La importancia de llamarse Roberto Bolaño

La pista de hielo, de Roberto Bolaño

Debería empezar hablando de la habitación de hotel de anoche. De mi día libre. ¿Pero quién está dispuesto a soportar un voluminoso tratado sobre mi día libre? Mi día libre es exactamente el día que comienza cuando anteanoche termino de leer las últimas páginas de La pista de hielo. Tenía que acabar ya a Roberto Bolaño, porque después vendría Bill Callahan y, es justo decirlo, Nacho Vegas. Dos tíos altos como dos castillos. Tras el concierto pensé en lo poco que se rieron. Nadie se reía en el concierto, tan solo Elisa y yo. Nos reímos y nos volvimos al hotel. Luego pensé en La pista de hielo.

Es muy importante llamarse Roberto Bolaño. Es mejor que llamarse de otras muchas formas. Incluso, si ustedes me apuran, uno podría llamarse Roberto Gómez Bolaños. El error de transcripción daría lo que hay entre Los detectives salvajes y el Chapulín Colorado. A mí me viene muy bien que Roberto Bolaño se llame así. Me lo pone fácil cuando me paso varias semanas sin conseguir acabar un libro y tengo que echar mano de las existencias disponibles en un top ten improvisado. Echo mano de La pista de hielo y sé que todo irá bien, y que solo después, en el próximo libro, decidiré si tengo ánimo para arriesgarme con un descubrimiento. Mírenme, soy un lector conservador al que le da miedo equivocarse. Pueden cebarse conmigo si quieren.

Con La pista de hielo uno se acuerda del Faulkner de Mientras agonizo. La Costa Brava funciona aquí del mismo modo que el profundo Sur de los Estados Unidos. Bolaño es capaz de crear un espacio imaginario con posibilidades infinitas y engarzarlo dentro de un contexto conocido por todos. En La pista de hielo, Z es un Yoknapatawpha catalán. Sin embargo, Bolaño se niega a parecer épico en esta novela, pese a la comparación faulkneriana, prefiere el método a-mí-que-me-registren. En Mientras agonizo es toda una familia la que habla de su implicación en un proyecto que parece superarles a todos. En La pista de hielo, también hay un proyecto que parece superarlos a todos, pero no tiene que ver con casi nadie. Por eso, hasta cierto punto los narradores hablan como si pasaran por allí y se sintieran obligados a decir algo al respecto. Afortunadamente, a Bolaño le ha parecido bien que todos estos personajes digan algo al respecto hasta acabar una novelita de unas doscientas páginas. Suficientes para sentirme desahogado durante unos días.

Con el material para esta historia también se podrían haber hecho otras cosas. Por ejemplo: un telefilm de Antena 3 o de Telecinco (al gusto de cada uno). La pista de hielo es tan buena que tiene todas las cualidades para ocupar nuestras sobremesas televisivas con intrigas casposas en las playas españolas. Pero es capaz de contener ese potencial impagable y hacer con los mismos parámetros una obra redonda que funcione dentro de un “ambiente estético” español. ¡Qué fácil era sumergirse en las atmósferas mejicanas de Bolaño! Con el D. F. o el desierto de Sonora como escenarios parecía que casi todo podría funcionar. Pero creo que otro modo de jugársela es cambiar las dosis aseguradas de horror y locura de Méjico por un pueblecito costero cercano a Gerona. Nuevamente, me acuerdo de Faulkner, porque a él solo le hiceron falta un puñado de paletos.

Si a Bolaño se le hubiera dado más tiempo, seguramente podría haber reinventado estéticamente España como escenario narrativo (o al menos Cataluña), podría haber cambiado el código, porque era capaz de contaminarlo con todo lo que ya traía consigo. Me gustaría imaginar que un gran filántropo podría habérsele acercado con mucho dinero bajo el brazo. Le habría dicho: “Querido Bolaño, usted es el escritor del fin de la Historia. Deseo emplear todos mis recursos en que usted consiga para mí un solo propósito: escriba una novela, una novela que trate sobre lo mismo que tratan todas las novelas de varias generaciones de escritores españoles. Pero es de suma importancia que usted consiga que su novela sea la última novela, la novela definitiva. Después de su obra no quiero volver a ver a nadie escribiendo sobre lo que se escribía antes. Usted será el último en hacerlo; después, ya solo será posible escribir sobre otras cosas en España. Quizá así, gracias a usted, consigamos salvarnos al fin.”

Pero Roberto Bolaño está muerto. ¿Tenemos un plan B?

 

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12 pensamientos en “La importancia de llamarse Roberto Bolaño

  1. Me temo que no hay Plan B – a mi me emociona radicalmente Fernández Mallo, pero no sé si por su literatura o por mis gafas de pasta. Se agradece que hayas roto el silencio y que vuelvas, encima con Bolaño. Me ha gustado la idea de que Bolaño sea el “escritor del fin de la historia”… de hecho, cuando me leí “2666” me parecía que todos los libros que tenía en mi casa se estaban resquebrajando.
    Si encuentras algún sustituto disponible, por favor, avisa.

  2. A Fernández Mallo todavía no lo he leído. Me iba a comprar unas gafas de pasta hace poco (y así dejarme caer en la vorágine gafapastista a la que estoy abocado), pero mi amadísima Elisa se interpuso e hizo que me comprara unas gafas redondas (parecidas a las que lleva Bolaño en la foto de la solapas de Anagrama). Por lo tanto, mis gafas no ayudan a acercarme a Fernández Mallo. De todas formas, lo leeré pronto, porque me interesa mucho el discurso que plantea (un discurso que en realidad es más viejo que andar a pie). Pero, no obstante, un discurso que se agradece mucho.

    Por cierto, el otro día vi Inland Empire y recordé que esa película me remite a la época en la que empecé a leerte. Supongo que porque te veía como a un tipo que no paraba de hablar de Lynch y de Bergman como un obseso, y porque ahí empezaste a darme las primeras alegrías.

    Gracias por dejarte ver por aquí. Un saludo.

  3. Hola Daniel Espinar
    Ésta de Bolaño no la conozco, ¿es otra postuma? A parte de la conocida 2666 y Detectives Salvajes, una de las novelas que más me entusiasmaron de él fue Amuleto. De hecho cuando acabé de leerla volví a comenzarla. Ahora Anagrama está sacando varias póstumas, al final acabará el pobre Bolaño como Kafka, con todas las novelas, que no quería publicar, publicadas. La última, El tercer Reich. Todavía no la leí, pero ya se andará.

  4. Hola Eduardo,

    esta novela no es póstuma. Aunque sí es cierto que desde que murió están saqueando sus documentos para encontrar nuevas obras. Para bien o para mal, eso les ha ocurrido a muchos escritores. En el caso de Kafka, que tú mencionas, considero que fue un acierto por parte de Max Brod el hacer caso omiso de las insinuaciones de su amigo. El siglo XX hubiera sido absolutamente distinto sin su obra. No he leído aún Amuleto. Intento dosificarme a Bolaño para que me dure mucho tiempo, porque es uno de esos autores que siempre me dan lo que les pido, con él sé que nunca me voy a equivocar, así que siempre me lo reservo para casos de emergencia.

    Un saludo.

  5. Sigo buscando también yo un plan B que llene el vacío que provocó la muerte de Bolaño, por ahora no lo encuentro. El problema es que ya sólo me queda Amuleto por leer, ese es el problema. No he sabido dosificar…

  6. No sufra, caballero. Siempre le quedará la relectura. Y si se aburre de darle vueltas a los mismos libros. También existe la posibilidad de leer a otros, si cabe, tan buenos como Bolaño. En este blog hay muchas propuestas. Visite todos los post sin pudor alguno, como si estuviera en su casa. Seguro que algo encontrará para llenarle ese agujero.

  7. Ciertamente el arcaísmo de la “x” en el castellano ha prevalecido en algunas palabras, como por ejemplo en “México”. Pero no es incorrecto usar en este caso la grafía de la “j”.

    No venga usted a chingar con pendejadas, por favor.

  8. Recuerdo que Don Ramón María del Valle Inclán mencionó alguna vez que deseaba visitar México sólo porque se escribía con “x”. Tal vez pensaba que se encontraría con un país fantasmagórico donde se hablaba un castellano antiguo. Bolaño también recordó ese país en su novela Los detectives salvajes. Con “x” o con “j”, yo amo la parte mexicana del planeta Tierra.

  9. Señor Vázquez, uno de mis proyectos vitales junto a mi pareja es pasar un verano en México (o Méjico) recorriendo el país con un coche. No sé si podremos realizarlo o, si acaso, podremos lograr algo que se le parezca, pero allí aterrizaremos antes o después.

    Un saludo.

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