Un año de miedo a la literatura

 

Me acabo de dar cuenta de que hace ya algo más de un par de semanas que este blog cumplió un año. En realidad, sería un tanto redículo que me pusiera a  recapitular lo que ha ido ocurriendo aquí, porque ni siquiera llegan a 40 los posts publicados durante este periodo.  Pero ya que en la actualidad me veo abocado a ser terriblemente bipolar (por las noches llevo traje y corbata en la recepción de un hotel y por las mañanas visto pijama y pantuflas frente a un temario de oposiciones), aprovecho cualquier oportunidad para teclear algunas líneas, al menos hasta que acabe mi lenta y pausada lectura y les pueda contar algo sobre ella.

La cuestión es teclear. Que parezca que uno está escribiendo. La idea es usar el blog como placebo ante el miedo a la literatura. Este blog comenzó algún tiempo después de acabar Niño hipotético (que saldrá en febrero en la editorial Alfama) y, en ese momento, volver a escribir resultaba imposible. Que yo sepa, solo existen dos estados anímicos en un escritor: 1) estar escribiendo la mejor obra de tu vida y 2) dejar de escribir. Estos dos estadios se van alternando en perídos variables e imprevisibles.  

 Este blog también apareció por culpa de mi manía referencial. Mi historia de la lectura personal se estaba convirtiendo en una hermana siamesa de mi historia de la escritura y, para colmo,  se estaba llevando la mejor parte de los pulmones. Tan solo era necesaria una pequeña intervención quirúrgica sobre ambas para hacerlas independientes. Por eso, este blog me ayuda a exportar un gran cupo de objetos culturales que la narrativa no merece soportar.

Y también apareció coincidiendo con la publicación de las obras de Lucas Martín y Cristof Polo. Dos autores fundamentales para la literatura mundial (o al menos fundamentales para lo que yo entiendo por literatura mundial). La idea es que ellos se unieran y postearan aquí de vez en cuando, pero, más allá de alguna intervención del señor Polo, ese proyecto no ha tenido demasiado éxito. Por lo tanto, esto ha vuelto a convertirse en una historia de la lectura personal.

Veamos cómo prosigue este proyecto. A estas alturas ya saben que no se trata de un blog de crítica literaria. ¡Uf, menos mal! Otro no.

 

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