada por Anagrama, como usted señala, ni al teatro, así que soy feliz sabiendo que todavía me queda un trecho de Bernhard por descubrir, ya que he consumido casi todas sus novelas. Todo lector tiene un TOP10 en donde cabe un número de escritores impreciso, nunca son diez, pero todos podrían ser uno de esos diez, y Bernhard está ahí. Algún día deberíamos configurar un Catálogo de escritores para un top ten infinito, y luego intentar deducir algo de todo esto.

  3. Llevo tiempo siguiendo este blog, recomendación trás recomendación, y puedo decir que sus opiniones ya forman parte de un cierto imaginario colectivo, y digo cierto imaginario colectivo porqué de hecho el colectivo, en este caso, solo hace referéncia a mi imaginario, que poco o mucho, tiene algo de colectivo, algo de Pasavento tiene mi imaginario. Y digo que ya forma parte de este imaginario porqué el sábado estando en una libreria me encontré con el Imitador de voces, y me sentí infinitamente tentado a cogerlo y irme corriendo a mi casa. Pero en ese momento recordé que usted dijo que no era el mejor libro para comenzar con Bernhard. Y sí, lo reconozoco, aún no he leido a Bernhard. Fué en ese desplazamiento de ideas “Bernhard-miedo a la literatura-no comprar aún” cuando me dí cuenta de que ya estaba usted ahí instalado, como una especie de superyo freudiano, o en su caso berdnhariano, para reprimir mis impulsos literarios.
    Espero que esto siga así y mi imaginario colectivo pueda seguir augmentando,
    recuerdos desde Girona!

  4. Querido Eudald,

    he de confesarle que hace mucho que no me dicen algo tan bonito como “superyo freudiano”, le aseguro que me he emocionado, con piropos así uno se ruboriza y quiere esconder la cabeza entre las manos.
    Estoy seguro de que se lo pasará muy bien con cualquier obra de Bernhard. Cuando lo haya leído, por favor, venga a compartirlo con nosotros (hablo de un nosotros hipotético, o quizá también hablo de un imaginario colectivo, jeje).

    Un saludo y hasta la próxima.

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