La eficiencia de Stanislaw Lem

Vacío perfecto, de Stanislaw Lem

Vacío perfecto, de Stanislaw Lem

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Mi tiempo de lectura ha caído en picado. Y, por desgracia, este año soy un ejemplo a seguir. He encontrado un trabajo de portero nocturno en un hotel, duermo por las mañanas hasta la hora del almuerzo y dedico las tardes a preparar unas oposiciones. Adelante, siéntanse orgullosos de mí. Pueden alabar mi constancia, mi dedicación y mi autosuficiencia. Dada mi situación, la culpa rechina los dientes cada vez que cojo una novela en mis horas de estudio. Tengo que aprovechar la nocturnidad de mi trabajo para leer, aunque en ocasiones me vea interrumpido por clientes borrachos o por parejas que bajan de madrugada a preguntar si en el hotel hay preservativos. Por eso, en mi caso viene bien un tipo de literatura que mantenga mi cabeza en funcionamiento con transcursos cortos de lectura, que me dé horas de satisfacción a partir de pocas páginas. En otras palabras, necesito “literatura de alto rendimiento”, o LAR en sus siglas habituales. Quizá el mayor paradigma de la literatura de alto rendimiento sea Borges, capaz de construir un universo literario expansivo en un relato breve. Pero no vamos a hablar de Borges. A mí no se me ocurriría hablar de Borges, porque luego pasa lo que pasa.

Aunque cueste creerlo, es posible encontrar escritores que consiguen encajar en este paradigma borgiano sin dejar de ser originales. No todo escritor que se acerca a los postulados de Borges es anulado por Borges. Por ejemplo, Elisa diría que Michael Ende es uno de ellos (si no la creen, lean El espejo en el espejo y ya verán). Por lo tanto, me atrevo a asegurar que existe toda una extirpe de escritores de LAR o literatura de alto rendimiento. Los cánones de este subgénero no están del todo claros y se basan en lo anteriormente predicado sobre Borges, supongo. ¿Quién sabe si en realidad la literatura de alto rendimiento no es una alternativa extraoficial y, por supuesto, secretísima al canon de Harold Bloom? Quizá Shakespeare ya no funcione como paradigma dentro de una taxonomía LAR. Debido a mi trabajo y a mis oposiciones, estoy pensando seriamente pasarme al canon LAR a la hora de entender el mundo, aunque puedan tildarme de conspirardor.

Un escritor que ha traído literatura de alto rendimiento a mi vida es Stanislaw Lem con su obra Vacío perfecto. Stanislaw Lem es otro de esos escritores que puede acercarse a Borges sin ser anulado. Del mismo modo que Borges usaba sus cuentos para hablar de novelas apócrifas, Lem plantea una serie de reseñas sobre libros inexistentes. En el caso de Lem, cada reseña es un prototipo para obra maestra. Pero Lem sabe que sus prototipos contienen en sí mismos la posibilidad de una obra maestra y que, a la vez, no plantean las mismas dificultades de tiempo y esfuerzo; es decir, Lem decide no meterse en camisas de once varas por unos resultados que ya ha logrado, porque, en cierto modo, en Lem también se trasluce la frustración del escritor ante el intento de crear una gran obra. Además, este planteamiento es el mismo desde el lado del lector. Uno obtendría de los textos de Vacío perfecto lo mismo que de las obras no escritas por Stanislaw Lem. Por eso nos encontramos ante una literatura de alto rendimiento.

Y aquí no acaba todo. ¿Quién desaprovecharía la oportunidad de reírse de los errores, de los tics, de las pretensiones de los escritores? ¿Quién no ha querido reírse de Joyce y de todos los grandes logros literarios, quién no ha querido reírse de sí mismo una vez puestos a reírnos? Stanislaw sí, por supuesto. Y todos deberíamos seguir su ejemplo.

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4 pensamientos en “La eficiencia de Stanislaw Lem

  1. Llevo algún tiempo intentando decidirme. Me han recomendado el libro, y el tema me resulta atractivo; las reseñas imaginarias de Borges son una joya. Pero luego me acuerdo de “Los libros que nunca he escrito” de Steiner, y me entra la tiritera. Pero bueno, he leído tu comentario y he tomado una decisión: me lo pido para Reyes.

    (De paso he leído 5 o 6 comentarios más del blog y te anuncio que acabas de ganar un rendido admirador. Imagino que habrías preferido ganar un jamón de bellota, pero la crisis… es lo que tiene. Me leerás más por aquí.)

    Saludos,

    Javier

  2. La verdad es que para mí Lem ha sido uno de los grandes descubrimientos del año. Ha sino necesario inventarme una chorrada como la Literatura de Alto Rendimiento para poder hablar de este señor polaco. Es otro de los autores que iré dosificando para que no se me acabe.

    Me alegro mucho de que le haya gustado Miedo a la literatura. Los jamones de bellota están muy bien, pero con ellos no se puede hablar de Stanislaw Lem, así que usted les saca ventaja, jeje.

    Un saludo.

  3. Pingback: Hagamos un Teletienda para Stanislaw Lem « Miedo a la literatura

  4. Pingback: Primerizo y abrupto Lem | Miedo a la literatura

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