Donde viven los monstruos de Agota Kristof

Ayer, de Agota Kristof

Cristof Polo fue quien me habló por primera vez de Agota Kristof.

Me contó que El gran cuaderno cayó en sus manos cuando era un niño, y que este fue el primer libro que le hizo pensar que estaba leyendo una obra para adultos. Algo parecido le podría haber ocurrido anoche a todos los niños que había en el cine, en la misma sala que yo. Niños cabezotas y gritones como termitas o como esquizofrénicos. Proyectaban Donde viven los monstruos, la última película Spike Jonze.

Los niños podrían haber dicho: “esta película no es para niños porque los niños aparecen comportándose como nosotros”.

Afortunadamente para la economía de masas del sector audiovisual, Spike Jonze y Dave Eggers (perteneciente a la misma hornada de escritores que Foster Wallace) no llegaron tan lejos como lo hizo Agota Kristof en su libro-trilogía Claus y Lucas. Y desconozco en qué punto se han quedado respecto del cuento original de Maurice Sendak (aunque esto no me interesa).  Si quisiéramos hacer una taxonomía a lo Schopenhauer diríamos que Spike Jonze reflejó el móvil antimoral del egoísmo mientras que a Agota Kristof le va más el móvil del sadismo. Ambos ejemplos pueden servir para ilustrar una estética de la crueldad-naif o dicho de una forma más sencilla: una estética de la infancia. Durante el aparato publicitario de la película, Spike Jonze ha comentado en alguna ocasión que esta es una película para niños que nunca habría hecho Hollywood. Está claro que no sigue la línea de la factoría Disney. Pero a mí me interesa otra cosa, si pudiéramos desplegar los mismos mecanismos publicitarios a favor de la obra de Agota Kristof, ¿qué habría dicho ella?

Agota Kristof, pese a ser una viejecita que pasa sus últimos días en Suiza, a donde llegó con 21 años huyendo de su Hungría natal, está perfectamente capacitada para pegarle una paliza a Spike Jonze y a toda su pandilla de outsiders integrados (el que más palos recibiría sería Charlie Kaufman en un combate de estilos). Que conste que a mí Spike Jonze y toda su pandilla me parecen unos tipos muy majos y muy guapetones, aunque a veces Jonze y Kaufman deberían dejar de jugar juntos al rollo metafílmico para formar pareja en una partida de mus (quizá esas cartas no se le irían tanto de las manos).

Pero volvamos a Agota Kristof, que seguramente jugará al mus y a la brisca con mucha más soltura, aunque solo sea por edad y por elegancia. Una vez leída la obra maestra Claus y Lucas, y solo digo obra maestra en el sentido de que a mí me cambió la vida llegar a esa obra, el resto de libros de esta señora hay que rastrearlos como un eco de este primer epicentro. Así llegamos a Ayer, una novelita que continúa los temas y el estilo de Claus y Lucas y que sirve para expandir el imaginario de Agota Kristof en una obra/todas las obras, un imaginario que se nos muestra todavía más inquietante cuando lo percibimos como parte de la experiencia de la autora, o como formulación del personaje Agota Kristof. Es algo así como el caso de Roberto Bolaño y todas sus obras desde-y-hacia 2666, aunque las comparaciones entre ambos serían difíciles.

Ayer es la primera novela que leo de una sentada durante una noche. Soy un lector lento, y por eso estoy feliz de haber cerrado el libro en una sola sesión; del mismo modo que uno ve Donde viven los monstruos sin anuncios publicitarios. Por cierto, se me acaba de ocurrir que existe un cierto paralelismo entre el final de ambas obras. Pero esto no lo voy a contar.

La primera vez que leí a Agota Kristof pensé en Becket, porque uno siempre piensa en Becket, o en Kafka, o en Dostoyevski, o en Faulkner, o en algún otro pájaro así para casi todo. Pero hoy no voy a decir Becket, sino Tavares. Ayer podría formar parte de los “Libros Negros” de Gonçalo M. Tavares. Quizá colocando esta novela junto a La máquina de Joseph Walser o de Un hombre: Klaus Klump podríamos alcanzar un uploading inesperado para un libro cuyo nombre nos remite inminentemente al pasado.

Para referirme a estos libros de Tavares tengo que volver a recordar otro comentario de Cristof Polo al respecto. Cuando leímos por primera vez a este señor, Cristof me dijo: “Eso es escribir sólo con lo puesto. A ver cuándo uno es capaz de escribir así”. Del mismo modo, Agota Kristof escribe solo con lo puesto, sin más trucos ni aspavientos, a eso se le llama ser un escritor autosuficiente. Se me acaba de ocurrir que, más allá de la comparación entre Agota Kristof y Gonçalo Tavares,  esta podría ser otra similitud con Roberto Bolaño (y ya van dos).

Ahora, para terminar, abramos una puerta dimensional a otra esfera en donde Spike Jonze no es quien dirige el videoclip de It´s, oh, so quiet, de Bjork, sino Agota Kristof. En esta alternativa dimensional, Agota Kristof escribe Ayer como guión fílmico para Bjork y su canción, cuyo leitmotiv es que cuando llega el amor todo lo que estaba tranquilo comienza a agitarse y a revolverse. En la versión de Agota Kristof veríamos cómo cuando llega el amor los personajes no bailan en la calle (como en la versión Jonze) sino que empiezan a revolcarse por el suelo y a sufrir un dolor intolerable. Bjork, por supuesto, es la que más sufre, y cuando consigue volver a ponerse de pie, antes de que el amor se vaya de nuevo, comienza a matar gente con un cuchillo de cocina. No se me ocurre mejor explicación de la novela.

Anuncios

10 pensamientos en “Donde viven los monstruos de Agota Kristof

  1. Hola.

    Terminé hace un par de días Claus y Lucas, pero no sé si me gustó… Más bien, sé que no me gustó; lo que no sé es si por manías mías tan solo o porque pueda atribuirle supuestos defectos a la obra. Parece como si la Agota se hubiese sentado una buena tarde a rememorar todas las atrocidades de su infancia, que debe haber sido un encargo de infancia, para hilarlas todas en un rosario y ponerse a rezar al dios de la barbarie. Y el estilo muy «seco» será, pero también podría decirse que es «poco inspirado», y, en general y ya puestos, «poca cosa». En suma, es que cualquiera que hubiese vivido esas cosas podría haber escrito la novela (Claus y Lucas definitivamente es solo una novela en tres partes).

    Perdona que deje un comentario tan largo, pero es que le he estado dando vueltas a esta novela estos días…

    Llegué a este blog por recomendación y me parece muy bueno. Vendré de nuevo, si se puede.

    Un saludo.

  2. Hola,

    ¿de verdad cree usted que pasar penurias hace que uno sea capaz de escribir? De ser así, todos los que salieron con vida de Auschwitz serían grandes autores, por ejemplo. Pero ese no es el caso. No sé hasta qué punto es verdad o mentira lo que cuenta Kristof, pero a mí eso no me parece relevante. Lo que me interesa de esta señora es precisamente eso a lo que usted llama “estilo muy seco y poco inspirado”. Estamos de acuerdo en que habla de atrocidades, pero las atrocidades provocan demasiadas aristas en un texto, y Agota Kristof escribe textos atroces y suaves. Es capaz de usar la crueldad con una sobriedad todopoderosa, lo que me parece un ejercicio literario casi de laboratorio. Se me ocurre un símil tontorrón: esta señora es una domadora de tigres, cualquiera le abre la jaula a los tigres para que nos asusten, pero a ver quién puede mantenerlos sentados y en silencio delante de un público. ¡Uf! Este símil no es tontorrón, es penoso, pero ya está dicho.

    En cuanto a la estructura, yo no vi tres partes de una novela, sino un texto, otro texto que desmentía al anterior, y un último texto que desmentía todo el conjunto.

    Me pica la curiosidad: si a usted le parece tan simple el estilo de Agota Kristof, qué opina de Tavares, de Becket, de Bolaño, de Carver (Carver no aparece en el post, pero nadie le gana a lo de ser un escritor “seco”, por eso lo menciono). Solo lo pregunto por seguir la conversación, ya puestos.

    Me alegro mucho de que le guste el blog, y me alegro todavía más de que a alguien se le haya ocurrido recomendarlo. Eso sí que es una noticia.

    Un saludo.

  3. La recomendación fue en otro blog, ojalá no haya sido el único que siguió el enlace.

    No, desde luego no digo que cualquiera que sobrevivió horrores puede ponerse a escribir un libro sobre horrores. Sí creo que alguien que no los haya vivido (o, más bien, visto de no tan lejos) difícilmente podría escribir una novela como Lucas y Claus sin serio riesgo de producir un bodrio prosopopéyico* con las tintas recargadas hasta la náusea. En este sentido, tal vez la prosa en cuestión es un gran acierto: evita ese riesgo. Pero, por lo mismo: es demasiado segura, evitar un riesgo así es… ¡antiliterario!

    Me reitero para quedar más claro: la experiencia no es condición ni suficiente ni necesaria para escribir un libro así, pero sin duda que ayuda. Por otra parte, me atrevería a pensar que es mejor si esa experiencia no es directa, y podríamos sacar ejemplos. Finalmente, tal vez por una cuestión personal, preferiría que un libro así tuviese bastante, sino mucha, ebriedad antes que sobriedad. Pero, en eso sí estoy de acuerdo, tendría que ser una ebriedad muy elegante, nada de ir vociferando y lamentándose de las injusticias de la vida, etcétera, como se ve con mucha frecuencia.

    Mis ejemplos, entonces, son Céline, Conrad: también libros llenos de atrocidades, pero más ebrios.

    También hay una cuestión que trasciende el estilo particular de Kristof… las ideas en el libro… Casi ni me atrevo a comentar esto, pero me da la impresión de que de toda esa historia tan macabra hay poca reflexión. Etimológicamente, ya se sabe. Todo esto sucede, y lo único que se piensa al respecto es un montón de asuntos meta-literarios, qué prefijo tan encantador, sobre por qué se escribe una historia, grosso modo, que —en mi opinión— solo interesan verdaderamente a los propios escritores. Y ya sé que es mejor dejar que el lector piense por sí mismo; pero tampoco es tan así, creo.

    Es que Lucas y Claus no es una tragedia, supongo, y a mí la tragedia, como forma de relato, me obsesiona.

    En cuanto a los ejemplos… Me haré merecedor de un linchamiento público con brea y plumas, pero contesto: a Beckett no lo soporto, después de Esperando a Godot, por encontrarlo adolescente; Bolaño me parece bien, que no genial, pero no diría que es un escritor “seco”; a Carver le tengo cierto desprecio extraliterario porque he leído de buena tinta (creo) que sus cuentos son mitad cosa suya y todo lo que tienen de… elipsis, de secos, por tanto, es obra del editor, que los recortó sin piedad; pero, por otra parte, nunca me ha convencido todo el rollo del iceberg y, bueno, Carver no es de los míos. A Tavares no lo he leído, confieso.

    Un gusto, y otro saludo.

    *Tengo unas dudas terribles con esa ‘y’.

  4. Oh, en cuanto a la estructura, tampoco estoy tan convencido de que sea un acierto. Cada nueva parte desmiente a la anterior, pero con eso obviamente también la desautoriza y quita validez. Es decir, la segunda parte convierte a la primera en una ridiculez y la tercera a todo lo anterior en una vacua fantasía. Y lo peor es que habiendo ya dos partes desmentidas, cabe perfectamente imaginar una cuarta, en la que una señorita muy bien acomodada, en Suiza, nos confieza que absolutamente todo es falso, y después también un señor de barba que asegure haberse inventado a una tal Agota Kristof que escribió una novela… Eso, desde luego, da para reflexionar; y es el riesgo que sí toma la novela; pero no con todas las apuestas se gana, eso también es claro.

  5. Hola, querría haberle contestado hace unos días, pero últimamente no dispongo del tiempo que quisiera para leer y escribir.

    Bueno, vamos a sus comentarios:

    No deberíamos confundir la calidad literaria con nuestro gusto literario. Yo soy el primero en hacerlo en multitud de ocasiones, pero intento ser consciente de que, entonces, mi discurso carece de validez (o por lo menos de la validez que se le exige a un análisis literario que pueda ser aceptado por todos), precisamente por eso yo no hago crítica literaria. En su caso, esta confusión le está llevando a algo mucho peor, está empezando a considerar lo que está fuera de su gusto como “antiliterario”. Y, la verdad, alguien que se interesa por la literatura, como usted, y se atreve a usar el término “antiliterario” para hablar de cualquier cosa perteneciente al mundo no parece estar enterándose de la mitad de la fiesta. Por suerte, todo en este mundo es literatura, especialmente las atrocidades de Agota Kristof.

    Si a usted le gusta la ebriedad, váyase a un bar y que un borracho le cuente sus penas (por cierto, eso también es literatura, además, seguro que le contarán alguna tragedia, ya que tanto le obsesiona, jejeje).

    En cuanto a los ejemplos, usted tiene toda la razón, merece un linchamiento público. El verdugo debería decir: “mírenlo bien, este hombre leyó Esperando a Godot y lo encontró adolescente. No le infligimos un castigo peor porque no llegó a tildarlo de antiliterario”. Si a mí me preguntan, no se preocupe, yo lo defenderé, les diré: “¡tengan piedad con él, al menos no veía a Bolaño con malos ojos, y su aversión hacia Carver era extraliteraria!”. Posiblemente usted sobreviva al linchamiento y pueda retomar sus lecturas bajo supervisión.

    A lo mejor al final de todo esto usted descubre que sí hay una cuarta parte de Claus y Lucas, pero en esta versión del texto usted ha tenido los tres textos anteriores en las manos y ha sido torturado en público por haberlos tachado de antiliterarios. Este sería un cierre maestro de Agota Kristof para con sus lectores poco avezados.

    Un saludo.

    P. D. Perdón si el tono de mis palabras resulta un poquito fascista, pero le aseguro que en mí eso es un gesto de complicidad en cualquier conversación sobre literatura. No sé hacerlo de otro modo.

  6. Pensé que la puntuación suspensiva y los signos de exclamación innecesarios eran suficientemente claros: se trataba de una ironía. Otro amante de la literatura sabrá reconocer el importante papel que juega en ésta lo irónico, sin menoscado de la sinceridad por la burla a la seriedad.

    Mi gusto o no gusto por los autores que sea no tengo por qué justificarlo ante nadie. Notará que tampoco hago un juicio de la calidad literaria de, v. gr., Carver —aunque, como cualquier vecino, podría—. En cambio, ya quisiera ver la justificación de la turba que venga a lincharme, sobre todo si, enarbolando antorchas, orquetas y emblemas del partido, me sueltan un «¡no queremos sonar fascistas!»

  7. Le doy la razón, usted no tiene por qué justificarse ante nadie, pero siempre serán bienvenidas sus justificaciones y/o sus opiniones. En cuanto a mis justificaciones, supongo que para eso escribo este blog.

    Por cierto, la cuestión del editor de Carver es cierta. Se llama Gordon Lish y le recortó muchos de sus cuentos. Además, en una entrevista este señor confesó que Carver no fue el único escritor objeto de sus tijeras. Hay otros muchos bien conocidos de los que no quería hablar. Reconoció que se le daba mejor corregir y depurar los textos de otros que escribir sus propias historias. Supongo que eso tiene que suponer una gran frustración.

  8. Este post tiene demasiada información. A mi la cabeza no me da para tanto sin una dosis extra de cafeína para la que todavía falta media hora (¡disciplina!).

    Yo venía a decir dos cosas:

    1º. Que recién he descubierto a Agota Kristof y su Gran Cuaderno y estoy todavía en estado de shock. No tanto por la historia (qué también) que hoy está ampliamente superada por tanto Saw y tanta leche -la tortura como género cinematográfico (quién lo iba a decir!)- como por la prosa, absolutamente increible.
    Voy a destacar un fragmento (aprovechando que estoy en el blog de otro y quien meterán en la cárcel será a usted) que me ha enseñado más que seis profesoras de literatura juntas y desnudas y que, creo, resume a la perfección el estilo que utiliza la autora:

    “Así es como transcurre una lección de redacción:
    Estamos sentados en la mesa de la cocina con nuestras hojas cuadriculadas, nuestros lápices y el cuaderno grande. Estamos solos.
    Uno de nosotros dice:
    —El título de la redacción es: «La llegada a casa de la abuela».
    El otro dice:
    —El título de la redacción es: «Nuestros trabajos».
    Nos ponemos a escribir. Tenemos dos horas para tratar el tema, y dos hojas de papel a nuestra disposición.
    Al cabo de dos horas, nos intercambiamos las hojas y cada uno de nosotros corrige las faltas de ortografía del otro, con la ayuda del diccionario, y en la parte baja de la página pone: «bien» o «mal». Si es «mal», echamos la redacción al fuego y probamos a tratar el mismo tema en la lección siguiente. Si es «bien», podemos copiar la redacción en el cuaderno grande.”

    (INTERMEDIO)

    Un momento. Esto me encanta. Es algo que yo hacía antes, cuando empezaba el blog y estaba inseguro. Le pasaba lo escrito a un amigo y él lo leía y lo criticaba (tenía plenos derechos de crítica y mi promesa de eterno agradecimiento -mi parte sado-) y entonces yo lo retocaba. Ahora ya no se los paso pero los escribo y los dejo reposar unas semanas cuando vuelvo a ellos. El filtro entonces es: si vomito los tiro y si no vomito puede ser que: a) no lo haya leído bien, b) puede que valga la pena. Corrijo (siempre, es lo que me hace más feliz: ¡yo quiero ser editor!) y lo publico.

    (FIN DEL INTERMEDIO)

    “Para decidir si algo está «bien» o «mal» tenemos una regla muy sencilla: la redacción debe ser verdadera. Debemos escribir lo que es, lo que vemos, lo que oímos, lo que hacemos.
    Por ejemplo, está prohibido escribir: «la abuela se parece a una bruja». Pero sí está permitido escribir: «la gente llama a la abuela “la Bruja”».
    Está prohibido escribir: «el pueblo es bonito», porque el pueblo puede ser bonito para nosotros y feo para otras personas.
    Del mismo modo, si escribimos: «el ordenanza es bueno», no es verdad, porque el ordenanza puede ser capaz de cometer maldades que nosotros ignoramos. Escribimos, sencillamente: «el ordenanza nos ha dado unas mantas».
    Escribiremos: «comemos muchas nueces», y no: «nos gustan las nueces», porque la palabra «gustar» no es una palabra segura, carece de precisión y de objetividad. «Nos gustan las nueces» y «nos gusta nuestra madre» no puede querer decir lo mismo. La primera fórmula designa un gusto agradable en la boca, y la segunda, un sentimiento.
    Las palabras que definen los sentimientos son muy vagas; es mejor evitar usarlas y atenerse a la descripción de los objetos, de los seres humanos y de uno mismo, es decir, a la descripción fiel de los hechos.”

    Ese texto anterior ha marcado, para mi, como “lector que escribe” un antes y un después. Lo que me pasó en un pasado lejano con Ellroy o en un pasado reciente con Daniel Sada. Esto (siendo “esto” la sintaxis) es, sin lugar a dudas, lo mejor del libro.

    Y la segunda cosa:

    2º. Donde viven los monstruos es una película deliciosa, le pese a quien le pese y el cuento una obra de arte (mi hija lo adora por mi culpa).

    FIN

  9. Ah! Qué alegría compartir mi fanatismo por Agota Kristof. Le aconsejo que se lea la trilogía de un tirón como si se tratase de una sola obra, porque así funcionan las tres piezas. Es como para revolcarse por el suelo.

    A mí también me gustó la película. No tengo hijos para poder llevarlos a “películas de niños”, así que voy sin pudor, como un niño más, que al fin y al cabo es lo que soy, jeje.

    Un saludo!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s