El peor Kenzaburo Oé del mundo

Una cuestión personal

Una cuestión personal

Si uno fuera Dostoyevski gozaría de mucha más empatía en la vida. Uno podría moldear el fuero interno de sus personajes como si se tratase de un huecograbado. Uno podría añadir ahí dentro cualquier tipo de conflicto, y a partir de ahí sería capaz de montar un historietón de los que hacen sudar mientras se lee. Pero Kenzaburo Oé no es Dostoyevski. A mí y a Oé nos gusta mucho el amigo Fiodor, a todo el mundo le gusta el amigo Fiodor, porque el amigo Fiodor llevó la literatura hasta uno de sus extremos posibles. Por eso todos le queremos tanto y ninguno intenta imitar a Dostoyevski, y mucho menos se intenta en sólo doscientas páginas. Por eso, cuando leí Una cuestión personal, de Kenzaburo Oé, me pregunté “¿qué pretende usted, señor Oé?, ¿adónde quiere llegar con este conflicto humano?”. Gran idea la de su novela, señor Oé. Quizá Thomas Bernhard hubiera hecho algo interesante con ella en sólo doscientas páginas. O quizá se le hubiera podido ocurrir al amigo Fiodor, y entonces sí que hubiese sido una idea verdaderamente aprovechada y bien desarrollada en seiscientas páginas. Pero Una cuestión personal nos deja igual que al principio. No nos hemos movido del sitio.

¡Cuánta frivolidad para una idea tan diabólica! Una cuestión personal quiere tratar esos temas con los que un lector nunca deja de pasarlo bien: el egoísmo, la falta de esperanza, la miseria humana, la autodestrucción, etc. Pero, en realidad, esta novela no entra en estos temas, los propone, los sugiere, y en su lugar toma como referencia algunos estereotipos que sirven para rellenar doscientas páginas.

Yo había leído a Kenzaburo Oé en otras ocasiones y había quedado más que satisfecho. Básicamente Oé aportaba a mi vida una dosis de crueldad siempre necesaria, todo ello con una prosa sin grandes aspavientos. Pero la prosa de Una cuestión personal es, desgraciadamente, más arrogante y más ingenua. ¿Será esta una de las primeras obras de Oé? Se ve demasiado el andamiaje, y no solo eso, sino que el andamiaje es prefabricado. No es solo una prosa conservadora, sino una mala prosa conservadora. ¿Qué leía este señor en los años sesenta? ¿Este señor no flirteó con ninguna neovanguardia? ¡Pero qué aburrido es Kenzaburo Oé, qué juventud más triste! Se supone que Oé es heredero de Mishima, y posiblemente de él sólo se puede aprender a no arriesgar mucho, pero por lo menos Mishima sabía escribir, joder. Además, por último, tengo que decirlo, la novela está repleta de símiles que buscan una ornamentación en el texto y terminan resultando horteras y disparatados. Amigo Kenzaburo, estoy muy disgustado. ¡Váyase a freír espárragos!

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9 pensamientos en “El peor Kenzaburo Oé del mundo

  1. pues a mi me encanto…y el si de bernhard tambien! y creo que los dos hablan de lo mismo, y el señor oe nos muestra que todavia resiste en los seres algo de VITALISME brutaceo, generico-genial…
    por cierto, buen blog-oh, ho! salud

  2. Uff! Eso de que ambas novelas hablan de lo mismo daría para pelearnos durante un buen rato. De todas formas, aquí yo no puedo ser objetivo. Bernhard está en el top ten de mis autores y Oé es japonés. Digo “japonés” porque les estoy cogiendo una extraña aversión a los escritores japoneses: Oé no me gusta demasiado, Mishima me aburre, Kawabata está bien solo para un rato, Murakami me da pereza incluso antes de haberlo leído, por ejemplo. Por cierto, ya ve usted que mis argumentos críticos son de niño de tres años, así que tampoco me haga mucho caso. Supongo que la culpa es mía y no de Oé, pobrecito.

    Me alegro mucho de que le guste el blog. Un saludo.

  3. Una cuestión personal es la novela más triste y desgrrada que he leído –y he leído algo–. ¿hay algo más doloroso que la desgracia inesperada e irreparable que la de un hijo soñado con la máxima esperanza, el mayor de los orgullos? ¿Qué obra humana puede ser más grande que la de traer un hijO y que ésta se convierta en una maldición de la naturaleza y de los dioses? Cómo explicar la desesperación sino dando marcha atrás a la vida por si se puede encontrar un punto de rectificación que cambie la actualidad. Y que también es desdeñsamente inútil. Sin embargo, aquella madre… ¡Cuánto enseña a quella madre a continuar la vida a pesar de las catástrofes!

  4. ¿Está usted hablando en serio o me está tomando el pelo? Me alegro mucho de que usted haya leído algo, pero quizá lo mejor sea que siga leyendo un poquito más.

    Creo que ya comenté que el tema de la novela me parece muy interesante, es en sí mismo muy triste y todo lo que usted quiera, pero a Oé le falto haber sabido aprovechar esa historia y haber escrito una buena novela.

  5. Después de leer la novela, he estado buscando reseñas o comentarios acerca de ella. Y he llegado hasta aquí. ¿Qué puedo decir? La novela tiene momentos muy buenos, como cuando se habla del primer encuentro sexual frustante entre los protagonistas y sus consecuencias posteriores, alguna comparación que ahora no recuerdo, la descripción de la frustación que produce el huir en lugar de la supuesta satisfación, etc. Pero también me ha dejado pensando en algo que no me ha gustado. Es evidente que el autor se centra en como alguien huye de un problema, es decir en el cómo, pero en ese desarrollo la protagonista ha quedado desdibujada porque cambia muy drásticamente para que quede claro que el protagonista ya no huye, o “el andamiaje” del final, en que el protanonista aparece ya hecho un hombre hecho y derecho, o la falta de referencia a su mujer, a la que olvida en casi toda la novela para al final hacer ese “happy end” con su familia.
    Dicho lo cual, no ha dejado de sorprenderme el comentario que el autor del blog hace hacia Laura, cuando, con un deje de soberbia, le aconseja que siga leyendo por haber discrepado de su criterio.

  6. Querido Rubén,

    efectivamente, suelo sorprender con algún que otro deje de soberbia. Pero esos dejes me permiten dar buenos y sanos consejos a la gente como el de que lean más. Al fin y al cabo, a todos nos viene bien leer más de lo que leemos. ¡Uy, eso no ha sonado nada soberbio, quizá esté perdiendo facultades!

    Un saludo. Y lea usted también más, se lo digo con toda la soberbia que soy capaz de reunir un viernes por la tarde.

  7. Daniel, quizás tú tb deberías leer un poquito más, tus críticas no pueden ser más básicas y carentes de buenos argumentos…en fín, si te va bien con esa soberbia de educación infantil, adelante…la buena miel no está hecha para la boca del….

    saluditos Danielito.

  8. Muchas gracias por su consejo. Leer un poquito más no le viene mal a nadie (yo últimamente leo menos, pero es por un problema coyuntural de trabajo, no se asuste). Mis críticas son las de alguien que no es ni pretende ser crítico literario, por lo tanto no buscan ser objetivas y, ni mucho menos, científicas. Aunque discrepo de usted en lo de que son básicas y carentes de buenos argumentos. No obstante, reconozco que suelo dar los argumentos que me da la gana (más o menos extravagantes), porque mi intención no es la de convencer a nadie con un discurso sólido y coherente. En cuanto a lo de mi soberbia, es una herramienta magnífica para cuando uno se encuentra a personas que me llaman “Danielito” y que pretenden saber lo que es la buena miel y cómo es mi boca. Mi soberbia (¿de verdad soy tan soberbio?, jeje, me parece divertido e incluso encantador esto de parecerle soberbio a las señoras), mi soberbia, curiosamente, es algo que solo resaltan aquellos que no están de acuerdo conmigo y que no saben cómo refutar lo que digo. A lo mejor yo no soy soberbio, sino que usted se siente impotente (¿ve usted? Nada más hablar de la soberbia ya vuelvo a parecer soberbio, aunque la culpa sea suya y solo suya). A fin de cuentas, si no se siente cómoda con mi personalidad y mi estar en público, puede decidir abandonarme para siempre o, por el contrario, quizá prefiera convertirse en mi eterna enemiga y atacar mis posts con mordaces argumentos y brillantísimas deducciones. Usted verá lo que hace, aquí siempre será bien recibida.

  9. Yo sí soy crítica literaria. Y, lo que es peor, profesora universitaria. Mi único comentario acerca de sus juicios es : ¡Mira que dicen tonterías!

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