Rodrigo Fresán acabará mandando al paro a todos sus críticos literarios

El fondo del cielo, de Rodrigo Fresán

Si yo fuera un crítico literario me sentiría en verdaderos apuros a la hora de escribir sobre esta novela. Se supone que la crítica literaria desvela claves de una obra que dejan ver con mayor transparencia su valor. Pero con Rodrigo Fresán este análisis se vuelve casi innecesario gracias a sus acostumbrados epílogos. Al final de cada una de sus obras, Fresán se asoma al proscenio y dice algunas palabras al público en un gesto de complicidad y agradecimiento. Pero en el caso de El fondo del cielo, Fresán se ha traído una silla consigo, se ha puesto cómodo y le ha contado al público todo lo que siempre quiso saber acerca de la novela que acaba de leer y que nunca se atrevió a preguntar. Ya me imagino grandes hordas de investigadores universitarios y de críticos especializados saliendo a la calle con pancartas que rezan: “Déjenos a nosotros el trabajo de explicar su obra”.

Pero a Fresán no le gusta solamente escribir literatura sino que también parece pasárselo pipa escribiendo sobre literatura. No hay más que leer sus reseñas. Y si habla de todos los demás, ¿por qué no hablar también de  sí mismo? Al fin y al cabo, las lecturas de Rodrigo Fresán son tan importantes como su propia imaginación a la hora de crear novelas. Todo va en un mismo paquete. Para escribir una nueva novela hay que servirse de las novelas que ya se han escrito y de las que ya se han leído. Esto parece obvio, pero algunos escritores pretenden que no nos demos cuenta de ello. Fresán, al contrario, prefiere convertirlo en un juego.

¿Qué quieren que les diga? Cuando leo una obra de Rodrigo Fresán siempre tengo una leve sensación de estar haciendo un sudoku o un crucigrama. Parece como si estuviera poniendo a prueba mi talento al intentar resolver lo que falta en cada fila o en cada columna. Me creo un tipo muy listo cuando reconozco una escena de alguna novela de Vonnegut o cuando algún personaje comparte rasgos biográficos con Philip K. Dick, o cuando veo a alguien tirándose a todas las piscinas y ya sé de dónde se ha sacado eso. Para cerciorar mi inconmensurable inteligencia tan solo tengo que ir al apartado de “soluciones”, que en el caso de El fondo del cielo es el epílogo de Fresán. Allí está todo bien estipulado, veo que se me han escapado muchas cosas, a lo mejor es que no soy tan listo.

Pero lo bueno de todos los libros de Fresán es que se parecen al cine de Woody Allen. No hace falta conocer a Fellini ni a Bergman para partirse de risa con sus películas. Sus obras están creadas por capas y en todas ellas hay cosas interesantes. Hay chistes sobre Fellini y hay chistes sobre matrimonios convencionales. Hay diversión para todo el mundo. Y estoy seguro de que construir una obra con varios niveles de profundidad tiene que ser realmente difícil. Una obra para todos los públicos, entendiendo por todos los públicos tanto los lectores más avezados como los ocasionales. Y a Fresán esto se le da muy bien.

El fondo del cielo es una novela que podría leerse este verano en la playa. Mientras toman el sol. Mientras los demás se acaban la trilogía de Stieg Larsson. Así podrían ostentar una suerte de identidad secreta entre bañistas, como si fueran un Thomas Pynchon entre sombrillas y toallas.

 

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7 pensamientos en “Rodrigo Fresán acabará mandando al paro a todos sus críticos literarios

  1. Hola Daniel. Hace unas semanas leí Vidas de Santos aunque tuve entre las manos este que tan bien comentas. No sé. Quizá no escogí bien la primera lectura de este autor. Me ha hecho gracia cuando has comparado leerlo con hacer un sudoku o un crucigrama. Tiene momentos brillantes y es verdad que a veces puedes llegar a carcajear como en una peli de W. Allen pero estoy seguro que Fresán tiene mejores libros y creo, por lo que dices, que este tampoco es para mí. Os seguiré de cerca. Un saludo.

  2. Hola Hermi,

    yo no he leído aún Vidas de Santos, pero sí sé que a un amigo mío le pasó exactamente igual que a ti: comenzó por esta novela (porque me puse pesado con lo de que tenía que leer a Fresán) y no quedó muy contento. Yo te aconsejaría Historia argentina, La velocidad de las cosas o Jardines de Kensington. En mi caso, lo primero que cayó en mis manos fue La velocidad de las cosas, y me volví fresaniano ipso facto. También he de reconocer que lo mío con Fresán es una extraña complicidad lector–>escritor. Con este señor me ocurre cuando lo leo que me gustaría ser su amigo, o al menos tomarme una cerveza con él en un bar y hablar de nuestras cosas. Es curioso, ¿no? (más bien es ridículo por mi parte, jejeje). Esto no me pasa necesariamente con escritores que admire más. Por muy superior que sea Foster Wallace, por ejemplo, no me apetece tanto irme a tomar café con él (además, existe el problema de que Foster Wallace se ahorcó hace un par de años).
    No sé. Prueba con alguna de las obras que te he dicho. Quizá te vaya mejor en el segundo intento. Y, ya sabes, siempre agradezco que compartas aquí lo que vas leyendo.

    Un saludo.

  3. Muchas gracias por la información. Me dejaré guiar por el título; te haré caso y comenzaré por el primero: Historia Argentina. No tiene mucho que ver pero hace unos meses un hermano se fue a vivir allá y quizá lo acerque un poco su lectura. Mañana, si ni llueve mucho, me pasaré por la freia del libro y lo compraré.
    Un saludo.

  4. Siempre he pensado que este libro era más bien un poemario. Si la crítica poética existiera como existe la de narrativa, tendrían que ser los primeros los que hablaran de Fresán.

    The sky was pink.

  5. A mí me parece que, afortunadamente, a estas alturas ya no necesitamos ponernos taxonómicos con los géneros. Son incomodidades innecesarias, ¿no? Aunque sí coincido en que Fresán tiene grandes ramalazos líricos (en el mejor de los sentidos) y eso se ve especialmente en esta obra. Él cuenta al final del libro, en sus acostumbradas aclaraciones, que El fondo del cielo era, en un principio, mucho más extenso, pero que decidió acortar las escenas hasta convertirlas en momentos que pudieran contemplarse (decía eso o algo parecido, no lo recuerdo), como si se tratase de lo que hizo Kubrick con el libro de 2001: Odisea en el espacio. Estoy seguro de que esa poda acercó considerablemente el libro a la prosa poética. ¿Qué le parece a usted?

  6. Yo no me he topado con ninguna mala crítica, aunque tampoco he buscado mucho. Aunque, no sé, por decirlo de algún modo, es mi libro “menos favorito” de Fresán.

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