Yo soy de esos que piensan que Ibsen es un auténtico coñazo

Casa de muñecas, de Henrik Ibsen

Casa de muñecas, de Henrik Ibsen

Hace dos veranos pasé parte de una noche en la terraza del apartamento de mis padres con una obrita de Ibsen entre manos. Llevaba chanclas y me sentía cómodo, y había un claro paralelismo entre el paisaje de los fiordos noruegos y la silueta de la playa de Benalmádena Costa. En realidad no era un paralelismo, sino una sustitución. La arena de la playa me sigue inspirando uno de mis mayores temores infantiles, pero aquel día estaba Henrik Ibsen allí para ahuyentar mi miedo con La dama del mar. Aquel día se lo agradezco a Ibsen, y ahí se terminan nuestros buenos ratos juntos.

Quizá fuera la playa. Ahora vivo en el interior y eso hace que Ibsen resulte insufrible. Tuve que haber previsto que en Salamanca no disponía de unas bermudas para leer Casa de muñecas, así que lo hice enfundado en unos pantalones de pana y un jersey. Esto no se lo recomiendo a nadie, porque Ibsen solo funciona bajo una sombrilla que anuncie Coca-Cola y junto a una pelota de playa que anuncie Nivea. Si ustedes tienen que irse de vacaciones con sus familias, lean las conspiraciones familiares de Henrik Ibsen para ir prevenidos.

Partiendo de la tragedia griega en adelante, la familia siempre me ha parecido un filón inagotable para la literatura. Por supuesto, también lo es para el cine: Celebration, de Thomas Vinterberg, Secretos de un matrimonio, de Ingmar Bergman o casi cualquier film de Michael Haneke. En ambos casos el resultado es el mismo: la familia es una plataforma perfecta para revelar lo peor de nosotros mismos. No hay nada como un buen dramón familiar para pasar la tarde alegre y entretenido.

Y, claro, el señor Ibsen también tenía que tocarle las narices a la familia. Pero como ese día no tenía nada mejor que hacer, inventó un personaje como Nora y lo hizo protagonista de Casa de muñecas. Nora es la razón indiscutible que justificaría la misoginia más enrevesada. Odio a Nora casi tanto como los americanos odian a Osama Bin Laden. En fin, a Nora habría que enviarla a un campo de concentración nazi por vacaciones.

Una vez aclarado mi desprecio por el personaje, podemos seguir con el autor. Que conste que me encantan esos personajes a los que enseguida quiero darles un par de hostias. Los disfruto mucho. Pero lo que no soporto es que un autor meta mano al final de la obra para limpiar el rastro de mierda que han ido dejando sus personajes. Esto lo comprendo, por ejemplo, cuando se llega a la bajeza moral de la Factoría Disney, lo comprendo dentro de ese esquema narrativo, donde necesariamente el malo obtiene una redención a través del arrepentimiento y, cuando mucho, el sacrificio. Pero lo que no tolero de ningún modo es que al final Nora se llene de dignidad y pierda toda su coherencia. No lo aguanto. Para colmo, algunos críticos llegaron a decir que semejante chorrada era una obra pro-feminista. ¡Pobre Nora, subyugada por una sociedad patriarcal! Me encantaría escribir la segunda parte de Casa de muñecas para poder decirle a Nora cuatro cosas. Pero claro, Henrik Ibsen es un clásico del siglo XIX y yo solo tengo este blog.

El problema, como siempre, es la dignidad. La dignidad es aquello que aparece en los que no merecen respeto. La dignidad es un paliativo de los errores y los defectos humanos. Por eso, cuanta más dignidad exige una persona más agravios debería recibir por nuestra parte. ¿A quién se le ocurrió el concepto de dignidad? ¿Qué sociedad lo instauró? ¿Desde cuándo es un valor arraigado en el mundo? La Humanidad inventa cosas como la dignidad, y por culpa de eso se escriben personajes como los de Nora.

En realidad, ahora debería continuar con El pato salvaje, que también venía incluido en el mismo volumen que Casa de muñecas. Pero me he cansado de Ibsen. He dejado esta segunda obra a medias. Si hay algo más coñazo que una obra social de Ibsen es una obra simbolista de Ibsen. Supongo que debería ir al apartado de “Lecturas inacabadas” y hablar de El pato salvaje. Pero no lo voy a hacer, porque me parece excesivo cabrearme dos veces en un mismo blog con uno de los dramaturgos más importantes de la Historia de la Literatura Universal. Uno tiene su mesura. Así que lo mío con Ibsen acaba aquí. Sin más aspavientos.

 

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23 pensamientos en “Yo soy de esos que piensan que Ibsen es un auténtico coñazo

  1. Estoy de acuerdo con eso de que la familia siempre saca lo peor de nosotros mismos. Ese hecho objetivo se puede comprobar en estos “felices” días navideños.

    Por otra parte, me encanta eso de profanar los clásicos. A lo largo de la historia se han escrito muchas chorradas pero por estar firmadas por alguien prestigioso nadie se atreve a rebatirlas. Por contra, a veces se pueden leer en los grafitis de las calles más verdades que en las cuantiosas páginas que a algunos autores han escrito a lo largo de su vida…

  2. Sí, claro, las verdades pueden aparecer en cualquier parte. Pero reconozco que me inclino más por lo que dicen los clásicos que por lo que dicen los graffitis. Eso de mezclar la alta y la baja cultura está muy bien, pero si me dan a elegir entre grafiteros como Muelle (Madrid), El niño de las pinturas (Granada), etc. o clásicos como William Shakespeare (Stratford-upon-Avon), me quedo con este último, que sin necesidad de ser muy ducho con los Montana también dejó su huella en las calles de Londres, ¿no crees?

  3. Habría que apostar indefectiblemente por pintadas de cariz festivo y anacrónico, cosa que ya alumbró Lucas Martín en los años noventa, sin que nadie le hiciera caso, como siempre, pobre visionario, gran persona, mejor poeta, amigo de las mascotas y de las charadas finiseculares con fondo irisado y piel de oso en espacio protegido.

    Va, a guisa de contribución femenina, con pintalabios e inicuidad, algunos de sus ejemplos más célebres:

    1. AMADEO DE SABOYA GO HOME

    2. FELIPE II IMPERIALISTA LIBERTAD PARA EL PUEBLO OTOMANO

    O la clásica y asaz entrañable:

    1. Isabel La Católica was here (grabar preferentemente en tiza o plastidecor)

    Ver más en Lucas Martín, tautotología cabezona y otros fines ceñudos de adolescencia.

    This lake (gay) is nitihingale, eso es todo.

    O también: Cristof Polo tiene un bazo melancólico y gentil, Cristof Polo se merece la gloria en 2010, Cristof Polo es un gran hackeador, un gran hombre, no hablaremos jamás de su nariz.

  4. Y digo más, Lucas Martín era un visionario mucho antes, ya en los ochenta, cuando correteaba por Úbeda lenguaraz y dicharachero.

    Se admiten todas estas frases del ingenio Lucas Martín. Por eso creo que deberíamos engrosar aún más esta antología. Otras frases célebres de Lucas Martín son:

    – Ningún cigarrillo es ilegal.

    – Marx ha muerto, viva la ofimática.

    – etc. Sigan ustedes añadiendo sentencias lucas-martinianas para componer graffitis. Y, por cierto, lean “Anotaciones a la gran ópera del pequeño Alprazolam 0.5”

  5. Yo conozco una que decía:

    “La verdad me persigue pero yo soy más rápida que ella”

    Y otra genial sentencia del Mayo del 68 que decía:

    “Dios ha muerto. Marz ha muerto. Y yo no me siento muy bien últimamente”

    Auténticamente soberbias. Nunca hay que olvidar de dónde procede el arte y la genialidad: de la gente de la calle, aunque a veces nos olvidemos de ello y nos ceguemos por la lejanía.

  6. ¿De la gente de la calle? De la calle es cualquiera que no sea de mi casa. Así que eso no sitúa el arte y la genialidad en ningún lugar en concreto.

    La idea era añadir frases de Lucas Martín, pero para eso hay que haber leído a Lucas Martín. Leer a Lucas Martín siempre es un buen propósito, aunque él no venga de la calle. Como mucho, viene de la ducha con su albornoz color granate.

  7. Gracias por su propuesta. Su intervención es verdaderamente adecuada en este blog. Un saludo.

  8. Daniel, enhorabuena por el blog.

    Totalmente de acuerdo contigo en cuanto a Nora como personaje. A simple vista, nos parece que supuesto feminista como Ibsen metió la pata pero bien haciendo que hasta las mujeres queramos abofetear a esa ñona hasta dejarle la cara como una granada. Y esa sensación se multiplica por mil cuando todo eso pasa al escenario. He visto dos representaciones de Casa de Muñecas, ambas en idioma original y a cargo de una compañía inglesa. La primera fue algo más sobria. En la segunda, la histeria de Nora llavada al límite me hizo salir del teatro a la mitad.

    Igual, hay que entender la obra y a sus autor en su contexto. Ibsen se valió del personaje de Nora para presentarlo como una consecuencia del machismo reinante. La mujer burguesa era convertida en un ser dependiente, ñoño, caprichoso, cuyas funciones se limitaban a ser guapas y guardar reposo. Lo llevó al extremo y de ahí que en su momento tuviese tantos detractores.

    Enhorabuena por el blog.

  9. ¡Qué feliz me siento de sentirme comprendido! Muchas gracias, Cristina.

    Siempre será un placer verla por aquí.

  10. “Casa de muñecas” es un coñazo simplista que ha cobrado relevancia por culpa de los cursos de literatura a nivel de instituto (o al menos yo la tuve que estudiar en el instituto). Ahora, si hablamos de “Hedda Gabbler”, “Espectros” o ” Peer Gynt” es diferente, esas son palabras mayores. Y Hedda no es ninguna ñoña, más bien está al nivel de Yago o Edmundo (de Shakespeare) en nivel de destructividad. Lamentablemente la popularización de “Casa de muñecas” por considerarse “accesible” ha perjudicado a Ibsen.

  11. Dejo a un lado los comentarios sobre la obra, que sólo revelan la estupidez de quien los formula. Prefiero sugerirle a este buen señor que escriba en un español más universal, y evite los términos que son adecuados para una fiesta de patanes borrachos, no para una crítica literaria.
    Felizmente, hay países de habla hispana donde el idioma se usa bien.

  12. Querida María,

    gracias por manifestar mi estupidez. No está de más que alguien lo haga de vez en cuando con tan buen criterio y tanto fundamento como usted. Solo lamento no poder ofrecerle un castellano más universal. Si es eso lo que busca, en lugar de acudir al blog de un escritor individual váyase a la nueva gramática de la RAE. Allí seguro que encontrará menos patanes borrachos que aquí, ¿quién sabe? Asimismo he de advertirle de algo que usted ha dado por supuesto: esto no es un blog de crítica literaria. Le invito a que continúe leyendo este blog. A lo mejor, después de su lectura, recapacita y se le cae la cara de vergüenza por su desfachatez.

    Un saludo.

  13. Caramba, Daniel, como te las gastas haciendo amigos!! A mi estas cosas me gustan mucho porque la réplica obliga al esfuerzo y previene el alzeimer. Salud!

    Cambiando de tema. Le voy a contar un secreto: un amigo mío ha leído su blog, este entrada concretamente y no le gustó lo que dice usted mas o menos por lo que argumenta Cristina en su segundo párrafo. Yo he sido siempre un poco broncas y no me he resistido a entrar en una bronca de la que nadie, ni nosotros mismos, somos testigos. La única forma que tenía era leerme primero la obra, claro, y eso hice un poco el sábado y otro poco ayer.

    Lo siento pero me ha encantado. ¡¡Y Nora no es odiosa!! Tendría usted que ponerse en su situación. Iba a saber lo que es bueno… Pobre mujer!! Se deja la vida por su marido, miente, falsifica… lo que sea. Y cómo se lo paga el pedazo de hijo de puta!! Mira, hay mucho que decir de esto. Voy a tener que escribir una entrada en el blog pero ya le adelanto que no veo tanta trampa en la forma de ser de Nora. Debe usted entender que estaba dispuesta a morir, se había preparado para ello, para morir por su marido suponiendo siempre que este haría lo que fuese por defenderla, incluso declararse culpable, pero ante todo ser el hombre del que ella creía estar enamorada. Cuando esto no ocurre, cuando es traicionada, debe usted ponerse en el lugar de un mujer que se había preparado para suicidarse. Esto es difícil de cojones, dese cuenta. Morirse. ¿No le daría a usted rabia? Lo ha perdido todo, es una mujer nueva. Uno que está dispuesto a morir está dispuesto a cualquier cosa. Esto, obviamente, no lo digo por experiencia.
    La única trampa que veo es la repentina actitud del villano, que se torna bondadoso al encontrar alguien a quien follarse, con perdón, en las frías noches de invierno.

    Abrazos,

  14. Bien, he de reconocer una cosa que, por otra parte, es evidente por lo que digo. No tuve el más mínimo interés en entender a los personajes de Ibsen dentro de su contexto. Y soy consciente del error de patán que eso supone (especialmente si pretendiera darle rigor y seriedad a mis palabras). Leí a Ibsen interpretando a Nora desde esa misoginia que a veces me envuelve, porque, por norma, suelo disfrutar más de los libros cuando los utilizo para que intenten explicar algo de mi vida y no de la época en que fueron escritos. Afortunadamente, tengo este blog y puedo patalear en público para que la gente venga a decirme que soy un lector malcriado, y así poder discutir, pelearme, y aprender algo. Además, joder, usted que me dedica su atención con frecuencia podrá atestiguar que me encanta decir burradas a ver lo que pasa, a ver quién se mosquea. Así consigo comentarios del tipo “que te den por culito”, Kelly Ibsen dixit. ¡Y eso es impagable!

    Abrazos y, por cierto, en su blog sigo con mi campaña a favor de Nocilla Dream, aunque solo sea para pinchar.

  15. Sí, lo entiendo. Precisamente porque le sigo de cerca (me queda mucho por leer de su blog todavía) es por lo que me extrañaba este comentario tan extraño. Aclarado queda.

    Le he visto en la guerra nocilla. Bien por usted. Todos los comentarios de ayer me tuvieron muy entretenido y eso no es bueno, no, porque no avanzo en mis lecturas. Así es, que llevo 5 días con el mismo libro y no es tan grande….

    Abrazos,

  16. Lei Casa de Muñeca en el colegio, por obligacion. Tienes razon el personaje de Nora cae muy antipatico con ese aire de mosquita muerta que al final le da un ataque de dignidad. No sé, esta obra me ha parecido bastante ñoña, quiza en sus tiempos causó furor. Nunca mas he leido a Ibsen. Ahora despues de muchos maños detesto la dramaturgia, con el excelso Shakespeare me basta y sobra. Acabo de pillar tu blog por casualidad y me parece magnifico aunque tu espectro de lectura es mas modernista, (por razones de presupuesto la literatura contemporanea no llega a mis manos, soy del sur al otro lado del charco) sin embargo sera un placer leer tus post y me tomé la libertad de enlazarte en mi blog, como decis en España, me mola tu estilo tio.
    Tienes razon, con ese careto que te gastas, no deberias dar la cara, jeje. pero siempre es bueno reirse de uno mismo. Saludos

  17. Jajajajajajaja. Hola, aunque no lo crea, en otras fotos salgo incluso peor. ¡Pero hombre, cómo es que usted detesta la dramaturgia!, ¿no cree que eso es decir mucho? Lea usted a Beckett, por ejemplo, verá qué bien se lo va a pasar con sus personajes. Y, sí, un poco modernete sí que soy si observamos lo que leo. Pero bueno, hay de todo, también hay siglo XIX, como por ejemplo esta Casa de muñecas. Gracias por enlazarme y sea usted bienvenido. Un saludo!

  18. Estimado, ¿cuando se acaba esa mudanza? Vuelva hombre, vuelva.

    Pero yo venía a otra cosa. Voy a recomendarle un libro que estoy leyendo y no he terminado todavía. Bueno, en realidad voy a recomendarle dos. El primero sería “El pato salvaje” de Ibsen. Para este no tendría excusa ni viviendo en un arrollo: lo puede bajar de la red o se lo paso yo por email. El segundo es más complicado, pero también podríamos arreglarlo. Es este: “Pudor y dignidad” de Dag Solstad. Lo estoy leyendo ahora y lo reseñaré en breve. Este es el argumento, por si no le apetece visitar la web de la editorial:

    “Pudor y dignidad es la historia de una revelación. Elias Rukla, profesor de secundaria, lleva veinticinco años repitiendo las mismas verdades inalterables sobre la obra de Ibsen. Hasta que un día, en medio de una de sus clases, cree entender el verdadero significado de El pato salvaje. Pero no es solo su concepción de la obra de Ibsen lo que cambia, de alguna manera, que seguramente él mismo no entiende todavía, ese descubrimiento le hará replantearse, con nostalgia e impotencia, lo que ha significado su vida.

    Entre la farsa y la tragedia, la novela de Dag Solstad refleja lo que queda del amargado profesor Elias, y su indescriptiblemente bella esposa Eva, cuando se desnuda de falsedades pues, como advierte uno de los personajes de Ibsen: «Si quita usted la mentira vital a un hombre vulgar, le quita al mismo tiempo la felicidad»”

    Mire, un profe que descubre el secreto de Ibsen. Vaya.

    Dicho queda. Ya me dirá si he resultado convincente.

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