Pedro Casariego Córdoba y el resto de nuestra pandilla

Qué más da, de Pedro Casariego Córdoba

Es posible que algún día tengamos que hacer varios bandos para partirnos las caras. Esto llegará a ser inevitable. No podemos estar guardando las formas a todas horas, mucho menos si pretendemos hablar de literatura con honestidad, algún día tendremos que perder los escrúpulos y llegar a las manos. Si alcanzamos este punto, cada uno tendrá que defender sus propios intereses, por lo tanto es importante tener muy claro cuál es tu bando, por quién vas a dejarte apalear y quién saldrá en tu defensa si eres el primero en dar empujones.

Después de leer Qué más da, de Pedro Casariego Córdoba, uno solo puede empezar a formar su pandilla para la gran pelea, porque este relato en prosa poética me ha traído a la cabeza a tanta gente que podría estructurar mi propia célula terrorista. Por un lado aparecen John Ashbery y Charles Simic y por el otro lado entran Vicente Huidobro y Oliverio Girondo. Con los flancos bien cubiertos, puedo pararme a pensar un momento en que en mi último post sobre Casariego Córdoba. Hablé sobre sus Poemas encadenados nouveau roman y sobre Robbe-Grillet, y en aquel caso también debería haber hablado sobre Thomas Pynchon, porque sus tramas son un Vineland cinematográfico. Ahora, además de Pynchon sumo la prosa de El padre muerto de Barthelme para acercarme un poco más a la conversación final de Qué más da.

La cosa se está poniendo bronca. PeCasCor los reúne a todos en unas cincuenta páginas. Y todavía se une más gente cuando el bullicio empieza a resultar grosero y macarra por nuestra parte. Hay imágenes de Qué más da que podrían haber salido de La espuma de los días. Creo que solo Casariego Córdoba es capaz de tener esa misma imaginación retorcida y lumínica de Boris Vian.

Lo mejor de todo es que me ha traído a la cabeza a personas con las que he comido, he dormido, he pasado mucho, mucho tiempo. Me acuerdo del antiguo blog Ático sin ascensor de Isabel Hernández. Me acuerdo de algunos cuentos de Cristof Polo incluidos en Cuentos premonitorios, como por ejemplo Monsieur Propp. Me acuerdo de las metáforas más brutales de Lucas Martín en Anotaciones a la gran ópera del pequeño Alprazolam 0,5. En Casariego Córdoba está prácticamente todo lo que me importa. De él se pueden desprender muchas de las referencias con las que codifico mi vida, por eso sé que me va a ser muy difícil parecer objetivo ante la siguiente aseveración:

Pedro Casariego Córdoba es el mejor poeta español de la segunda mitad del siglo XX. Es el autor más audaz de su tiempo y de su contexto, y prácticamente el único que construyó una obra que pueda llamarse de neovanguardia. ¿Alguien se atreve a contradecirme? Les recuerdo que por PeCasCor me juego el tipo contra quien haga falta. Elijan ustedes su bando.

 

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20 pensamientos en “Pedro Casariego Córdoba y el resto de nuestra pandilla

  1. ¡Me avisaron de que ocurriría esto! Ahora usted y yo deberíamos pelearnos, ¿no? Bien, le espero a la salida del colegio. No vale arañar, pellizcar ni morder.

  2. Hola. Esa cabeza del frontispicio de su blog ¡podría ser la mía! ¡cómo se parecen ese cráneo y el mío! Apuesto a que se lo corta con la misma marca de esquiladora.

    Que ¿cómo he llegado a este sitio? Buscando algo sobre Vineland. Tengo esta novela desde hace años y buscaba un estímulo para leerla. Así que una cosa lleva a la otra y me he encontrado con este blog tan interesante y bien escrito. Y sí, he encontrado el estímulo necesario.
    Me daré una vuelta por su sitio de vez en cuando. Qué buena madera crece en Málaga.
    Un saludo.

  3. En cuanto a este poeta decirle que forma parte de mi “colección” de escritores suicidas. Solo he leído algo de su hermano Martín. Familia numerosa de escritores. Fue horrible su final.
    En fin. Un saludo.

  4. Buenas noches querido compañero craneal,

    Vineland es un buen motivo para llegar a un montón de sitios. Afortunadamente para mí, también hasta este blog. Aunque si hasta el momento nunca ha probado suerte con Pynchon yo le aconsejaría que empezara con La subasta del lote 49. Es todo lo que uno puede desear en Pynchon, pero en formato reducido, para no sucumbir en el intento. Yo quise leer El arcoiris de gravedad así de primeras y no sabe usted cuantas luxaciones sufrí.

    En cuanto a nuestro amigo Casariego Córdoba, le auguro que lo menos importante de su obra fue su suicidio. La obra de este tipo es tan impresionante que no le quedaría mal ser un oficinista alegre y de aficiones domingueras. A su hermano no lo he leído, y no creo que lo haga. No, por favor.

    Espero verle a menudo por aquí. Un saludo.

  5. Interesante… Su forma de escribir… y ud., claro.
    Desdoblaré los pliegos de mi apátrida ínsula gracias a su comentario.

  6. Muchas gracias. Esta otra ínsula cada vez tiene más pliegos, desdóblelos usted también cada vez que le apetezca. Aunque le confieso que a mí se me da fatal la papiroflexia.

  7. Bueno, he de reconocer que a mí no me acaba de gustar el diseño editorial de algunas colecciones de El Gaviero. Son muy originales queriendo emular cuadernos y libretas y esas cosas, pero yo soy bastante soso y prefiero que los libros parezcan libros. ¿Se podría decir que en cuestiones de diseño editorial soy un tipo chapado a la antigua?

  8. No sé. Creo que lo bonito de la gavia es que hace que los libros no sean sólo libros. Mi colección preferida es la de Troquel.

    Pero claro. ¿Se podría decir que no me queda otra que defender a mamá?

  9. ¿La de troquel es esa que lleva un gusanillo de aluminio como si se tratase de una libreta? No he visto ningún ejemplar físicamente, pero de entrada es la colección que menos me gusta. Supongo que tendrá que ver con el hecho de que he pasado muchos años imprimiendo poemarios, encuadernándolos con el típico sistema de gusanillo en la papelería de mi pueblo y enviándolos a certámenes literarios, certámenes en los que, por norma, no me comía ni una rosca, jeje. Mi padre estuvo apunto de comprarme una máquina para encuadernar para que mis intentos de conquistar el mundo de los certámenes literarios le saliera más barato, jajaja. ¡Qué época más triste y cuánto papel desperdiciado!

  10. Sí. La que tiene un troquel en la portada.

    Más allá de todos nuestros traumas con los manuscritos, que los hay, y muchos, me parece la más divertida. Como los cuadernos caníbales de El Cangrejo Pistolero, que no dejan de ser una herencia del trabajo empezado por El Gaviero.

    Obviamente no es lo mismo La Broma Infinita que Araña, de Ana Gorría. Mientras que el primero exige el formato clásico y la tapa dura, el segundo es un libro híbrido, poemas, ilustración, partituras… en donde el diseño se convierte en parte de esa mágica mezcla.

    Dios mío. ¿Imaginas una Broma Infinita en El Gaviero? Las anillas serían Hula-hops! Cuando herede la editorial será lo primero que haga. Hula-hops y pastas troqueladas con motosierra!

    Haha!

  11. Por cierto, no puede ser.
    ¿Elisa Calatrava a quien mencionas en un poema es la misma Elisa Calatrava de Almería? Claro, amiga de María Torres. Qué pequeño es el mundito.

  12. Uf, temblemos pues si usted algún día ha de heredar la editorial! Si hiciera usted eso con el pobrecito Foster Wallace -entiendo que en un excéntrico gesto de amor hacia él- quizá el libro no debería venderse en librerías sino en un circo, jejejejeje.

    Por otro lado, los libros objeto están bien pero… ¡son tan aparatosos! Supongo que yo soy bastante sencillo para estas cosas, solo le pido dos cosas al diseño editorial: 1) que logre que el libro quepa en mi bolso y 2) que la cubierta aguante el envite de toda la mierda acumulada que hay dentro de mi bolso.

  13. Sí, Elisa Calatrava es exactamente esa almeriense, amiga de María y de otros conocidos suyos. Además de mencionarla en ese poema, suele aparecer en algún que otro post bajo el epígrafe de “mi amadísima Elisa Calatrava”.

  14. Claro, yo conozco a Borja Criado, a Joaquin Ruano… etc. Y fui esposa durante mucho tiempo de su amigo El Oxidao.

    Tengo una foto de Elisa con un sombrero en no sé qué antro de Almería.

    Nunca la he publicado pero me encanta porque sale movida, en blanco y negro y parece un espectro extraño y bonito.

    Qué cosas.

  15. ¿Una foto de Elisa en un antro de Almería? Espero poder ver esa imagen en alguna ocasión, pero, por favor, por el bien anímico de mi querida Elisa, no la airee en ningún espacio virtual, podría darle un sofoco que la hiciera desfallecer de inmediato, porque no tolera la exposición pública. ¡Hagamos de ella un nuevo Thomas Pynchon!

  16. El blog de Ibrahím me mola mucho. Pero una cosa en él me impide leerlo con asiduidad (quizá se trate del correlato bloguero de mis opiniones sobre diseño editorial), me refiero a que no soporto leer un texto sobre un fondo ¡rojo! Se me hace un trabajo insoportable. Intenté incluirlo en mi google reader, pero, para colmo, lo tiene configurado de forma que mediante sus rss tan solo me llega el comienzo de cada post, para leerlo entero tengo que acudir inevitablemente a la dirección original y hacer que mis pupilas sufran una tortura cromática. ¿Cómo un crítico tan elegante tiene tan poca consideración con los órganos visuales de sus lectores?

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